Hace setenta años se publicaba en Buenos Aires El túnel de Ernesto Sabato. Podríamos decir que es la "excusa perfecta" para presentar al hombre cuyas múltiples aristas lo vuelven atractivo más allá de su renombre como escritor. Ernesto Sabato. La muestra El escritor y sus fantasmas fue pensada a partir de cuatro ejes nacidos de esas aristas: el hombre de ciencia, el artista plástico, la figura pública y el escritor de ficción y ensayo.

En 1936 Sabato se doctoró en Ciencias Físico-Matemáticas en la Universidad de La Plata y obtuvo una beca en París, ciudad en la que encontró a artistas y escritores del grupo surrealista como el español Óscar Domínguez quien lo entusiasmó a dejar la ciencia de lado para dedicarse de lleno al arte. Fue la ciencia la que lo llevó a Europa, al centro mismo de la creación artística, la bohemia, la transgresión de los límites para ponerlo otra vez en brazos de su primera pasión: el arte. Aunque Sabato intentó dedicarse a la pintura desde chico, las dudas propias de la adolescencia y las críticas de sus compañeros fueron quizás las que lo arrastraron a estudiar algo más "conveniente" como las ciencias duras.

Hasta fines de la década del cuarenta trabajó como profesor e investigador. A los treinta años abandonó una exitosa carrera científica para adentrarse en la literatura y el ensayo, otras formas de la escritura que lo atraían muchísimo más que la divulgación científica.

Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges
Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges

A su regreso a Buenos Aires ‒luego de su beca en París y de un tiempo en Estados Unidos‒ comenzó a escribir para la revista Sur y publicó el libro Uno y el Universo (1945), en el que reflexiona acerca del realismo y el surrealismo. Este libro es el documento que plasma su transición entre la ciencia y la literatura. Atraído por la idea de la expresión de las emociones y la presencia del yo en la escritura –algo que la ciencia no le había permitido– Sabato se inclinó por la novela psicológica. Sus tres novelas, El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974), indagan y pretenden acceder a los temas transcendentales de la condición humana antes que preocuparse por formar una lógica matemática que funcione con la precisión de un reloj. El manuscrito de El hombre de los pájaros, texto inédito del autor que guarda la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional, será exhibido en la muestra.

Aunque su producción pictórica resulte acotada, puede apreciarse de una profunda intensidad. Entre bodegones, fantasmas y seres alucinados sumidos en un tenebrismo fosforescente, se destaca la serie de retratos de escritores en los que al modo de las genealogías surrealistas trazó su filiación espiritual: Dostoievski, Kafka, Poe, Baudelaire, Nietzsche, Sartre y Virginia Woolf comparten su signo de seres trágicos, desesperados, críticos de su tiempo, introspectivos y provocadores, agudos observadores de la subjetividad contemporánea. La escritura y la pintura fueron dos pasiones constantes a lo largo de toda su vida, aunque la primera la única que le resultó salvadora, en buena medida, de su descreimiento en la humanidad.

Sabato se convirtió en figura pública sobre todo a partir de su labor como escritor, pero también de sus discusiones y expresiones políticas y personales publicadas en diversos medios de circulación masiva. Las discusiones con Victoria Ocampo (acerca de la diferencia entre los sexos) o con Jorge Luis Borges (sobre el peronismo) le dieron cierto reconocimiento. Sin embargo, a partir de sus novelas y del lugar que sus entrevistas ocuparon en revistas de tiradas masivas como Siete Días o Gente, comenzó a acercarse al gran público.

Sabato y Raún Alfonsín durante el momento histórico de entrega del Nunca Más, el informe de la CONADEP (AP)
Sabato y Raún Alfonsín durante el momento histórico de entrega del Nunca Más, el informe de la CONADEP (AP)

Su designación en la presidencia de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y la publicación del Nunca Más en noviembre de 1984 le valieron un reconocimiento definitivo como figura moral. Sin embargo, la figura pública de Sabato no dejó de suscitar una serie de controversias. Una de ellas, en los albores de la democracia, fue la polémica sostenida con Osvaldo Bayer a raíz del almuerzo presidido por Jorge Rafael Videla, al que Sabato asistió en mayo de 1976, en el que alternó algunas frases elogiosas con el reclamo por las detenciones del escritor Antonio Di Benedetto y el arquitecto Jorge Hardoy. Si bien hasta el día de hoy esa discusión permanece abierta, el Nunca Más representó un hito insoslayable. Su valor documental y jurídico se debió a su papel central en la difusión de los atroces crímenes del terrorismo de Estado ejercido por la última dictadura cívico militar.

