
Martín Caparrós se vio envuelto en una polémica que lo excede. Días atrás participó de una conferencia sobre fútbol junto a la periodista Carme Barceló y el exfutbolista Julio Salinas en la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En un principio, y durante un tiempo cercano a la hora, la charla se produjo en español, así como las primeras preguntas del público. Hasta que un estudiante decidió hacer una pregunta en catalán. Primero consultó si era una lengua entendido por todos, a lo que Caparrós no contestó. Luego, al pronunciar la pregunta, el escritor argentino se mantuvo en silencio. Cuando le tocó el turno de volver a hablar, excusó su silencio en que tenía “el francés oxidado”.
En la siguiente pregunta, otro estudiante hizo una broma sobre el dominio de lenguas de Caparrós. Esto provocó que el escritor se levantara y se fuera de la conferencia. El episodio cayó en un espiral de comentarios en las redes sociales dando lugar a los discursos polarizados en torno al uso del idioma catalán como lengua principal en establecimientos educativos de Cataluña, discusión que transcurre actualmente en las tierras españolas. Un dirigente catalán de nombre Antonio Baños tuiteó que “al sabio hombre blanco no le ha gustado que los indígenas hablen en su jerga. ¡Disculpe, oh patroncito!” Luego lo calificó de “fascista”. Caparrós le respondió y en ese intercambio explicó su posición: “Escuché 10 o 15 minutos de respuestas en catalán -sin entenderlas- y me fui porque una panelista me tomó el pelo”. Luego citó un hilo de Ana González, que estuvo presente, cuyo usuario es @anaagnzz.
“Hoy en mi uni (UAB) se ha demostrado la falta de educación cuando se insistió en hacer preguntas en catalán a un periodista extranjero que no entiende la lengua, y cuando todos sabemos hablar en castellano. El catalán debe hablarse, perfecto. Pero no debe imponerse”, comenzó diciendo González, y agregó: “Veo en mi universidad a mucho antifascista que impone sus ideales y no se diferencia de aquello contra lo que lucha”. Otro usuario que atacó a Caparrós fue el guionista Marc Gabernet. En Twitter escribió que el autor argentino “abronca a los estudiantes de la UAB por preguntar en catalán” y “abandona la conferencia”. También lo acusó de no haber señalado a tiempo que no entendía el idioma. Fue el propio Caparrós quien luego dijo: “Si me preguntan si entiendo una lengua en una lengua que no entiendo, no puedo contestarlo”.

En una columna en el diario español El Mundo, Juan Claudio de Ramón escribió: “Pesa sobre Caparrós un reproche de insinceridad: no es cierto, le acusan, que no pudiera entender lo que se le preguntaba. Caparrós podría invertir la acusación: si cuesta creer que un argentino no es capaz de entender el catalán, más difícil es creer que un catalán no puede hablar en español”. En el artículo fechado en el día de hoy, agrega: “La propaganda nacionalista insiste en que todos los catalanes dominan la lengua española. Siendo así, ¿qué motivo hay para no proseguir el coloquio en la lengua que los participantes tienen en común y optar por la «lengua indígena» (Baños dixit) si no es la voluntad de hacer del medio un mensaje, ajeno al objeto de conversación?”
En 2017 se produjo la declaración unilateral de independencia de Cataluña y desde entonces el debate público se ha agudizado. En estos momentos la Universidad Autónoma de Barcelona lleva adelante una campaña llamada “No em toquis la llengua” (No me toques la lengua), cuyo objetivo es “poner de manifiesto su compromiso con la presencia de la lengua catalana en la docencia y la investigación”. En simultáneo, el gobierno catalán rechazó “a cumplir las sentencias judiciales firmes que instan a impartir al menos un 25% de las clases en castellano en la enseñanza no universitaria pública de la autonomía, monolingüe y obligatoria en catalán desde hace tres décadas”, según informa el sitio español Crónica Global.
El catalán es una lengua romance histórica hablada por más de diez millones de personas en Cataluña, las Islas Baleares, Andorra, la Franja de Aragón, el Rosellón, la ciudad sarda de Alguer, la Comunidad Valenciana y la comarca murciana de El Carche —donde recibe el nombre de valenciano— , así como también en pequeñas comunidades de todo el mundo.
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