
En Hielo negro, cuatro intérpretes se mueven en un escenario casi vacío. Caen parlantes y luces, se desmorona el piso, la escena se desarma. Una obra de unos búlgaros, expuesta en Nueva York, genera otra obra, argentina, que ahora se presenta en el Teatro Sarmiento. El hielo negro, esa capa fina de nieve invisible que se acumula en las rutas cuando sube la temperatura, amenaza y acompaña al mismo tiempo. ¿Cómo actuar frente a aquello que no se ve, y que a la vez puede matarnos?
Decir que el Grupo Krapp lo hizo de nuevo es una suerte de equívoco: en 2021 falleció Luis Biasotto, uno de sus fundadores. Si Réquiem: la última cinta es una suerte de carta de despedida, Hielo negro, dirigida por Luciana Acuña, funciona como carta de amor. Es una obra que pensaron juntos, que surgió en una serie de residencias en Estados Unidos, Ecuador y Argentina, y que va por su quinta versión. Una novedad es que antes eran Biasotto y Acuña en el escenario, y ahora en el elenco son cinco. Todo lleva, por supuesto, la huella Krapp: el movimiento, la performance, el documental, y ese límite indistinguible entre danza y teatro.

El inicio es de golpe: suena “La danza de los caballeros”, de Romeo y Julieta, y Luciana Acuña y Santiago Gobernori se desplazan como larvas por el piso. Al rato se les suman Milva Leonardi y Francisco Dibar. Empiezan mudos, solo se mueven. El vestuario de los cuatro es idéntico, y muchas veces hablan de la misma forma. Los actores, y especialmente Milva Leonardi, demuestran la potencia del teatro físico y de la coreografía. El movimiento de los cuerpos engancha perfectamente con el humor y el absurdo. El contraste lo da Matías Sendón, iluminador y actor, que aparece primero como voz en off, y después se suma a los otros cuatro.
La obra de Acuña aprovecha enteramente al Teatro Sarmiento. Los actores salen del escenario, se sientan en las butacas, nos dejan a solas con un parlante que cuenta el germen de lo que estamos viendo. La experimentación y el riesgo no es solo de parte de los actores: el público no queda a oscuras en ningún momento, y la ficción se vuelve indistinguible de la realidad.

Más que narración, en Hielo negro hay poesía. La muerte aparece bajo la forma de una potencia, es más un recurso que un hecho tangible. Ahí entra el hielo negro, ese futuro azaroso, fenómeno de las rutas frías. La apuesta no es hablar de una muerte concreta, sino de la muerte en sí: la nieve es causa y consecuencia de la obra. “¿Qué tenés en la cabeza cuando te movés?”, pregunta uno. “Nada”, responde el otro. Moverse, romper el escenario, dejar al público a solas, parecen formas de representar lo irrepresentable. Los actores prueban su resistencia al frío en una obra que empieza muda, y rápidamente se plaga de sentidos. Un imperdible de la cartelera teatral de Buenos Aires.

*Funciones: Hielo Negro se presenta de jueves a domingo a las 20 hs. en el Teatro Sarmiento (Av. Sarmiento 2715, CABA), hasta el 4 de diciembre. Entradas por CTBA.
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