Hola, ¿cómo andan? ¿Todo bien? A ver, si yo les digo “cumbres borrascosas”, ¿ustedes en qué piensan? Los escucho…
Al fondo, la joven de anteojos de sol con marco de bambú reciclado dice que le recuerda a un negocio de café de autor, pero no, no es eso. Sigamos con el hombre de camisa rosa… ¿Cómo dijo? ¡No, señor, cómo va a ser el nombre de un hotel alojamiento! “Venga a pasar un momento cumbre, libere su borrasca en Cumbres borrascosas”, jaja, pero no, no es el caso. A ver, la dama de pañuelo floreado con el caniche en el regazo… ¡Exacto, exacto, Cumbres borrascosas es una novela de Emily Brontë! Ven, en esta sección Cultura hay gente instruida y todo.
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Y ustedes dirán por qué yo les pregunto tal cosa. Bien, están en su derecho, la relación columnista-lector es así, de ida y vuelta. Déjenme explicarles. Resulta que el otro día estaba en Twitter, vieron que es una red social donde la gente publica cosas, ¿no? Bueno, ahí andaba yo, siempre en la punta de la innovación, cuando me detuve en un posteo con un video en blanco y negro. Era un fragmento de una adaptación para la TV argentina de Cumbres borrascosas. Sí, señora, la novela del telo en el que sirven café de autor. Del año 1978 creo que era, trabajaban Carlín Calvo, Susú Pecoraro, Alicia Bruzzo, Rodolfo Bebán… Medio duritos se los veía en los trajes de época, pero Susú, qué linda ¿no? Y Carlín, qué jovencito, todavía no era ni amigo de Pablito Rago.
Se van a sorprender, pero yo la vi en vivo. Es que peino canas, no sé si se habrán dado cuenta, jaja. “Ah”, me dice la joven de anteojos de bambú que sí, que se dieron cuenta hace rato… Bien.

Les contaba. Cuando la dieron yo tendría unos nueve años y vivía en Montes de Oca esquina Brandsen, barrio de Barracas, justo enfrente de la pizzería Los Campeones. El dato no es del todo relevante, lo sé, pero si la menciono capaz consigo un canje por un par de grandes a la piedra, alguna fugazzeta con queso. La cuestión es que aquella noche del estreno mamá me quería mandar a la cama, porque el tema sonaba un poco pecaminoso, pero mi padre dio el permiso con el argumento de que un clásico siempre es un clásico, como Independiente-Boca, digamos. Digamos también que de la trama no entendí absolutamente nada, pero miren ustedes lo que son las casualidades.
Por la misma época, antes de dormir, escuchaba un programa en un radiograbador chiquito, una emisión que iba a la medianoche por Radio Colonia, Estilo disco se llamaba. Pasaban Village People, Donna Summer, Earth Wind & Fire, los Bee Gees… Una de esas noches el locutor anunció el estreno de una canción que se llamaba “Cumbres borrascosas”. Igual que el programa de Canal 13, pensé. “Igual que el telo”, dice por allá el hombre de camisa rosa. Bueno, yo, por las dudas, apreté REC y la puse a grabar en mi cassette TDK de noventa minutos. Y lo bien que hice, porque el tema era una maravilla, hipnótico, pegajoso como sobaco en ola de calor. De la letra no entendí nada, porque a los nueve años mi inglés era inexistente, pero ahora que llevo una racha de sesenta y cuatro días en Duolingo, comprendo que es el fantasma de Cathy, la protagonista femenina, hablándole a Heathcliff, el protagonista masculino. Cathy, en un arranque de melancolía extrema, aparece detrás de una ventana y grita “Oh Heathcliff, soy yo, hace un frío espantoso, vamos al telo a tomar café de autor”.

Me apunta la dama del pañuelo floreado y el perro en el regazo que la canción no diría exactamente eso. No sé, señora, usted debe tener una racha más larga que yo en Duolingo… Acá a la derecha de la pantalla me agregan que la cantaba Kate Bush, que volvió a ser famosa porque le pusieron un tema en Stranger Things. A ver, espere que lo anoto, ¿cómo dice que se llama? Escríbalo usted, sí, a mí se me complica un poco el inglés, a ver… “Running Up That Hill”. Corriendo arriba como un gil, sería ¿no? Ah, no, hill de montaña, claro, lo qué pasa es que anoche me quedé sin vidas en Duolingo. Ahora, qué obsesión la de Kate, ¿eh? Cumbres, montañas, lo que le gustaría el pico, por qué no se va al telo con el señor de la camisa rosa jaja… Bueno, es una manera de decir, señora, usted no se haga la santita con el caniche ese en el regazo, bien que le gustaría que la agarren Carlín Calvo y Pablito Rago vestidos de Heathcliff, con las cumbres en la mano.

A propósito. ¿Ustedes grabaron alguna vez en cassette? ¿Rebobinaron con birome para no gastar pila? ¿Pegaron un tape roto con cinta Scotch? Porque yo sí, yo peino canas, señores, señoras, no sé si se dieron cuenta. Me dice la joven de anteojos de bambú que sí, que ya se dieron cuenta. Y que me estoy repitiendo. Viejo verde, escucho por allá. Old green, digamos.
Creo que sonó el timbre, vayan al recreo nomás. Qué difícil es ejercer la docencia, cuanta cumbre hay que sortear, cuanta borrasca hay que atravesar, cuántas columnas hay que escribir para que a fin de mes la cuenta siga tan vacía…
Les quiero mucho.

PD: me llegan algunas quejas de lectores, más que nada apuntan a que no se entiende de qué se trata Cumbres borrascosas. Tienen varias opciones: a) ver las películas, hay varias. 2) ver las miniseries, hay varias, o 3) leer el libro, que sería lo más recomendable. A mí no me pidan más, soy columnista.
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