
El 25 de octubre de 1981, el día en que Picasso habría cumplido 100 años, se expuso por primera vez al público español el Guernica y se completaba así el regreso de una obra que suponía cerrar simbólicamente el círculo de la Guerra Civil y el exilio.
El largo y complejo proceso de negociación con el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York para la devolución del mural fue vivido de cerca por una niña de 6 años, Genoveva Tusell, porque su padre, Javier Tusell, era entonces director general de Bellas Artes, como relata en el documental Guernica: El último exiliado, dirigido por Guillermo Logar.
“Con 6 años te enteras de muy poco. Mi padre hacía continuos viajes a Nueva York, estaba muy ocupado y yo oía todo el rato hablar del Guernica. Terminé por decidir que sería un cuadro que había pintado mi padre”, explica Genoveva Tusell en una entrevista.

El Guernica recobrado
Años más tarde se convirtió en historiadora del arte y en 2017 publicó el libro El ‘Guernica’ recobrado, que nació “como una necesidad de homenaje” a su padre y para “recuperar esa historia”.
“No quería que fuera el libro de ‘la hija de’. Tuve la suerte de ser la primera en acceder a toda la documentación depositada en el Archivo Histórico Nacional. Mi padre, como historiador, cuando acabó el asunto lo metió todo en una caja que se llevó al Archivo. Ni un papel se quedó en mi casa ni en un archivo privado”.
En esos fondos están “todas las cartas de negociación con el MOMA y con la familia y la documentación que acredita la propiedad española del cuadro”, apunta Tusell.
En el proceso fue fundamental el documento de la Embajada de la República española en París que detallaba, en una lista de gastos destinados a propaganda, los 150.000 francos que pagó en 1937 a Picasso para que pintara el mural.
Paralelo a la transición
Tusell resalta que la recuperación del Guernica fue paralela a todo el proceso de la transición política en España y que fue la única obra del artista malagueño para la que este “dejó escrito su destino”.
“Picasso, consciente de que era su gran obra maestra, dejó un documento para que volviera a España cuando se restableciera la República y después, por consejo de su abogado, cambió la fórmula y dijo que cuando se restablecieran las libertades democráticas”.
Pero, en 1981, España “debía mostrar que tenía una democracia estable y duradera” y, en la recta final de las negociaciones, se produjo el intento de golpe de Estado del 23F.
“Con el 23F, en el Ministerio de Cultura se llevaron las manos a la cabeza, porque después de tantos años luchando y cuando parecía que se iba a conseguir, se iban a quedar sin el Guernica. Sin embargo, la respuesta de España al golpe se convirtió en una forma de hacer ver que la democracia era sólida, y en septiembre el cuadro ya estaba aquí”.
Añade que, con la intentona golpista, el proceso “se tambaleó un poco”, pero el Gobierno español “tenía el as en la manga de ese documento de propiedad del cuadro, y consideró que si el MOMA no accedía se podría plantear una demanda judicial”.

La importancia de los archivos
Por su parte, Guillermo Logar detalla que su objetivo inicial con el documental era “poner en valor cómo funcionan los archivos en estas investigaciones y cómo han servido en la historia contemporánea para resolver episodios importantes como la llegada del Guernica”.
Según Logar, utilizó el libro de Genoveva Tusell como “esqueleto” de un documental que relata lo que habría sido “una batalla brutal si el MOMA se hubiera negado a devolverlo”.
“Más allá de que la obra tiene un simbolismo tremendo, negar que volviera a España habría sido casi un atentado contra la soberanía del país cuando se estaba demostrando que había un sistema democrático más o menos confiable”.
Papel central de la cultura
Al director del documental le ha “impresionado” que en ese momento “el Gobierno de la UCD pusiera la cultura en el centro en un momento tan crítico, porque luego pocos Gobiernos de la democracia lo han hecho, hasta el día de hoy”.
Finalmente, el Guernica volvió y, al ser trasladado en un camión desde el aeropuerto, “fue escoltado por la Policía, como si fuera un jefe de Estado, un simbolismo muy bonito”, subraya Logar.
Para Tusell, fue “un proceso largo y lleno de dificultades, pero condenado al éxito”. “Cerró una etapa en lo cultural, porque muchos de los artistas obligados a abandonar España tras la Guerra Civil no regresaron, como el propio Picasso. El Guernica es la imagen visible de la Guerra Civil, el exilio y la dictadura”.
Fuente: EFE
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