
Desde la foto congelada en sus treinta y piquito luce un aire a Paul Newman, a pesar del rictus duro de la boca, de la mirada oblicua de sus ojos claros. Pero no, nada que ver con el popular y carismático actor de Hollywood –también realizador, productor, piloto de coches de carrera– que fue un ciudadano comprometido con causas nobles, activista por los derechos civiles de los afronorteamericanos en los 60, filántropo, y hasta su muerte feliz marido de Joanna Woodward durante 50 años.

Muy por el contrario, el de la foto, Alberto Luis Galateo, jugador estrella de fútbol que estuvo en la selección nacional y marcó un fantástico gol en 1934, fue un tipo pendenciero y violento cuando jugó en Santa Fe y cuando lo hizo brevemente en Buenos Aires, hasta que dejó los botines a los 32. “Le pegaba a la abuela de Damián, al tío, a la tía y al padre del director”, dice unos de los testimonios en el film que reconstruye partes significativas de la historia de ALG, y que se titula, con las palabras justas: Terror familiar. El director y guionista, Damián Galateo, es nieto de aquel hombre alcohólico, golpeador encarnizado que hacía valer la ley del más fuerte con su esposa y sus tres hijos.
Damián se enteró de los detalles de la muerte de su abuelo cuando falleció su abuela Fortunata en 1992: había sucedido en 1961, cuando Yiyi, el hijo mayor, disparó tres veces para proteger a su madre, que ya había perdido un ojo de un puñetazo. Damián Galateo tenía entonces 12 años y por casi tres décadas se estuvo haciendo mil preguntas, alimentando la idea de investigar sobre los protagonistas de esa tragedia. “Para evitar que se repitiera”, declara ahora el director. “Que un parricidio no diese lugar a una cadena de sufrimiento”. A la vez, DG empezó a sentirse impulsado “a interpelar a una sociedad que a través de ciertas formas de ejercer el poder ubica a las mujeres en el lugar de objeto, negándoles la igualdad de derechos”. El realizador de esta notable ópera prima -que tiene en su haber varios cortos y dos libros de poesía- se sintió alentado “por el contexto actual en que las mujeres están cuestionando el rol social que les fue impuesto”.

Entre el documental que ofrece testimonios directos de periodistas deportivos, vecinos y familiares, y ese género que suscita sentimientos de miedo, de angustia en el público, apelando a distintos recursos, el terror del título alude a esa forma narrativa -heredera de la literatura- que ha ido mutando según las épocas, desde los tiempos del cine mudo. Ni slasher ni gore, Terror familiar sugiere la amenaza, la opresión, la indefensión que tienen lugar puertas adentro, en el interior de un hogar suburbano, en una casa de barrio que la mano del director recorta e ilumina desde afuera hasta hacerla parecer de juguete, de muñecas. “Le pegaba a la abuela de Damián, al tío, a la tía y al padre del director”, dice un testigo, y cierra: “En el barrio era una persona amable”.
Los familiares y conocidos que discurren frente a la cámara (en algunos casos, interpretados por actores) lejos de ser filmados como cabezas parlantes que declaran para la posteridad -como suele ocurrir en muchos documentales- no solo destilan fuerte expresividad (mérito del director que supo conducirlos y elegir los tramos más relevantes) sino que merced a los acentuados tintes expresionistas sus figuras cobran alto relieve, incluso parecen como manchadas. En tanto que las imágenes que remiten al pasado, a esa casa que albergaba el peligro constante del padre brutal, son registradas en colores, en el interior con un encuadre que da cuenta de la situación de opresión de esa mujer y sus tres hijos. Incluso hay una foto recreada, donde posan muy serios madre y niños, reveladora de la desdicha del grupo familiar: el chico mayor, apenas adolescente, genera compasión con su cuerpito contraído, encogido, su mirada tristísima. Ciertamente, todo el minucioso trabajo del arte, los primores de la iluminación, la distribución de las escenas que reenvían pasado y a los testimonios, más el comentario musical que crea tensión e inquietud, convergen para Terror familiar descuelle entre los mejores y más sutiles films sobre violencia doméstica que se han visto localmente.

