
I
Antes, cuando los ricos se casaban, cuando las fortunas de dos familias quedaban unidas a través del amor de sus herederos, se acostumbraba a sellar el pacto con arte. Un pequeño ritual decorativo para la mansión donde los recién casados vivirían. Así fue que Richard Bennett Lloyd y Joanna Leigh posaron en 1775 o 1776 para dos pintores distintos: él, con el célebre artista estadounidense Benjamin West; ella, con un inglés que venía en ascenso, Joshua Reynolds.
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Lloyd venía de una familia con plantaciones de tabaco y había sido soldado en los dos años previos a la boda. Leigh, por su parte, era heredera, junto con sus cuatro hermanas, a la fortuna de su padre, el comerciante John Leigh de Northcourt House, Isla de Wight. “Cuando Reynolds hizo esta obra, era un retratista establecido y presidente de la recién fundada Real Academia de las Artes que buscaba elevar el estatus intelectual de los pintores”, escribió la investigadora Phillippa Plock.
Reynolds es, hoy en día, uno de los pintores más importantes e influyentes del siglo XVIII. Su especialidad era el retrato pero no cualquier retrato; fue el promotor de lo que se conoce como el gran estilo, la defensa acérrima a la idealización de lo imperfecto. ¿Por qué? Porque la belleza se construye, y quién mejor que un pintor —que justamente representa lo real— para construirla. Por eso, cuando le hicieron el encargo se le ocurrió una idea.
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II
Joanna Leigh, esposa de Richard Bennett Lloyd, escribiendo en un árbol es un óleo sobre lienzo vertical. Vemos, justamente, a la esposa tallando el nombre del flamante marido —en realidad: el apellido y, por consiguiente, su apellido— en la corteza del árbol. Tiene un vestido malva pálido de inspiración clásica con un fajín de seda con flecos alrededor de su cintura. Tiene las piernas cruzadas, el cuerpo levemente encorvado. Esa sutileza contrasta con el bosque de fondo.
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La escena de una mujer tallando el nombre de su amado en un árbol es una referencia literaria múltiple. En primer lugar, a Como a vos te gusta, la comedia de Shakespeare escrita hacia 1599. Además, dos poemas épicos italianos del siglo XVI: Orlando Furioso de Ludovico Ariosto y Gerusalemme Liberata de Torquato Tasso. Apenas unos años antes a la obra de Reynolds, Francesco Imperiali pintó Erminia tallando el nombre de su verdadero amor, otra referencia.
Un siglo después, los descendientes de la señora Lloyd, la modelo, pusieron la pintura a la venta en la subasta de Christie’s, en Londres, y fue comprado por Thomas Agnew, quien luego se la vendió a Walter Rothschild y es en su famosa casa, la Waddesdon Manor, donde hoy se encuentra. En ese lugar, administrado por la Fundación Rothschild, está la inmensa colección de arte familiar que el público puede recorrer pagando su entrada, por supuesto.
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III
Esta obra, quizás una de las menos conocidas de Reynolds, comparte corpus con todos los cuadros que dejó al morir, entre ellos, los dos mil retratos. Incluso siguió pintando cuando perdió la visión de su ojo izquierdo en 1789. Vivió para la pintura y murió tres años después, en 1792, a los 68 años, en su casa de Leicester Fields, Londres. Aquí se ve con claridad: no hacía sólo retratos, sino que los dotaba de elementos artísticos llevando el género a un siguiente nivel.
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Su excelencia se destacó porque sabía lo que hacía: sus estudios eran exhaustivos, precisos, académicos, de hecho fue el primer Presidente de la Real Academia de Artes de Londres y por sus dotes artísticos el rey Jorge III lo nombró caballero. Fue destacado en su época y también en nuestra actualidad, es decir, en su posteridad. Cualquier estudiante de arte sabe que la dosificación de la luz que hace Reynolds es inigualable. Y aquí eso se hace patente.
No es casualidad que en 2005 la Tate Gallery adquirió el cuadro El coronel Acland y Lord Sydney, los arqueros (1769) por más de dos millones y medio de libras esterlinas, casi tres millones y medio de dólares. Por su parte, Joanna Leigh... está en la Waddesdon Manor como postal de una época, de un modo de ser, de parecer y de representar el mundo. Un pequeño ritual decorativo de dos familias ricas que se unían y que quizás, sólo quizás, con algo de suerte, nacía el amor.
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