
“El alma en la nuca, el vientre altanero, / Lejana, lejana la mirada de ensueño, ausente; / nostálgicos de su paraíso virginal y lujoso, de fuego esplendente, / se agitan convulsos, sensuales, religiosos, brutales, funerarios, / en el paroxismo de un anhelo enjundioso, humano y torpe, incomprendido, / que los embriaga y exalta, cautiva y domina, / y hace presa en su entraña y su mente, su mente oprimida /(...) mientras las negras coquetas se bambolean (...)/”
Esos versos pertenecen a un poema del uruguayo Pedro Figari, “Candombe”. Fue escrito en París, en agosto de 1927 y lleva el nombre de nuestra “belleza del día”, pintada dos años antes. Figari (1861-1938) nació en Montevideo y además de artista plástico fue un destacado abogado, periodista fundador de diarios, educador y político. Su participación en el debate sobre la pena de muerte fue clave para su abolición en Uruguay, en 1907.
Su pintura, una de las más originales y relevantes de Latinoamérica, se caracteriza por el uso de las figuras, el movimiento, la mancha vital y resuelta, los colores vivos y los motivos tradicionales con patios o calles como escenarios y la negritud, la música y el baile como temas dominantes.
En un texto educativo realizado para el Plan Ceibal de Uruguay, se explica la elección de Figari a partir de su propia experiencia en la Montevideo de su niñez y adolescencia, cuando los negros libertos participaban en la mayoría de las actividades de la vida urbana y continuaban realizando sus fiestas públicas. De modo que Figari pintaba así más tarde sus recuerdos de aquellos rituales de una nueva identidad cultural.
Por otra parte, en la década del 20 se iniciaron en el Río de la Plata diversos estudios sobre la raza negra, que buscaban reivindicar aspectos culturales y morales de esa colectividad en la formación histórica rioplatense. Por último, el análisis señala que aunque Figari no participó de las corrientes de las vanguardias, “rescató para su propio lenguaje la tendencia de muchos artistas contemporáneos a descontextualizar el arte negro”, aunque en su caso le otorga valor desde su mirada política y filosófica y destaca el ingenio y la creatividad de esa comunidad.
Fue recién a partir de 1918, luego del fracaso de su proyecto educativo como director de la Escuela de Artes y Oficios que comenzó a dirigir en 1915 con ideas de vanguardia que no prosperaron y de separarse de su esposa, que decidió dedicarse por completo a la pintura.
Tenía casi 60 años y, en su haber, unos pocos apuntes al óleo, retratos y acuarelas muchos años antes, en 1921 viajó con cinco de sus hijos a Buenos Aires para dedicarse exclusivamente a pintar. Fue entonces que encontró entre los escritores e intelectuales de la revista Martín Fierro el ambiente propicio para lo que estaba buscando. En ese tiempo conoció y comenzó su relación de amistad con figuras como Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Ricardo Güiraldes.
En el mismo año 1921 realizó su primera exposición en la Galería Müller junto con su hijo Juan Carlos Figari Castro. En 1925 se trasladaron a París, expuso en la Galería Druet y pronto comenzó el reconocimiento que lo consagró como uno de los más importantes pintores del Río de la Plata. En su taller de París recibió la visita de artistas e intelectuales clave como los escritores Paul Valéry, James Joyce y Alejo Carpentier y los pintores Pierre Bonnard, Édouard Vuillard, Pablo Picasso, Joaquín Torres García y Fernand Léger.
Como pintor intuitivo, retomó ciertas conquistas formales del impresionismo para transformarlas en un estilo personal e irrepetible, del que no se reconocen otras influencias.
Candombe pertenece a la colección del MNAV (Museo Nacional de Artes Visuales del Uruguay).
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