
Luis Felipe “Yuyo” Noé es uno de los artistas más prolíficos y característicos de las artes plásticas de nuestro país. Es imposible no ver una de sus obras y no reconocer al autor, que acaba de cumplir 90 años y sigue trabajando en su taller como si el tiempo no transcurriera.
Una de sus obras más recordadas es el cuadro enorme, de 200 x 250 cm, titulado “En la maraña” realizada en 1986, se trata un acrílico sobre tela de estilo neoexpresionista donde la naturaleza y los personajes que la representan son realizados de una manera muy particular y alejada de la realidad. Se ven deformes y extraños debido a la libertad que se toma su autor para imaginarlos.
En varias obras de la misma época se puede apreciar “el caos” del que el artista suele hablar en muchas entrevistas, es su manera de experimentar con colores vibrantes con manchas. “Mi añoranza de la naturaleza americana se produjo como consecuencia de una visita al Amazonas. Impresionado por la fuerza del paisaje amazónico, me propuse entender las fuerzas naturales en su dinamismo abstracto. Así nació una Serie Amazónica”, comenta el artista en su página sobre las cosas que lo inspiraron en esa época tan característica de principios de los años 80. También comentó que esta serie se caracteriza por el desarrollo de una concepción abstracta del paisaje, donde predomina la convocatoria al libre fluir de los elementos plásticos.

En esta obra pueden encontrarse alusiones figurativas que la hacen separarse de aquellas que son absolutamente abstractas. Sin embargo, el artista se toma muchas libertades a la hora de imaginar sus personajes y jugar con distintos tipos de trazos y con la textura de la tela en la que se pinta. “En la maraña”puede visitarse en el Museo Nacional de Bellas Artes, que volvió a ser expuesta con motivos del 90 aniversario de su autor. Noé integró el grupo Nueva Figuración, movimiento que transformó la pintura argentina en los años sesenta, que lo llevó a obtener el Premio Nacional Di Tella en 1963 y la Beca Guggenheim en dos oportunidades.
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El pintor argentino nació en Buenos Aires el 26 de mayo de 1933. Hijo de Julio Noé, quien fue un destacado intelectual. Si bien siempre tuvo inclinaciones artísticas, en 1951, empezó a estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), carrera que dejaría tres años después. Durante sus primeros años en la universidad, ingresó al taller de pintura del maestro Horacio Butler, en el que se formó durante un año y medio.
Tuvo un paso muy destacado por el diario El mundo, donde a los pocos meses de ingresar se hizo cargo de la crítica de arte, hasta 1961. También escribió en la sección política de El nacional, La razón y La prensa. En cuanto a su vida personal, se casó con Nora Murphy en 1957, con quien tuvo dos hijos: Paula y Gaspar, que está radicado en Francia y tiene una reconocida carrera como cineasta.

En 1967, expuso su primer cuadro “La costurera” en el Salón Nacional de Bellas Arte y dos años después, tuvo su primera exposición individual, en la galería Witcomb, donde afianzó su amistad con Alberto Greco, Rómulo Macció y Jorge de la Vega. Ellos lo acompañaron en su taller en el barrio de San Telmo, en un sector que le fue cedido de la fábrica de sombreros, en la calle Independencia entre Bolívar y Defensa. Allí se dieron los primeros pasos del grupo de la Nueva Figuración. Uno de los objetivos principales del grupo fue cuestionar la institución pintura, lo cual sólo comenzó a través de la búsqueda de una nueva imagen de los seres humanos en su contexto.
La pintura gestual, el dibujo, el collage, los bastidores recortados y los marcos vacíos fueron las características de las obras de estos artistas. Sus trabajos son denominados como una explosión de colores. A partir de la formación de este grupo, comenzaron a viajar por todo el mundo mostrando su obra, en especial en Europa, y ganando múltiples becas y premios como el Premio Torcuato Di Tella, en el que Noé en 1962 le permitió viajar a Nueva York por dos años y compartió espacio con la argentina Liliana Porter, el uruguayo Luis Camnitzer y el venezolano Gabriel Morera.
La última exposición del grupo se hizo en 1965, en la Galería Bonino, con el mural de Deira, Nueve variaciones para un bastidor bien tensado, instalaciones de De la Vega, Nigromante y Noé El ser nacional y dos cuadros de gran formato de Macció. Ese mismo año, Noé recibió la Beca Guggenheim y regresó a Nueva York. En su vuelta al país, vive un periodo donde deja de pintar y se dedica a dar clases en la Escuela Panamericana de Arte y luego en el taller que tenía en su casa.

Durante el golpe de Estado de 1976, decide exiliarse en París y recién vuelve a la Argentina con el retorno de la democracia en 1987 y se asienta definitivamente en Buenos Aires. En los años siguientes, se consolidó como uno de los artistas más influyentes, donde se realizaron las primeras muestras retrospectivas, una en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y en el Palacio Nacional de Bellas Artes de la ciudad de México, en 1995 y 1996. Ha tenido numerosas exposiciones, muchas de ellas retrospectivas, en prestigiosas instituciones de la Argentina y el exterior.
Entre otras distinciones, ganó el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes de la República Argentina (1997), el Premio de Honor Konex por pintura (1982, 1992 y 2002), por teoría del arte, el Konex de Platino (1994) y Konex de Brillante (2002), además del Gran Premio del Salón «Manuel Belgrano» (2002). Además, publicó varios libros como Antiestética; Una sociedad colonial avanzada; Asunto Impreso; Recontrapoder; A Oriente por Occidente.
Más recientemente, en 2009, representó a la Argentina en la Bienal de Venecia y fue uno de los distinguidos con el Premio Nacional a la Trayectoria Artística 2019. En 2017 creó, junto con su familia, la Fundación Luis Felipe Noé y tras cumplir 90 años, continúa pintando y escribiendo.
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