La belleza del día: “Las hermanas”, de Frank von der Lancken

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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“Las hermanas” (1903) de Frank
“Las hermanas” (1903) de Frank von der Lancken

I

Dos mujeres. Dos señoras. Dos hermanas. El mismo peinado, la misma posición, la misma expresión en el rostro —concentración absoluta pero sin preocupación—, la misma tarea. Están cosiendo en silencio en el porche de una casa en el medio del campo. Al fondo, el sol baña una colina verde con mucho pasto y árboles. Los trazos rígidos de la construcción del hogar contrastan con las formas irregulares de la naturaleza. La composición tiene una armonía conmovedora.

Esta obra pintada en 1903 se titula Las hermanas, es un óleo sobre lienzo de 40. 2 centímetros de alto y 33 de ancho. Se expone en el Museo Smithsoniano de Arte Americano, un lugar en Washington D. C., que tiene una extensa y destacada colección de arte de Estados Unidos y convive con cuadros de David Hockney, Georgia O’Keeffe, John Singer Sargent, Thomas Moran, Edward Hopper y Winslow Homer. ¿Quién es el artista, entonces? Se llama Frank von der Lancken.

Frank von der Lancken es bastante desconocido en el mundo del arte de hoy. Nació en Brooklyn, Estado de Nueva York, en 1872. Tenía 31 años cuando terminó de pintar esta obra, muy importante para él. No sólo por la belleza lograda, sino porque las protagonistas, las hermanas, son su madre y su hermana, ambas francesas. Sus abuelos maternos llegaron con sus hijas desde madre había llegado a los Estados Unidos con su familia desde Lyon, Francia.

II

El escenario de Las hermanas es New Milford, Connecticut. Allí fue el artista a pasar los veranos, al menos los que van desde 1900 hasta 1904. “El aire fresco y el ritmo más lento ofrecieron un descanso bienvenido de la presión de exhibir y enseñar en la ciudad de Nueva York”, se lee en el texto explicativo del museo. Para entonces, y pese a su temprana edad, había logrado cierta fama. Sin embargo, tenía un interés íntimo por captar la esencia de los momentos cotidianos.

Comenzó sus estudios en el Pratt Institute en Nueva York, una escuela de arte alternativa con un programa experimental que mezclaba cursos de estudio y artes industriales. Luego se mudó a Rochester, Nueva York, y trabajó con paciencia y disciplina, no sólo la pintura, también la ilustración, la escultura, la pintura mural y las vidrieras. Siendo alumno, primero, y maestro después, siempre estuvo comprometido con la idea de que el arte debía estar al alcance de todo el pueblo.

Cuando ingresó a la Liga de Estudiantes de Arte asistió a las clases de Henry Siddons Mowbray, un artista egipcio hijo de ingleses que creció en Estados Unidos. No eran solo clases de pintura, sino de vida. Y sin dudas eso influenció la forma de ver el mundo de Frank von der Lancken. Otras influencias de esa época fueron Julian Alden Weir, James Carroll Beckwith y John Henry Twachtman. En 1896 continuó su formación en las Academias Julian y Colarossi, en París.

III

Su padre era un comerciante de seda alemán —de ahí su apellido—, su madre francesa. Volvió a Europa en 1908, ya no solamente a estudiar. Allí conoció a Giulia, una bellísima artista italiana, que pronto se convertiría en su esposa. Juntos se mudaron a Tulsa, Oklahoma, donde tuvieron varios hijos. Todo el mundo los conocía como “la primera familia de arte en Tulsa”. Fue un destacado artista y educador de su tiempo, sin embargo hoy no es tan aclamado como quizás debería.

Se lee en la web de la galería neoyorquina Hirschl & Adler: ”Dada la profundidad de su talento, formación y actividad relacionada con el arte, la falta de notoriedad de von der Lancken puede explicarse por su marcada preferencia por la enseñanza sobre la venta, y por la exhibición como un medio de instrucción en lugar de autopromoción. Aunque feliz de exhibir su trabajo, parece que no le importó si sus pinturas realmente se vendieron”.

Nunca fue representado por una galería, tampoco tuvo agente. La mayor parte de su obra permaneció en su casa hasta su muerte; luego fue preservada por sus hijos y nietos. Es fácil imaginarlo en aquella gran ciudad a orillas del Río Arkansas, caminando por el caso histórico o por las colinas, campo adentro, observando todo, paseando con su familia o con otros pintores, observando todo lo que lo rodeaba. Luego plasmándolo en el lienzo. Murió en 1950, allí, en Tulsa.

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