
Siete años de trabajo y más de 600 entrevistas requirió el historiador estadounidense Benjamin Moser para contar la biografía de Susan Sontag, una de las figuras más importantes de la intelectualidad en el siglo XX. Una mujer infeliz, como la describe el propio Moser, le dio al historiador nacido en Houston la oportunidad de ganarse el premio Pulitzer de Biografía en el presente año, después de haber prometido no volver a narrar la vida de nadie más, tras el esfuerzo que le significó hacer la biografía de la brasilera Clarice Lispector.
Sobre, eso, sobre el ejercicio de contar mundos ajenos, fue que Moser conversó con la cronista ecuatoriana Sabrina Duque, en el marco del Festival Gabo, que, en homenaje al premio Nóbel Gabriel García Márquez se realiza por estos días en Colombia.
En diálogo virtual, desde su casa en París, con la periodista, cronista y traductora ecuatoriana Duque, Moser reveló cómo comenzó a revisar las vidas de otros y, particularmente, la de la escritora brasilera Clarice Lispector. “Yo hablaba español y francés (además de inglés) y quería aprender otro idioma (había intentado con el chino con poco éxito) y decidí, sin mucha reflexión, estudiar portugués; un año después estaba leyendo obras cortas de literatura brasileña y me encontré con La hora de la estrella, que es un libro que ella escribe mientras está muriendo, y yo comparo esa experiencia con una pasión sexual, esa mirada cuando conoces a alguien, ese momento, que es menos que un momento, en que ves a ese alguien y te preguntas quién es”.
Tratando de resolver esa pregunta, el también filólogo y traductor, en aquel momento bordeando los 20 años, decidió viajar a Brasil, por primera vez, en 1996. “Eso fue hace 25 años y todavía estoy hablando de ella”.
Quizás porque lo suyo con la autora de Cerca del corazón salvaje fue amor a primera vista o porque después de publicar Porqué este mundo (Why this World), en 2009, tras unos siete años de investigación y escritura, se sentía cansado de husmear en la vida de los otros, Moser decidió darse un período sabático, que duró poco.
Estaba “jubilado” en Río de Janeiro cuando David Rieff, politólogo e historiador, hijo de Susan Sontag, lo contactó para pedirle escribir una biografía de su madre. Aceptó.

“Yo vivo en Europa, he estado aquí más de la mitad de mi vida, había pasado un largo tiempo haciendo ese libro en Brasil y me hacía ilusión volver a mi país y conocer a la gran figura de nuestra cultura. Me fui a Los Ángeles, donde hay un archivo sobre ella en la Universidad de California y empecé a leer y en cuanto más lees más se van definiendo las preguntas”.
Para Moser, el proceso de hacer una biografía es similar a conocer a una persona viva. “Como cuando te enamoras de alguien, te empiezas a preguntar cómo es la relación con su mamá, qué tipo de música le gusta, qué comida”.
Con el tiempo, explica el escritor, se va revelando el mundo alrededor del biografiado, sus libros, las personas que lo han conocido, sus amigos, su familia y los académicos que han estudiado su obra. “Y te das cuenta de que es como un iceberg, en un momento crees que lo tienes todo, pero descubres que hay una montaña por debajo del nivel del mar y entonces es una cosa personal, porque hay muchas más preguntas y debes dejar algunas preguntas sin respuestas”.
Por eso, porque siempre hay espacios sin llenar, para el estadounidense es claro que su trabajo es solo una versión de la realidad, pero no es la verdad. “No estamos ahí para decir la última palabra, sino para hablar de ellos, para discutir con los personajes, pero sabemos que mucha gente no lo entiende y va a creer que lo que yo digo en mi libro es la última y pura verdad y no es así. Yo quiero que los hechos que pongo en mi libro sean correctos y, hasta donde yo sé, lo son, pero las interpretaciones que yo hago sobre esos hechos pueden ser discutidas”.
Como ejemplo, Moser narra una anécdota de una visita de Sontag a Bogotá, en 2003, para participar en la feria del libro, durante la cual, críticó a Gabriel García Márquez por no denunciar la dictadura de Castro en Cuba. “Provocó un escándalo tal que hasta García Márquez le respondió, él, que nunca le respondía a nadie, ni a los más importantes intelectuales de Colombia. Yo pensé que ella estaba aprovechando su visita a Colombia para quedar en los periódicos, lo que funcionó maravillosamente, esa señora sabía ponerse en las noticias como nadie, ahora veo la historia de otra manera”.

Esa idea, sostiene el biógrafo, de que lo que se lee pretende ser la verdad absoluta, le ha traído no pocos problemas e incluso demandas. “Mucha gente quiere que el personaje sea un santo y a mí, la verdad, nunca me han interesado mucho los santos, me gusta la gente con toda la mierda, los problemas y las inseguridades que todo el mundo tiene porque de una persona perfecta no puedes aprender nada. A mí me han cuestionado mucho haber criticado a Susan Sontag, especialmente por fuera de los Estados Unidos, porque muchos quieren a sus héroes sin mancha, para eso está la virgen María, pero no Susan Sontag”.
Ahora, Moser asegura, de nuevo, que no quiere escribir más biografías. “Tengo 44 años, no soy viejo, pero tampoco tan joven como para dedicarme ocho años a hacer otro libro, porque no me quedarían muchos libros antes de morirme. Me gustaría hacer algo que todavía no he hecho y no seguir haciendo las mismas cosas otra vez; es un riesgo, tal vez, sería más seguro volver a hacer otra biografía, pero no me interesa”.
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