Dos placas, dos San Martín y un pequeño misterio en el centro de Buenos Aires

¿Quién es el San Martín de la calle de la capital argentina, que se convierte en Bolívar cuando cruza avenida Rivadavia? ¿Alude al Libertador o al santo? La historia detrás del enigma y sus hipótesis

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La calle San Martín, en
La calle San Martín, en el cruce con la Avenida Rivadavia (Fuente: Google Maps)

Me parece mal que el cabildo de Buenos Aires quede sobre la calle Bolívar. El edificio está identificado con mayo de 1810, y Bolívar no tenía ningún problema en impugnar ese mes como el principio de la revolución americana. En una proclama fechada el 12 de junio de 1818, el prócer venezolano se dirigía a los habitantes del Río de la Plata en estos términos: “Vuestros hermanos de Venezuela han seguido con vosotros la gloriosa carrera, que desde el 19 de abril de 1810...”. El 19 de abril de 1810 el cabildo de Caracas destituyó al capitán general (allá no había virrey) y formó una junta de gobierno. Lo que Bolívar no se privaba de decir, entonces, es que Caracas había iniciado el movimiento independentista, y que lo había hecho en abril y no en mayo.

En todo caso el único motivo para que esa calle se llame Bolívar sería establecer una continuidad libertadora, porque al cruzar la avenida Rivadavia se convierte en San Martín. Y, como sucede con Maipú-Chacabuco o Boyacá-Carabobo o Defensa-Reconquista, se trata de un par de nombres que elaboran conjuntamente un plano de la historia americana.

Pero hace poco, con un grupo amigos en el que solemos consagrar un tramo de nuestros encuentros a hablar de Buenos Aires, llegó la corrección: esa San Martín, dijo alguien, no se llama así por el Libertador José de San Martín sino por San Martín de Tours, santo patrono de la ciudad desde los tiempos de Juan de Garay.

Sorprendido, no tardé en pasar por la calle en cuestión en busca de alguna certeza, porque ambas tesis eran razonables: esa San Martín bordea la Catedral Metropolitana, y tenía sentido que justamente ahí se ubicara la calle del santo tutelar de la ciudad. Pero también tenía sentido que, si una misma calle se llama Bolívar y San Martín, sea porque ese San Martín es el Libertador.

Al llegar me encontré, increíblemente, con la misma confusión. Sobre la pared de la Catedral que da a la calle San Martín había dos placas. Una era de metal y honraba al Libertador. La otra era de cerámica y mostraba a un jinete poniéndole un manto sobre la espalda a alguien que lo mira desde el suelo; a la derecha había un breve fragmento de un acta del Cabildo fechada en 1580: “… por suerte cupo a esta ciudad por patrón della el Señor San Martín...”.

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Mosaico en la calle San
Mosaico en la calle San Martín, sobre la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, recordando el nombramiento del patrono (Foto: Wikipedia)

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Esta historia tiene, como la gran mayoría, más de un comienzo.

El primero fue en 1580. Ese año los hombres de Juan de Garay llegaron al borde del reino, desmalezaron un breve trecho de la barranca pampeana (ahí estaría la ciudad) y clavaron una cruz para que despuntase la fe. Después, con los chajás y teruteros rasgando de fondo el silencio americano, hicieron el sorteo con el que se elegía al santo patrono de cada lugar.

La leyenda, verdadera o falsa, dice que salió San Martín de Tours, que había nacido en Panonia, y que a los presentes no les gustó porque no era un santo español. Que repitieron el sorteo y salió el mismo santo. Y que lo volvieron a repetir y volvió a salir. Y que, rendidos, lo aceptaron.

Al segundo lo podemos fechar en 1812, cuando José de San Martín desembarcó en Buenos Aires para enfrentar a los españoles. El hecho no deja de ser curioso, porque tenía treinta y cuatro años y había pasado veintiocho en la península. Y de esos veintiocho había estado veintidós peleando en los ejércitos del rey, defendiendo la monarquía absoluta. Pero también es cierto que era americano de nacimiento: su tierra natal era el Yapeyú, en las Siete Corrientes, junto al trópico, y había crecido oyendo el susurro del viento en las palmeras. Quizá por eso ahora venía a enfrentar a quienes habían sido sus compañeros y a contribuir con la causa de la independencia.