Resulta particularmente sugestivo advertir hasta qué punto, en las declaraciones seleccionadas aparece el tema del destino inexorable. El padre del director dice: “Tenía que suceder. Podría haber sido tu hermano, como podría hacer sido yo”, refiriendo a Yiyi, el mayor, el que empuñó el revólver y disparó sobre el padre. “Ocurrió lo que tenía que ocurrir”, declara otro nieto. “Sabía que en cualquier momento iba a pasar”, sostiene la tía que se compadece del homicida: “Justo Yiyi tuvo que pagar las culpas, víctima de todo”. Y cuando “pasó la desgracia”, la infortunada Fortunata, la mujer tan maltratada, frente al cadáver ensangrentado “buscó el trapo de piso para limpiar”.
Dicho sea lo anterior sin ánimo de espoileo, porque esa “desgracia” está anunciada desde el vamos, los dados están echados como en la tragedia clásica. El fatum, lo que está dicho, ha de cumplirse inexorablemente. Desde luego, Yiyi no es precisamente un héroe en el sentido clásico, aunque sí una víctima de las circunstancias que actúa en defensa propia, de su madre, de sus hermanos menores. Escoge esa salida en un momento de mucha saturación, en una situación del altísimo riesgo que a mediados del siglo XX no tenía nombre: ser un padre golpeador era una rémora, parte de un legado del derecho romano cuando el pater familias tenía todos los derechos sobre su mujer, sus hijos, incluso sus esclavos, ejerciendo esa autoridad hasta su muerte. Todavía en los años 80 del siglo pasado, cuando un violento daba muerte a su mujer se hablaba, como atenuante, de “crimen pasional”.

En Terror familiar la fatalidad que se presiente en su transcurrir, desata emociones que llevan al espectador, la espectadora a una catarsis, una purificación que culmina con el homicidio. Y sentimos piedad por ese joven de 21 años, parricida porque no le queda otra. Una víctima, como dice la tía. Pero no de una maldición divina ni de los designios de un oráculo. No recaerá sobre él ni sobre sus descendientes una herencia maldita, un atavismo. Por eso, Damián Galateo, el hacedor de este film necesario, habla -como una de sus metas- de evitar que la tragedia se repita. Representante de la tercera generación de los Galateo, da pruebas aquí de que la cadena de sufrimiento puede interrumpirse.
*El filme tendrá su última pasada el viernes 29 de abril, 13.15 h, en el Cine Cosmos UBA: Av. Corrientes 2046. Luego tendrá dos funciones online.
SEGUIR LEYENDO
Últimas Noticias
Marcelo Brodsky, una cita ineludible con la memoria de los desaparecidos de la dictadura
En galería Rolf Art se presenta, por primera vez en este siglo, “Buena Memoria”, la emblemática serie de fotografías y videos del artista argentino

“La teoría Schonberg”: una de amor que atrapa desde las primeras página
Inmersa en un clima de música y artes plásticas, la última novela del autor argentino Fernando Muller narra una historia entre un pintor y una prostituta que explora la fragilidad de los vínculos, plantea el regreso del pasado y da una vuelta de tuerca que cambia la manera de ver la vida

Una casa habitada por recuerdos: la memoria según María del Mar Ramón
Un hombre regresa a la casa de su infancia en Colombia tras la muerte de su hermano y, entre ruinas y maleza, se enfrenta a los límites del recuerdo. En “La memoria es un animal esquivo”, la autora colombiana indaga en la fragilidad del pasado y las ficciones familiares. Este miércoles se presenta en Madrid

Del ajedrez a la revolución de la I.A.: la increíble historia de Demis Hassabis, la mente detrás de DeepMind
Con una niñez marcada por torneos y desafíos, el genio británico pasó de dominar tableros a liderar una empresa que aspira a transformar la vida de millones y ganar un premio Nobel

Una pintura, mil preguntas: el Salvator Mundi del taller de Leonardo da Vinci conquista los Países Bajos
Su historia, los secretos de su elaboración y una procedencia repleta de nombres ilustres lo convierten en una pieza codiciada que sigue desafiando a especialistas y al público


