Dos golpes da el maestro sobre el atril con su batuta de plástico y el sonido empieza: una ola acústica que llega a las costas, que las baña y las modifica. Estamos en la Sede de la Dirección Nacional de Organismos Estables, justo en el límite entre Almagro y Balvanera, y la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía ejecuta su arte. Los aquí presentes no pueden menos que aplaudir —sobre el final: todos de pie— para agradecer esa melodía impecable. La orquesta en su conjunto está de festejo: se acaba de firmar un convenio para que la banda tenga una carrera universitaria.

Este convenio de cooperación entre la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y el Ministerio de Cultura permite que el Departamento de Artes Musicales y Sonoras de la UNA empiece a dictar la Carrera de pregrado para la Tecnicatura en Instrumentista Orquestal. No se trata solamente de un reconocimiento a estos músicos, también de brindar "la profesionalización de los artistas, porque los consideramos profesionales de la cultura", comentó frente al micrófono Cristina Vázquez, decana de la Universidad Nacional de las Artes.

Por su parte, el ministro de Cultura de la Nación Pablo Avelluto aseguró que, "detrás de todos los nombres e instituciones, hay historias individuales de mucho empuje", y destacó lo que todos estos músicos ciegos hacen diariamente: "convertir una dificultad en arte". Acto seguido, ambos funcionarios junto a la Directora Nacional de Organismos Estables, Mariela Bolatti, firmaron el esperado convenio: una carrera que no tendrá ningún tipo de aranceles y durará tres años para cada orientación: Violín, Viola, Violoncello, Contrabajo, Flauta Traversa, Oboe, Clarinete, Fagot, Trompeta, Trombón, Corno Francés, Tuba, Arpa, y Percusión.

El hábitat donde volverse más fuerte

A los 7 años, Luis Rodríguez era lustrabotas en la plaza de su pueblo. Un día llegó el sacerdote de la parroquia y, mientras la pomada cubría sus zapatos, le sugirió que se una a la banda a tocar música. "Yo ni sabía lo que era una banda", recuerda ahora. "Afortunadamente, y gracias a Dios, en el único lugar del mundo donde existe una banda de ciegos es en la Argentina, así que no me puedo quejar. Y mi forma de agradecer es trabajando, y agradecer que existe un lugar así para gente como yo", le dice a Infobae Cultura.

Cristina Vázquez, Pablo Avelluto y Mariela Bolatti
Cristina Vázquez, Pablo Avelluto y Mariela Bolatti

La historia de vida de Luis Rodríguez merecería varios párrafos más. Se inició así como trompetista, aunque en 1982 su camino se movió del eje cotidiano. Estuvo en la Guerra de Malvinas, pero lo cuenta con orgullo: "Tuve la suerte de poder servir a mi patria", dice. Quedó ciego a causa de la diabetes pero —como suele decirse en estas historias— nunca bajó los brazos. La música fue más que un sostén, fue un lugar de refugio, el hábitat donde volverse más fuerte. "La idea de profesionalizarse académicamente comienza en una reunión de delegados donde trataban el tema de los fondos de capacitación", comenta quien fue uno de los artífices del proyecto y miembro de UPCN (Unión del Personal Civil de la Nación).

"Ahora tenemos la oportunidad de revalidar el título del concurso y convertirnos en, primero estudiantes universitarios, y después técnico superior en instrumento de orquesta y banda. Cuando las partes se ponen de acuerdo las cosas salen, y cuando tenés un gremio que respalda al afiliado y a las personas a las cuales representa, pasan estos milagros. Esto es un milagro", cuenta con emoción, luego hace una pausa y concluye: "El Ministerio de Cultura nos brindó la posibilidad y el apoyo, también la FoPeCap, nuestro gremio y la gente de la universidad que elaboró un proyecto de acuerdo a nuestra medida y nuestras posibilidades. De hecho las clases se van a tomar con las partichelas en lenguaje braille. Muchas puertas se nos cierran por la discapacidad, y otras se abren, y cuando se abren, se abren bien grande".

