
Anton Mauve (1838-1888), de quien hoy se cumple un nuevo aniversario de su muerte, fue un destacado pintor holandés, maestro de la Escuela de La Haya y además, sin quererlo, uno de los formadores de Vincent Van Gogh, con quien tuvo una relación conflictiva.
Comenzó su carrera a los 16 como aprendiz de dos pintores especializados en ganado y de caballos, dos temas que serían escenciales a lo largo de su obra. Se destacó rápido y tuvo éxito con muchos compradores. La Escuela se distinguió por su interpretación excepcional de atmósfera y luz cambiantes. “Los artistas intentan, con preferencia, representar el estado de ánimo; y dan prioridad al tono sobre el color ... Han revelado la poesía del gris de una manera sin precedentes”, escribió un crítico holandés en 1875.
Como los pintores de Barbizon, los representantes de La Haya -compuesta también por Josef Israëls, Jacob Maris, Anthon van Rappard y George Hendrik Breitner- trabajaron au plein air, al aire libre, siendo fieles a la tonalidad del campo holandés, afectado por el clima húmedo. Sus obras tuvieron un corte realista.
Para los ’80, abandonó La Haya por la zona rural de Laren. Fascinado por el pueblo y sus familias campesinas como por los trabajadores del campo, comenzó a retratar la figura humana con mayor asiduidad. Mauve enconraba inspiración en lo que consideraba los aspectos heroicos de la vida cotidiana, y trató de representar la naturaleza y la “vida simple” que estaba desapareciendo por la Revolución Industrial y la urbanización.
Entre 1881 y 1882, van Gogh -primo de la esposa de Mauve- trabajó en su estudio. Mauve se convirtió en una influencia para la primera etapa de su trabajo y si bien la relación no fue buena, el autor de Los girasoles siempre lo respetó como artista. Se distanciaron debido a la relación de Vincent con la costurera y prostituta Sien Hoornik, a quien dibujó en varias oportunidades.
Barco de pesca en la playa (1882) es una obra que se encuentra en el Museo de Arte de La Haya, en los Países Bajos. En una carta, Van Goh escribió sobre la pieza: “Hay un malva, la imagen grande del golpe de pesca dibujada en las dunas; es una obra maestra. Nunca escuché un buen sermón sobre la resignación, ni me imagino uno bueno, excepto ese cuadro de Mauve y la obra de Millet. Esa es la resignación, la verdadera, no la de los clérigos. Esos quejones, esos pobres y maltratados quejosos, negros, blancos y morenos; están parados ahí, pacientes, sumisos, dispuestos, resignados y callados. Todavía tienen que arrastrar el pesado bote hasta el último tramo del camino, el trabajo está casi terminado. Detente un momento. Están jadeando, están cubiertos de sudor, pero no murmuran, no protestan, no se quejan, de nada. Lo superaron hace mucho tiempo, hace años y años. Están resignados a vivir y trabajar un poco más, pero si mañana tienen que ir a la matanza, pues que así sea, ya están preparados”.
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