
Cuando Willem de Kooning pisó por primera vez suelo estadounidense tenía 22 años. Había viajado en un barco británico de forma clandestina sin más equipaje que una diminuta valija, casi portafolio. Se subió al buque y rezó en llegar vivo.
Dejó atrás los Países Bajos donde nació, dos padres separados y ocho años de profundo estudio nocturno en la Academia de Róterdam de Bellas Artes. Se bajó en Newport, Virginia, pero no se quedó quieto. Luego fue a Boston, luego a Rhode Island y de allí, en barco, a Nueva Jersey. Corría el año 1926 y y su pasión por la pintura latía cada día con más fuerza.
Empezó de a poco: pintando casas. Comenzaba el día con un impecable traje blanco arriba de una escalera de madera y terminada todo salpicado con el color que su cliente le requería. Al año siguiente se mudó a Manhattan y conoció al pintor armenio Arshile Gorky que no sólo se volvió un gran amigo, también fue quien lo introdujo, paulatinamente, poco a poco, en el arte abstracto.
Lo que sigue es historia conocida. Willem de Kooning escaló hasta la punta de la vanguardia artística. Se volvió un referente del expresionismo abstracto, y del Action Painting, término acuñado por el crítico Harold Rosenberg para referirse al poder gestual de las obras de artistas como Jackson Pollock, Franz Kline y, por supuesto, el propio De Kooning.
Pero en en el pico de su fama, de su maduración artística, decidió alejarse un poco de la centralidad. Corría en año 1963. Pateó el tablero y se instaló en Long Island. En su cabeza rumiaba una sola idea: encaminarsu obra hacia una síntesis de sus primeros trabajos y los que había hecho en las últimas dos décadas, buscando una tercera etapa, la última, la definitiva. Para muchos, la mejor.
Allí, en su estudio de Long Island, pintó Hombre rojo con bigote. La terminó en 1971. Mide más de un metro ochenta. ¿Qué tiene esta obra? A simple vista, colores fuertes, trazos arrebatados, potencia expresiva. En una segunda lectora, presionado por el título, vemos una figura, un cuerpo humano tras una maraña de gruesos empastes. La enorme dimensión del cuadro le dan un carácter más poderoso aún.
La curadora Paloma Alarcó lo describió así: “El espacio pictórico se define a través de una pincelada muy abigarrada, casi claustrofóbica, que no deja ni un solo respiro, ningún hueco, lo que incrementa la abstracción de la imagen”. También hizo referencia al frecuente uso del rojo, “vinculado a sentimientos de pasión y arrebato”.
"Su uso generalizado en esta composición podría entenderse como la necesidad del artista de emitir un profundo alarido que inevitablemente recuerda a las convulsivas deformaciones de las figuras de Bacon”, concluyó.
En la década siguiente, la del ochenta, De Kooning comenzó un lento declive: le diagnosticaron Alzheimer y un tribunal lo declaró incapaz de administrar su patrimonio, por lo que quedó bajo la tutela de su hija en 1989. Mientras tanto, su obra cotizaba a precios exorbitantes. Murió en 1997 a los 92 años en Nueva York. Hombre rojo con bigote está en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, España.
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