
En octubre de 2021 se inaugurará la exposición sobre La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe en el Museo de América, en Madrid, que se suma al proyecto europeo Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World es un esfuerzo colectivo de quince instituciones de España, Francia, Italia, Alemania, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana, Costa Rica, Cuba y Chile. Un resultado anterior habían sido un documental y un libro con el mismo nombre.
El comercio de esclavos o trata atlántica se prolongó desde el siglo XVI hasta mediados del XIX: mediante la captura de más de doce millones de personas en África y su venta en territorios del Nuevo Mundo como mano de obra para cultivos, construyó fortunas e imperios. La existencia de tierras aptas y baldías en el Caribe favoreció el asentamiento y cultivo con productos tropicales que pronto alcanzaron una gran demanda en Europa (azúcar, café o algodón). El empleo del trabajo coactivo fue el otro factor que aseguró que la empresa fuera rentable y también la convirtió en uno de los fenómenos de mayor trascendencia y vergüenza para la humanidad.
La riqueza generada por el trabajo esclavo contribuyó al auge económico de Europa y animó a muchos países a participar. Desde la segunda mitad del siglo XVIII los ingleses controlaron el comercio de esclavos.

Según la bandera de la embarcación, el número de esclavos transportados y vendidos por parte de cada país se repartió así: Portugal, 5.848.266; Gran Bretaña, 3.259.441; Francia, 1.381.404; España, 1.061.524; Holanda, 554.336; Trece Colonias y Norteamérica (a partir de 1783) 305.326; Dinamarca: 111.040.
La trata fue una empresa internacional realizada tanto legal como ilegalmente. Fue ejercida en un principio por mercaderes, compañías mercantiles y desde 1789, tras la liberalización de este comercio, por particulares. Gran Bretaña la prohibió en 1807 aunque el tráfico se mantuvo hasta la década de 1860.
La costa occidental de África, especialmente la zona del Calabar, fue de donde se extrajeron un mayor número de esclavos, y en el siglo XIX las regiones del Índico africano. Los capturados eran conducidos a las factorías (instalaciones fortificadas edificadas en la costa) donde esperaban en los barracones su venta, y eran carimbados (marcados) con un hierro candente. A partir de mediados del siglo XVI, el viaje era directo de África a los puertos americanos. Los navíos eran buques mercantes con una capacidad para entre 200 y 800 personas, y una alta tasa de mortalidad (de hasta el 20%). La duración de las travesías oscilaba entre 30 y 70 días.

El esclavo no fue un sujeto pasivo. No dejó de esforzarse por mantener sus tradiciones y conquistar espacios de libertad. Desde el siglo XVI se produjeron rebeliones, la primera de ellas en La Española (isla de Santo Domingo) en 1521. Algunas se quedaron en revueltas, otras consiguieron marcar un nuevo ritmo en la historia mundial: por ejemplo, la Revolución de Saint-Domingue de 1791, que finalizó con la creación de Haití, en 1804, por exesclavos.
Junto a los esclavizados viajaron tradiciones, alimentos y plantas que en tierras americanas se mezclaron con las culturas indígenas y europeas. Este mestizaje continuo originó nuevas culturas. Eso intentan rescatar y poner en primer plano los emprendimientos de Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World.
Por ejemplo, en América pervive el uso de plantas para curar algunas enfermedades y de alimentos: quimbombó, ñame, ackee, fufú o fricanga. Quizá la música sea el ejemplo más conocido: son muchos los ritmos resultantes de la mezcla, entre ellos el son, la rumba, la bomba, la plena, el biguine, el merengue, la cumbia, el reggae y el bullerengue. Otro aspecto difundido es el sincretismo religioso: cultos como la regla de Ifá, la veneración de Shangó, el Palo Monte, el candomblé o el vudú.

El proyecto La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe muestra la esclavización de millones de africanos y su traslado a América. Conocemos la estigmatización que durante siglos han vivido ellos y sus descendientes, que empleó diferencias físicas superficiales, como el color de la piel, para justificar la esclavitud, la exclusión y el racismo. Estos trabajos intentan que también se conozcan los legados culturales que trajeron con ellos esos 12.000.000 de personas.
La memoria de estos hechos ha quedado silenciada en muchas sociedades quizá intentando borrar el horror de la esclavitud, o quizá tratando de ocultar el origen de algunas fortunas. La obra triple (documental, libro y muestra) contribuye, de alguna manera, a dar a conocer otra parte de la historia y a desmontar y deconstruir los estereotipos para mostrar la circulación de conocimientos, imágenes y representaciones en y del Caribe.
Publicado originalmente en The Conversation.
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