
En Argentina en 1997 solo el 0,3% de la población tenía acceso a internet. La web ya había dejado de ser una herramienta exclusiva de los ámbitos científicos, académicos y militares para transformarse en un espacio abierto a todo público. Pero éramos muy pocos los que empezábamos a explorarla. Había que tener una computadora con módem, una línea telefónica y muchísima paciencia para marcar un número, lograr conectarse a internet y empezar a navegar muy lentamente por ese mar de páginas que ya en ese momento parecía inmenso pero que, comparado con el océano de hoy, se demuestra ridículamente minúsculo.
En ese contexto, junto con mi hermano Diego, con quien ya teníamos una pequeña empresa de contenidos editoriales, empezamos un experimento llamado periodismo.com. Y lo defino así porque el objetivo principal cuando lo lanzamos, el 11 de septiembre de 1997, era explorar las posibilidades que brindaba esta nueva herramienta. No estaba en nuestros planes fundar un medio de comunicación y ni siquiera lo pensábamos como un negocio (la famosa burbuja de las puntocom no había empezado a inflarse todavía).
Como otros en ese momento, estábamos tratando de entender qué se podía hacer con internet. Entonces nos propusimos brindar herramientas que faciliten esa tarea. Y lo hicimos desde el lugar que más nos apasionaba: el periodismo. Y como todas las posibilidades estaban disponibles fue sencillo registrar el nombre más genérico (Periodismo.com y .com.ar) y ponerse a trabajar en una web que fuera una especie de brújula para los colegas que se fueran sumando, como navegantes, a este apasionante nuevo mundo.
El concepto de periodismo digital ni siquiera se había planteado, porque lo único que había en ese momento eran versiones electrónicas de medios de papel. Por eso, desde ese primer momento empezamos a ejercerlo casi sin darnos cuenta, mientras se iba creando.

Y el sitio empezó a crecer: al principio solo lo consultaban los periodistas y productores de radio y TV. Ellos también estaban descubriendo esta nueva herramienta y en sus medios empezaban a tener acceso a internet (aunque en varias redacciones todavía se usaban máquinas de escribir y debían compartir la única computadora con módem). Luego se sumaron los estudiantes de periodismo y comunicación. Y al final los nuevos “navegantes” que buscaban noticias o recursos útiles para explorar en este océano. No pasó mucho tiempo hasta que, espontáneamente, la gente empezó a participar de nuestros foros de discusión en donde se debatían los temas más diversos. No éramos conscientes de que estábamos asistiendo al nacimiento de una nueva forma de vincularse entre humanos que continuaría hasta nuestros días: las comunidades digitales.
No existían las redes sociales y no teníamos un presupuesto millonario como otros sitios web que empezaban a aparecer al calor de la burbuja puntocom, así que el boca a boca era nuestra principal estrategia. Buscábamos formas de llamar la atención de nuestro público principal -los periodistas- para que sean ellos quienes nos ayuden a difundir el sitio. Fue así que en 1997 creamos los Premios Don Segundo Sombra a lo peor de la televisión –una suerte de anti Martín Fierro– que durante muchos años fueron cita obligada para miles de personas que votaban online en nuestra web a sus (menos) favoritos.
Seguimos creciendo, agregando secciones, sumando colaboradores. Decenas de periodistas que hoy trabajan en grandes medios de todo el país hicieron sus primeras experiencias en el periodismo (y en el periodismo digital) con nosotros.

En 2001 ganamos el premio Mate.ar al mejor medio de comunicación online de la Argentina (sí, había un premio para sitios web, con ceremonia de entrega y todo). Y ese mismo año, el estallido del país nos dejó al borde del precipicio. Fue también el momento de la explosión de la burbuja puntocom, que barrió con decenas de miles de sitios web en todo el mundo. Pero, con la misma filosofía de la experimentación con la que habíamos nacido, logramos reinventarnos: comenzamos a dar cursos de periodismo a través de internet cuando la educación a distancia era todavía una rareza.
Y en todo este tiempo aprendimos muchísimo, fuimos probando cada nueva herramienta de este nuevo periodismo digital, pero también entendimos que hay olas, modas, tendencias en las que no hay que prenderse porque son pasajeras o directamente porque no tienen sentido: no suman (casi) nada y consumen tiempo y recursos que en una pyme editorial como la nuestra son valiosísimos.
Hoy, 25 años más tarde, casi el 85% de la población argentina tiene acceso a internet. Ya no hace falta “conectarse” porque estamos 24 horas conectados. Ya ni siquiera se necesita una computadora, porque todos llevamos una en el bolsillo. Y aunque nosotros hayamos cambiado y la tecnología haya cambiado y el mundo haya cambiado y obviamente nuestra web también haya cambiado, podemos decir que en el fondo seguimos haciendo lo mismo que el primer día: periodismo (digital) independiente de calidad.
*El autor de esta nota es fundador y editor de Periodismo.com
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