Si hay colores no es oscuridad

Esta Banda Sinfónica tiene sus años. Se creó en el año 1939. Su fundador fue Pascual Grisolía, maestro y compositor nacido en Chivilcoy en 1904, del cual hoy lleva su nombre. El año que viene esta destacada orquesta cumplirá 80 años de vida, un número que llega con la buena nueva de la profesionalización académica.

"Es infinitamente enriquecedor trabajar con músicos profesionales que tienen discapacidad visual por muchísimas razones —le dice a Infobae Cultura el maestro Federico Sardella, que se incorporó a la banda a fines del año pasado—. La diferencia técnica de mi trabajo con otras orquestas radica en que ellos me pueden ver, pueden seguir un gesto y la banda no. De manera que en la dirección es mucho más significativo el trabajo que se hace en los ensayos que durante el concierto. En el concierto me limito simplemente en dar dos pulsos para que tengan el tempo para comenzar y en todo caso corregir si se escapa alguna cosita".

Federico Sardella, actual director de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos
Federico Sardella, actual director de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos

Pero es en los ensayos donde, asegura el maestro, "suceden las cosas más milagrosas": "Trabajar con gente ciega permite una profundidad y una búsqueda incansable con respecto al sonido. Tienen un umbral de sensibilidad tan grande que podríamos trabajar horas afinación, colores… mirá qué paradójico que te esté hablando de colores en un organismo cuyos integrantes son ciegos, pero es verdad: son gente muy sensible y muy profesional".

"En un comienzo era más constitutivo de ellos una cosa de contención social para gente discapacitada, pero con el tiempo se fue profesionalizando. Hoy en día la gente ciega tiene un acceso al mundo gracias a la tecnología que hace muchos años no lo soñábamos, de manera que las diferencias entre esta Banda Sinfónica Nacional de Ciegos y una banda sinfónica con gente que pueda ver no son tan radicales en definitiva", concluye Sardella.

El ritmo es lo primero

"Empecé a sentir en mi forma de ser que con la música me podía comunicar". El que habla es Leandro Bedrossian, hoy orgulloso miembro estable de la banda, frente a la cámara de Infobae Cultura. Su historia con la música comienza dos años después de quedarse ciego, a los cinco. Empezó a estudiar batería —el ritmo es lo primero—, siguió con piano y a los 17 se involucró de lleno con el clarinete, instrumento que hoy toca en la orquesta.

"Fines de 2013 fue un sueño hecho realidad: poder encontrar una estabilidad, un trabajo y fue la música. ¿Qué mayor privilegio poder trabajar y ganar el salario de uno de lo que más ama y le apasiona hacer? El 1° de enero de 2014 tuve el privilegio y el honor de ser miembro estable de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía. Al 2015 volví a rendir otro concurso para poder ascender de categoría y hoy estoy como segundo guía de toda la fila de segundos y terceros clarinetes", asegura Bedrossian.

Los solistas al frente, en la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos
Los solistas al frente, en la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos

Y continúa: "El hecho de profesionalizarme es súper importante porque cuando me egresé del secundario me puse a estudiar con un profesor particular con quien estudié seis años seguidos para poder cumplir mi sueño, pero nunca me puse a profundizar en una carrera en un conservatorio. Lo que hay que hacer para hoy no se debe dejarlo para mañana, por eso decidí ponerme a estudiar y a perfeccionarme y poder a la vez crecer en lo personal, en lo musical y poder brindarle un mejor servicio a quienes vienen a escucharnos".

Entonces hace un silencio, busca en su cabeza las palabras que definan sus sentimientos. Las encuentra, o eso cree: "Es venir a disfrutar y a flotar unos centímetros en el aire para poder llegar al público y transmitirle lo que uno siente".

 

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