El almuerzo con Videla fue uno de los puntos más cuestionados de la vida de Sabato. Borges también estuvo allí
El almuerzo con Videla fue uno de los puntos más cuestionados de la vida de Sabato. Borges también estuvo allí

La muestra de la Biblioteca Nacional intenta pintar de manera amplia a uno de los intelectuales argentinos más reconocidos del siglo XX.

"Ernesto Sabato. El escritor y sus fantasmas" (Prólogo de Ezequiel Martínez, director general de Acción Cultural de la BN)

Antes que Adolfo Bioy Casares y Juan Gelman, pero después que Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato ha sido uno de los cuatro escritores argentinos ungidos con el Premio Cervantes, máximo galardón que se concede al conjunto de una obra escrita en castellano. Fue en 1984, apenas unas semanas después de haber entregado el informe Nunca Más en su condición de presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas.

El autor consagrado y el intelectual comprometido con las oscuridades de su tiempo: esas dos condiciones son las que le han valido —con pareja intensidad— la abundancia de los elogios o las desmesuras de la crítica, el reconocimiento de la gente o la indiferencia de la academia, el pedestal que lo ubicó como la conciencia moral de los argentinos o los túneles del personaje angustiado por los conflictos humanos más profundos.

Alejado de las abstracciones de la ciencia que había abrazado como su primera vocación, Ernesto Sabato logró encontrar refugio en la literatura, aunque su obra de ficción solo haya contabilizado tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón el exterminador. La primera recibió las alabanzas de figuras como Albert Camus, Thomas Mann y Pablo Neruda, y con las otras dos se consolidó como una de las voces ineludibles en el panorama de la narrativa argentina del siglo veinte.

El resto de sus títulos tomaron la forma de ensayos, y en ellos desplegó su notable agudeza de pensador. En Antes del fin, una suerte de libro de memorias al que definió como un "testamento espiritual", intentó conjurar los fantasmas de su alma desdichada. Lo escribió en su casa de Santos Lugares, la misma en la que vivió casi toda su vida y que hoy su familia ha convertido en una Casa Museo. "Me consuela que cuando ya no esté, esta casa se mantenga con las puertas abiertas. […] Quiero que todo en la casa quede tal cual está, con sus roturas y con sus paredes medio descascaradas". Parte del valioso material que se conserva en esa casa podrá ser visto en esta exposición en el Museo del libro y de la lengua de la Biblioteca Nacional.

"Muy pocos de los que lo conocieron solo como escritor podían creer que Sabato poseía, además, un sentido del humor sorprendente. Su sarcasmo era letal", escribe Sylvia Iparraguirre en su libro La vida invisible. Y continúa: "Pero esa parte suya la reservaba para pocos y en su casa. No quería empañar su imagen de escritor torturado por las infelicidades del mundo".

¿Qué faceta lo representa mejor? ¿Cuál de todas sus páginas son las que prefieren sus lectores? ¿Hasta qué punto los extremos, que van del físico desencajado al pintor atormentado, completan el crucigrama de su vida centenaria? Son tantas las preguntas y tantos los fantasmas que han girado alrededor de Ernesto Sabato, que esta muestra es apenas un intento de aproximarse a la utopía de radiografiar a un ser inagotable.

 

*Ernesto Sabato. El escritor y sus fantasmas inaugura el jueves 8 de noviembre a las 19 hs. en el Museo del libro y de la lengua, Av. Las Heras 2555 y podrá visitarse desde el 9 de noviembre y hasta el 28 de abril de 2019, de martes a domingos de 14 a 19 hs. 

La muestra incluye la proyección de dos versiones cinematográficas inspiradas en la novela El túnel:

17 de noviembre | 17 hs.
Auditorio David Viñas | Museo del libro y de la lengua 
El túnel (1952), con dirección de León Klimovsky y guión de León Klimovsky y Ernesto Sabato.

24 de noviembre | 17 hs.
Auditorio David Viñas | Museo del libro y de la lengua
El túnel (1988) con dirección de Antonio Drove y guión de Antonio Drove, Carlos A. Cornejo, José A. Mahieu y Ernesto Sabato.