El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suspendió este miércoles durante 60 días la Ley Jones, la norma de 1920 que exige que toda mercancía transportada entre puertos estadounidenses viaje en buques de construcción y bandera nacional con tripulación local. La medida busca amortiguar el encarecimiento del petróleo provocado por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desde que comenzaron las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, indicó que la suspensión permitirá que “recursos vitales como el petróleo, el gas natural, los fertilizantes y el carbón fluyan libremente hacia los puertos estadounidenses” durante ese periodo. La norma suspendida, firmada por el presidente Woodrow Wilson al término de la Primera Guerra Mundial para garantizar la supervivencia de una flota mercante nacional en tiempos de conflicto, cuenta con menos de un centenar de buques en servicio activo que cumplen sus requisitos, según el economista Daleep Singh, de la gestora PGIM. Su suspensión permite que embarcaciones de bandera extranjera operen en el comercio costero estadounidense.
La eficacia de la medida, sin embargo, genera escepticismo generalizado. William Doyle, ex comisionado de la Comisión Federal Marítima durante las administraciones Trump y Obama, advirtió que el impacto será mínimo: si hubiera ahorro, se mediría en fracciones de centavo por galón. Nueve organizaciones sindicales del sector marítimo emitieron una declaración conjunta de rechazo al señalar que el coste del transporte costero representa menos de un centavo por galón de gasolina y que la medida desplaza trabajo a operadores extranjeros sin resolver la causa estructural del alza.

La raíz del problema está en el estrecho de Ormuz, no en la bandera de los barcos. Desde que un comandante de la Guardia Revolucionaria declaró el paso cerrado el 2 de marzo, el tráfico de petroleros se desplomó hasta menos del 10% de sus niveles previos al conflicto, según datos de la firma de inteligencia marítima Kpler. Por ese estrecho transitan habitualmente unos 20 millones de barriles diarios, aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y buena parte del gas natural licuado que abastece a Europa y Asia. El crudo Brent acumuló una subida de cerca del 80% desde el inicio del conflicto, impulsada en gran medida por el bloqueo casi total del tráfico de petroleros en Ormuz, y cerró este miércoles en 107,38 dólares por barril, según datos de ICE Futures Europe.
La jornada estuvo marcada además por una escalada de consecuencias imprevisibles: Israel atacó el yacimiento de South Pars, el mayor campo de gas natural del mundo, situado en la zona costera de Asaluye, en la provincia iraní de Bushehr. Fuentes israelíes describieron la operación como coordinada con Washington. El Ministerio de Petróleo iraní confirmó daños en varias instalaciones y declaró que los incendios quedaron bajo control sin víctimas inmediatas.
South Pars contiene una estimación de 1.800 billones de pies cúbicos de gas y 50.000 millones de barriles de condensados, y la porción iraní representa alrededor del 36% de sus reservas probadas de gas. El campo es contiguo al yacimiento North Dome de Qatar, que provee aproximadamente una quinta parte del gas natural licuado que se comercializa en el mundo.

Irán respondió con ataques y advertencias de represalia directa contra infraestructuras energéticas de la región. Misiles iraníes alcanzaron el complejo industrial de Ras Laffan en Qatar, uno de los mayores centros de exportación de gas natural licuado del mundo, según informó QatarEnergy. La Guardia Revolucionaria publicó además una lista de objetivos adicionales que incluye la refinería Samref y el complejo petroquímico de Jubail en Arabia Saudita, el campo de gas Al Hosn en Emiratos Árabes Unidos y otras instalaciones de Mesaieed en Qatar.
Doha condenó el ataque israelí sobre South Pars como “un paso peligroso e irresponsable” y expulsó a los agregados militares de la embajada iraní en su territorio. Arabia Saudita informó la intercepción de cuatro misiles balísticos durante la noche, con esquirlas que causaron cuatro heridos en Riad y afectaron las inmediaciones de una refinería al sur de la capital.
Para contener el choque petrolero, la Agencia Internacional de Energía activó la mayor liberación de reservas de su historia: 400 millones de barriles, de los cuales 172 millones provienen de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos, que serán distribuidos en 120 días. No obstante, analistas de Rystad Energy calculan que esa cantidad cubre apenas unos cuatro días de consumo mundial, y que cerca de 9 millones de barriles diarios —el 10% de la oferta global— solo pueden circular por Ormuz y seguirán bloqueados mientras no se restablezca el tránsito.
El precio de la gasolina en Estados Unidos subió unos 92 centavos por galón en el último mes, hasta los 3,84 dólares de media nacional, según la Asociación Americana del Automóvil. Sin la reapertura del estrecho, ninguna de las palancas de emergencia activadas por Washington será suficiente para detener la espiral alcista.
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