
“Creo que la naturaleza nos acerca hacia la paz, hacia la paz interior”, dice Edo Costantini del otro lado del teléfono, desde Nueva York. Se refiere a su primera muestra individual en América Latina: Una flor no es una flor, un recorrido por los bosques de Upstate Nueva York y “lo sublime en la naturaleza”, como él mismo define a esas postales. Se puede visitar en la Galería Mario Cohen de San Pablo, Brasil.
Con curaduría Clara Ríos, la exposición reúne una serie de fotografías capturadas en los alrededores de Katonah-Bedford Hills, Nueva York, donde el artista reside y trabaja hace diez años. “Poder retratar la naturaleza en todas sus formas y en lugar donde la intensidad de las estaciones es muy, sobre todo en este momento que estamos viviendo, de una crisis climática, para mí fue un proceso muy enriquecedor e introspectivo”.
“Creo que todos somos muy enamorados de la naturaleza. El paisaje ha sido siempre uno de los temas centrales en la historia del arte. También he hecho retratos en el pasado pero con estos tiempos difíciles en los que estamos viviendo, atravesando guerras, la urgencia climática, los problemas sociales, creo que volver hacia la naturaleza es algo muy bueno para para todos”, sostiene el artista.

Edo Costantini, hijo del empresario Eduardo Costantini y presidente del MALBA, nació en Buenos Aires en 1976. Es fotógrafo, compositor y cineasta. Vive y trabaja en los alrededores de Bedford Village, Bedford Hills y Katonah en Nueva York. En 2019, esta misma muestra formó parte de la exposición de invierno In Sight, en 2021 de Rhythms in Nature en el Miami Yoga Garage y en de 2022 de la JSL Gallery en Miami.
También participó con su obra en la edición 2022 de SP-Arte y en ArtRío 2023. En 2019 fundó The Orpheists, una banda de música para la que escribe la música en el piano y luego invita a otros músicos a contribuir con las piezas. SILENCIO, su álbum corto debut, fue lanzado en 2022 y presentado en la galería PRAXIS, Chelsea, Nueva York, con un concierto en vivo, con motivo de Herbarium.
Entre sus proyectos también está la plataforma KOLAPSE, la cual fundó. También MUBI, que en 2007 se convirtió en socio activo. Antes, entre 2001 a 2006, se desempeño como director ejecutivo del MALBA. Produjo varias películas premiadas, incluyendo Tropa de élite, ganadora del Oso de Oro en Berlín en 2008, y El llano en llamas, de Guillermo Arriaga, entre otras.

“La fotografía fue parte de mi vida desde muy chico”, cuenta. En Buenos Aires comenzó a estudiar. Pasó el tiempo, la cámara siempre la llevó consigo, incluso en Nueva York, sobre todo en nueva York. Diez años atrás, en Woodstock, en un viaje que hizo con su esposa y sus hijos, se maravilló con el paisaje de las afueras de esa gran metrópoli.
“Es montañoso y tiene mucho bosque. A mí el bosque siempre me gustó, desde chico. Había algo que siempre me llamaba: esa luz especial que hay en los bosques. Y a partir de ese primer viaje nos mudarnos a las afueras, irnos de la ciudad de Nueva York”, cuenta. Nos instalamos en esta zona que está a mitad de camino entre Woodstock y la ciudad. A una hora y cuarto de Nueva York. Acá hay muchos lugares para caminar.
Durante muchas, muchísimas mañanas, Costantini salía a caminar en silencio por el bosque. Llevaba su cámara colgada del cuello y cuando veía algo que le parecía atractivo, novedoso, inquietante, apuntaba y capturaba ese instante. Poco a poco fue creciendo como “una experiencia y una práctica artística”. La muestra puede y debe observarse a la luz de la crisis climática que atraviesa el planeta.

Además de la fotografía, de la imagen, su sensibilidad está puesta en la música. El EP Silencio. Four Songs for the End of our Times que hizo junto a Gabriel Cabezas y Mauro Refosco funciona como una banda sonora para la exposición fotográfico. Como si fueran dos caras de la misma manera, una misma estética en diferente registro.
“Siempre tuve un llamado hacia las artes en general, hacia producir arte. A nivel personal creo que el arte tiene el poder de transformar al ser humano, no solamente para el que lo practica, para el que lo hace, sino también para el que lo observa. Creo mucho en poder producir obras que transformen, que inspiren, que ayuden a al público a conectar con algo tan sagrado y sublime como es la naturaleza”, cuenta.
Costantini sostiene que el proceso artístico fue “un camino introspectivo, de mucho silencio, de muchas horas, muchos días, muchos años caminando solo por los bosques, por distintos lugares”. “Lo que hacía en estas caminatas era tratar de encontrar algo que me impacte a mí, que me llame la atención. Una búsqueda muy profunda de la luz de esos lugares. Y encontré algo que valía la pena”, asegura.

Sobre Una flor no es una flor, su curadora, Clara Rios, escribió: “La edición de sus experimentaciones en la naturaleza se apoya en un ritmo emocional, de carácter intimista, donde el artista se dedica a contemplar los fenómenos que lo rodean. En esa contemplación, su imaginación recorre la formación de lo que observa, la profundidad de donde vienen los colores, formas y luces que él describe en sus fotografías”.
Las fotografías que componen la muestra ofrecen, sobre todo, mucho silencio. Un momento de reflexión, incluso. En ese sentido, parece ir a contramano de estos tiempos veloces y voraces. “Estoy bastante en contra del avance abrupto y exponencial que estamos viviendo con las tecnologías. Creo que nos ponen en riesgo a la humanidad como un todo y al planeta. Nos hemos pasado muchos límites. Esta muestra propone parar, volver a conectarse con nosotros mismos, con nuestro interior, con nuestra profundidad, con nuestro ser”, concluye.
* Una flor no es una flor, de Edo Costantini se puede visitar hasta el 25 de noviembre en la Galeria Mario Cohen, R. Cap. Francisco Padilha, 69, Jardim Europa, San Pablo, Brasil.
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