
La obra de Adriaen van Ostade (1610-1685) fue un canto a su época. Sus pinturas de género ingresaron dentro de una tradición que en los actuales Países Bajos estaba bien consolidada.
Hijo de un tejedor de la ciudad de Ostade cerca de Eindhoven, su verdadero apellido fue Hendricx, pero adoptó este apellido cuando comenzó a pintar. Así también lo hizo su hermano Isaak, un notable artista -para los críticos, el mejor de ambos- pero que falleció muy joven.
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Si bien no hay documentación que lo demuestre, se acepta que fue alumno de Franz Hals, y como éste y otros pintores de las épocas hizo de las experiencias en tabernas, garitos y bares de mala muerte su fuente de inspiración.
Sus escenas de género tienen dos épocas bien marcadas: la de la luz y la oscuridad, pero siempre trabajando alrededor de una paleta de marrones y grises, con tonalidades azules, rojas y verdes. En sus obras hay algo del mundo de Brueghel El Viejo, la mirada detallista para retratar lo ínfimo y lo global, con sus campesinos de fiesta, entre bebidas y baile, personajes pueblerinos pintorescos, como los músicos ambulantes, tal es el caso de El violinista.
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En sus inicios, Van Ostade describe este mundo con cierto rasgo caricaturesco, capturando los momentos más grotescos, haciendo énfasis en la situación y no tanto en el todo. En ese sentido, es innegable que la relación comparativa con Adriaen Brouwer, otro posible alumno de Hals, que fue su contemporáneo y que también indagó en el mundo de la pintura de género, aunque con una mayor finura en cuanto a los espacios.

A partir de la década de 1640, sus escenas evolucionan, poniendo más atención en los elementos anecdóticos, como el mobiliario y los utensilios cotidianos, representados en un mayor detalle. En ese sentido, la obra de van Ostade floreció de adentro hacia afuera, y su vez sus figuras dejan de ser tan caricaturescas, y comienzan a ser individualizadas, a tener su propia vida dentro de la pieza más allá de lo general.
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Otro cambio notable fue como se fue recostando sobre una paleta más delicada, en detrimento de la tonalidad general de sus primeras obras. En eso tuvo mucho que ver la influencia de Rembrandt, también contemporáneo, que llevó la pintura neerlandesa a otro nivel.
El violinista es una obra de su segunda etapa, más detallista, de 1673. Allí muestra a un grupo de campesinos frente a una posada en el campo. El ambiente es alegre, a partir del músico itinerante que se acerca y toca una melodía. Todos, parecen divertirse, y en el medio, un hombre con una jarra de cerveza está sentado en un banco con las piernas bien abiertas. Una mujer en el umbral, posiblemente la casera, se inclina sobre la mitad inferior de la puerta, divertida, escuchando la música, mientras dos hombres más jóvenes, probablemente clientes, también intentan vislumbrar desde el fondo. Varios niños pasan el rato afuera y disfrutan del ambiente.
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En 1752, la pintura terminó en la colección del coleccionista de arte de Govert van Slingelandt de La Haya, luego fue vendido al príncipe Guillermo V de Orange-Nassau . Después de que el ejército francés invadiera los Países Bajos en 1795 y Guillermo V huyera a Inglaterra, su colección de pinturas fue transferida a París como botín de guerra. Pasada la era napoleónica, la mayor parte de la colección fue devuelta al rey Guillermo I, quien la entregó al Imperio. Inicialmente, como antes de 1795, la colección se alojó en la Galería Principice Guillermo Willem V, el primer museo público en los Países Bajos, fundado en 1774. Luego pasaría a formar parte del Museo Mauritshuis, donde se encuentra hoy.
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