
I
Hay pintores que no se olvidan. Albrecht Altdorfer murió en 1538, hace casi medio milenio, sin embargo su trabajo pictórico sigue deslumbrando, sigue provocando nuevas lecturas y nadie puede bajarlo de la cima del Renacimiento alemán y del lugar que se ganó como mayor representante de la Escuela del Danubio.
Fue uno de los primeros pintores europeos que situó el paisaje como tema autónomo en el centro de su trabajo. Tiene obras verdaderamente impactantes: La batalla de Alejandro en Issos, Cristo en el Monte de los Olivos, Bosque con san Jorge matando al dragón y Crucifixión, Retrato de una mujer joven, sólo por nombrar algunas.
Pero quizás una de las mejores es El baño de Susana, un óleo sobre madera que mide 74,8 cm × 61,2 cm y está en la Pinacoteca Antigua de Múnich —museo estandarte de la pintura antigua mundial—, junto a obras de Leonardo Da Vinci, Tiziano, Rafael, Botticelli, Anton Van Dyck, Rubens, Diego Velázquez, Alberto Durero, François Boucher y Goya, entre otros.
II
Esta obra de Altdorfer aborda un tema muy tratado en la historia de la pintura. Según el Libro de Daniel, en la Biblia, Susana es una hermosa mujer, esposa de Joaquín, un rico e influyente judío en el Exilio Babilónico. Mientras se estaba dando un baño, dos hombres mayores la increparon. Eran jueces, pero no querían hablar de Justicia. Le propusieron obscenidades. Ella los rechazó.
Los dos hombres, dolidos en su orgullo machista, la acusaron de adulterio y la llevaron a juicio. Cuando la estaban por lapidar, el profeta Daniel tuvo una revelación divina: les preguntó a los dos hombres detrás de qué árbol había sido el adulterio. Uno respondió que era un cedro y el otro un roble. Al saberse el engaño, los apedreados finalmente fueron estos dos jueces.
Esta escena fue pintada por muchos artistas: Artemisia Gentileschi en Susana y los viejos (1610), Guercino en Susana y los viejos (1617), Lovis Corinth en Susana bañándose (1890), J. B. Flaugier en La casta Susana (1800). En todas estas obras se hace foco en la violencia de la escena: los rostros monstruosos de los abusadores y la fragilidad de la mujer desnuda. Pero Altdorfer elige otro camino.
III
Además, los protagonistas de la historia representan un lugar muy pequeño en todo este cuadro porque lo que domina la obra, lo que se lleva el verdadero protagonismo, es el palacio. Además, hay muchas personas disfrutando de esa tarde soleada en las instalaciones aristocráticas de Joaquín y Susana. El cuadro tiene una composición notable y un uso del color espléndido.
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