
Edward Hopper (Nueva York, 1882 - 1967) no fue un pintor de fantasía y menos un surrealista. Eso es cierto. Pero encasillarlo solo como realista puede generar, a priori, preconceptos sobre su manera de mirar y entender la realidad.
Hijo de familia de clase media, Hopper ingresó con 18 años a la Escuela de Arte de Nueva York, donde compartió salones con otros pintores destacados de los ’50 como Guy Pène du Bois, Rockwell Kent, Eugene Speicher y George Bellows.
Como muchos pintores antes que él y también posteriores, encontró en París inspiración en obras de otros grandes artistas y en su arquitectura. Pero no eligió la Ciudad de la Luz para vivir, ni tampoco tuvo grandes residencias. Fueron tres viajes entre 1906 y 1910, suficiente.
A pesar de haber vivido en época de vanguardias, eligió su propio camino. Por ejemplo, en 1906 ya existía el cubismo, aunque comentó luego que jamás había oído nada sobre un tal Pablo Picasso en aquella época. Lo que sí asimiló fue el impresionismo, tal como se puede ver en su uso de la luz, la naturaleza y los edificios.
Hopper era un artista que recreaba una realidad que era la suya, que pintaba los puntos de conexión que tenía con sus retratados, como sucede en Nighthawks (Noctámbulos), donde reúne mucho de esto, tanto de realismo como de tristeza.
Noctámbulos comenzó a ser pintado después de Pearl Harbor, el ataque japonés que llevó al país del norte a ingresar en la Segunda Guerra. Hay un desánimo en la obra, propio del momento, como también una metáfora que, según el autor, no fue buscada. El diner de la escena de Manhattan, que ya no existe, no tiene puerta de salida. Están, los personajes, confinados en su desánimo. Hopper negó cualquier intento de expresar ese encierro, aunque admitió que “inconscientemente, probablemente, estaba pintando la soledad de una gran ciudad”.
Dijo que se inspiró en “un restaurante en la avenida Greenwich de Nueva York donde se unen dos calles”, pero la imagen, con su composición cuidadosamente construida y falta de narrativa, tiene una cualidad atemporal y universal que trasciende su lugar particular.
Noctámbulos, que se encuentra en The Art Institute of Chicago, es una de las imágenes más conocidas del arte del siglo XX.
La comprensión de Hopper de las posibilidades expresivas del juego de luces en formas simplificadas le da a la pintura su belleza. Las luces fluorescentes acababan de comenzar a usarse a principios de la década de 1940, y el restaurante que abre toda la noche emite un brillo espeluznante, como un faro en la esquina oscura de la calle. Los cuatro noctámbulos anónimos y poco comunicativos parecen tan separados y remotos del espectador como el uno del otro (lLa mujer pelirroja en realidad fue modelada por la esposa del artista, Josephine Nivision)
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