La belleza del día: “Las compradoras”, de William Glackens

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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William Glackens
“Las compradoras”, de William Glackens, en el Museo de Arte de Chrysler, Norfolk, EE.UU.

Al estadounidense William Glackens (1870 – 1938) le gustaba retratar la buena vida. Al inicio de su carrera era un realista nato, que elegía escenas de Nueva York o París como inspiración, lo que se dice un artista comprometido con la mirada de la época, aunque tampoco era uno que esperase la aprobación acadimicista, ni mucho menos.

Glackens estudió en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts y luego de viajar por Francia y los Países Bajos se instaló en Nueva York, donde se desempeñó mayoritariamente como ilustrador de revistas.

Como uno de los fundadores del movimiento artístico de la Escuela Ashcan, ese grupo que la prensa denominó “los Ocho Pintores Independientes” o “Los Ocho”, solía exhibir sus obras sin esperar la opinión de el jurado de la institución artística o, más bien, lo hacía como respuesta al rechazo.

En 1908, Los Ocho se presentaron en sociedad en una exhibición después de ser continuamente rechazados de los eventos de la Academia Nacional. El grupo fue bien recibido y ganó reconocimiento, lo interesante sobre ellos que en general no eran pintores a tiempo completo, sino que tenían actividades paralelas, de periodistas a escritores.

Pero el reconocimiento llegó y la obra de Glackens, con esa estética en tonos oscuros se convirtió en referencia. De esa época es Las compradoras, un gran óleo sobre lienzo, una pintura de género de la vida de la clase media en Nueva York. En la pieza aparecen mujeres engalanadas mientras que comrpan vestimentas. Hay tres figuras reconocibles de la época: Edith Glackens, su esposa, está en el centro de la escena, a la izquierda, sentada, se encuentra Lillian E. Travis, entonces una exitosa dama de los negocios -que había comenzado con una panadería que en la actualidad es McConnell’s Catering Service-, y a la derecha, Florence Shinn, una artista estadounidense e ilustradora de libros que se convirtió en maestra espiritual y escritora metafísica.

La pieza de 1907/1908, que se encuentra en el Museo de Arte de Chrysler, Norfolk, EE.UU., es un clásico Glackens, quien luego abandonaría estos tonos para realizar una obra más brillante con una fuerte influencia de Renoir.

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