Uno, entonces, nació en Panonia, y el otro en Yapeyú. Uno se convirtió al cristianismo, y el otro a la causa de la independencia americana. Uno tuvo sus hagiógrafos, y el otro también. Uno usó su espada para cortar su manto en dos y darle la mitad a un mendigo (esa escena es la que yo vi en la cerámica); el otro usó su sable para matar españoles. Uno vivía comiendo hierbas y raíces; el otro almorzaba con vino. Uno organizó parroquias, el otro repúblicas. Uno pedía por la libertad de los prisioneros; el otro tomaba prisioneros. Uno murió en Francia, y el otro también.

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José de San Martín
José de San Martín

Antes de la emancipación americana, cuando Buenos Aires era una ciudad española y los nombres de sus calles tenían el encanto de lo pequeño y lo municipal que aún persiste en la península, las dos calles se llamaban “Del Colegio” y “De la Catedral”. El colegio era, como hoy, el colegio: al principio se lo llamó Real Colegio de San Carlos y ahora es el Colegio Nacional de Buenos Aires. La Catedral era la Catedral.

El tiempo pasó, Buenos Aires dejó de pertenecer al imperio y unas décadas después de la gran gesta independentista la cosa empezó a tomar su forma actual. En 1848 Catedral se convirtió en San Martín. Y por una ordenanza de 1857, Del Colegio pasó a llamarse Bolívar. Para 1857, entonces, las dos calles ya se llamaban como hoy.

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Podría pensarse que el enigma es inexistente: San Martín de Tours tiene su calle en Palermo Chico, la San Martín del centro es para el prócer yapeyuano y fin de la historia. La placa del santo en la pared de la catedral se explicaría porque, justamente, es una catedral: el santo, entonces, no tendría nada que ver con la calle.

Pero esta interpretación tiene sus problemas. En 1848, que es cuando Catedral pasó a llamarse San Martín, José de San Martín todavía vivía: ¿tenía sentido ponerle a una calle el nombre de alguien vivo? Además ese mismo día de 1848, que fue el 28 agosto, en que Catedral pasó a ser San Martín, la calle Del Colegio pasó a llamarse Santa Rosa: cabe pensar que ese día se estaban nombrando calles con nombres de santos.

Por otro lado la calle Reconquista, que es la otra que toca el edificio religioso en el eje norte-sur, se llamó San Martín de Tours hasta 1856. Sólo entonces pasó a llamarse Reconquista. Y hoy en día hay una placa en la esquina de su nacimiento dando cuenta de esta transformación. Entonces: en 1856 desapareció la San Martín de Tours que estaba al este de la catedral, y pasó a llamarse Reconquista. Y en 1857 la calle siguiente, la que estaba al oeste, pasó a llamarse San Martín. ¿No tendría sentido que esa nueva San Martín fuese un reemplazo de la anterior, y por lo tanto fuese para el santo de Tours?

La calle San Martín, en
La calle San Martín, en el cruce con la Avenida Rivadavia (Fuente: Google Maps)

Pero entonces, ¿qué hace la placa del Libertador en la pared de la catedral?

También se podría pensar que la placa dedicada al prócer no está ahí por la calle sino porque sus restos descansan dentro de la Catedral. Eso tendría sentido. Entonces la calle sería para el santo, su placa se explicaría sola y la placa de San Martín se explicaría porque ahí descansa el héroe. Todo esto cierra. Pero, entonces, la calle Bolívar fue nombrada en base a un malentendido: quien le puso ese nombre entendió que la calle San Martín que la continúa se llamaba así por el Libertador, y, ya que estaba, le puso el nombre de otro Libertador en el tramo hacia el sur. Con la indeseada consecuencia que señalamos.

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El caso invita a todo tipo de especulaciones y el lector estará a punto de agotar su paciencia. Propongo, entonces, mi hipótesis.

A la calle llamada San Martín de Tours, la de Palermo Chico, se le puso el nombre en 1945, cuando faltaban solamente cinco años para el centenario de la muerte del héroe. Mi sospecha es que se estaba preparando el terreno para una lenta y callada maniobra, como la que Borges cuenta en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius». Nadie le iba a sacar la calle al santo y menos estando al lado de la catedral. Entonces se le dio una calle: la de Palermo Chico. En cuanto a la del centro, se mantendría la causa religiosa, que es el santo de Tours, pero se le agregaría un motivo nacional: José de San Martín. Placa y placa, las dos convivirían y a otra cosa.

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