“Aída” en el Teatro Colón, año 1996
“Aída” en el Teatro Colón, año 1996

Donde debería estar sentado el público, hay oscuridad. En las butacas, los pasillos, los palcos. Estamos en la sala principal del Teatro Colón y parece la boca de un lobo. El escenario también, aunque una luz tenue, fría y casi celestial alumbra fragmentos de la escenografía.

Todo fue diseñado por Roberto Oswald, fallecido en 2013, para la presentación de Aída, el clásico de Giuseppe Verdi que el Colón presentó en 1996. Lo que hoy está sobre las tablas son las mismas piezas gigantescas pero refaccionadas. ¿Y por qué Aída? El gran teatro argentino tuvo una doble inauguración: la primera, en 1857, cuando el edificio estaba frente a Plaza de Mayo, y la segunda donde está hoy. Fue un 25 de mayo de 1908, justamente, con Aída, hace exactamente 110 años. A partir de este domingo, la magia —con sus fantasmas y divinidades— vuelve triunfal y se hará serie: son siete funciones y tres elencos rotativos para interpretarla.

Ahora hay ensayos, obreros trabajando, artistas supervisando los últimos detalles del montaje. Pese a la oscuridad, las últimas miradas están puestas sobre ese monstruo hecho por una enorme cantidad de personas y que, por fin, está listo. Sólo falta el público y que se enciendan las luces. Sólo falta que el telón se abra y los aplausos ansiosos den inicio al espectáculo: una ópera popular.

Póster histórico de 1908
Póster histórico de 1908

Una gran telenovela con música

"Esta obra me genera muchas cosas. Ya la hice muchas veces y esta vez me toca hacerla como director de escena", dice Aníbal Lápiz desde su camarín, luego de recorrer el escenario y con la tranquilidad de que todo marcha bien. "Es una obra muy hermosa —continúa—, es el gran Verdi, todo el tiempo una melodía más hermosa que la otra. Hay acción, es una ópera redonda, completa. No sólo los cantantes, también el coro, cien figurantes, bailarines, solistas… es todo. Parece larguísima y no lo es para nada porque son todos cuadros cortos. Yo siempre digo que es una de las óperas ideales para aquel que se quiera iniciar en este mundo, porque es acción y una secuencia detrás de la otra".

"Estos 110 años le dan un condimento", dice mientras se acomoda los lentes y cuenta que buscó darle "una impronta más moderna" y que preparar tres elencos "fue muy duro, porque además cada artista le da una personalidad. Terminás de ensayar con un elenco y después viene otro, y después viene otro. La misión de uno es hacerlo lo más verosímil posible".

Aníbal Lápiz, director de escena (Foto: Christian Bochichio)
Aníbal Lápiz, director de escena (Foto: Christian Bochichio)

"Casi siempre la ópera es una gran telenovela con música, con una música maravillosa, pero hay veces que los argumentos son bastante endebles, aunque no siempre. Lo que pasa es que está esa música sublime. Además, acá hay una pasión, acá los artistas se juegan. Yo siempre asocié la ópera con el fútbol. Ese amor-odio, ¿viste? Acá pasa con los cantantes: hay gente que va por el mundo a ver ópera. Decide ir a tal ciudad porque va a cantar determinada persona. Creo que eso es interesante", comenta como si aún le sorprendiera esa extraña afición que, en el fondo, también es la suya.

Marcas de puertas abiertas

Sentada en la cabecera de una mesa larga de reuniones, María Victoria Alcaraz toma mate con una pava eléctrica. Es alta, de espalda erguida, ojos claros y gestos firmes. Lleva más de dos años al frente de esta institución que, asegura, le demanda energías pero no la agota. "Este es un teatro fábrica que produce todo lo que necesita para el escenario, y ya hace más de un año que se empezó a trabajar sobre Aída. Esto es mucho trabajo pero también una celebración, una fiesta y una enorme alegría", dice y asegura que se siente "muy honrada" de que le toquen los 110 años. "Lo digo como historiadora, porque es muy importante conocer el pasado y proyectar al futuro: reforzar este nivel, esta calidad, y al mismo tiempo usar herramientas del siglo XXI para que brille más el Teatro Colón".

"El Teatro Colón no es un teatro elitista —sentencia como quien le habla a un ejército de acusadores—, eso es un prejuicio, son ideas de algunas personas que seguramente no lo conozcan. Las entradas del Teatro Colón arrancan en $150, hay muchísima actividad que es gratuita. Uno tiene que relajarse y dejarse atravesar por el arte. Además el Colón no es un lugar adonde siempre van los mismos: hay mucha gente joven, hay ciclos para familias que vienen con niños. El público del Colón se está renovando y nosotros trabajamos para romper esos prejuicios".

María Victoria Alcaraz, directora del Teatro Colón (Foto: Christian Bochichio)
María Victoria Alcaraz, directora del Teatro Colón (Foto: Christian Bochichio)

Ante la pregunta de cómo le gustaría que recuerden su gestión, qué marcas quisiera dejar en la línea histórica de administraciones, responde: "Estamos trabajando con muchos artistas de distintos puntos del país. Eso es una semilla que estamos sembrando para el futuro. Pero también que el Colón salga con sus cuerpos artísticos a otras ciudades, abrir las puertas del teatro para que salga y compartir su excelencia. También que otros públicos que no conocen el Colón vengan, que lo conozcan y que quieran volver. Esos son los tres ejes de nuestra gestión y Dios quiera que quede para el futuro. Una buena gestión para el Colón es una gestión de puertas abiertas".

El remolino impredecible del viento

Cuando Carlos Vieu estudiaba Dirección Orquestal en la Universidad de La Plata, en el Colón había una puesta de Aída. El régisseur era Roberto Oswald, quien "se caracterizó por este tipo de puestas monumentales con estudio histórico, investigación sobre el vestuario y la escenografía, con un nivel de iluminación que es único. Todo el equipo que lo sobrevivió es el responsable de esta reposición", cuenta el actual director de orquesta de la obra, y recuerda: "Yo la venía a ver, me colaba en los ensayos. Esto lo soñé mucho, lo deseé mucho". Una de esas funciones de 1996, decidió traer a su madre para mostrarle qué era lo que tanto le fascinaba. Entonces, mientras el público aplaudía conmovido, él le dijo: "Un día yo voy a hacer esta ópera en este teatro y vos lo vas a ver". Luego de una pausa sentida, Vieu confiesa: "Gracias a Dios la tengo todavía conmigo y lo puede ver".

Carlos Vieu, director musical (Foto: Christian Bochichio)
Carlos Vieu, director musical (Foto: Christian Bochichio)

De camisa clara y zapatillas náuticas, este apasionado de la música cuenta su historia. Y uno quizás llega al final, o en el punto alto; no ve el camino recorrido, que en su caso es tan largo que podría marear. "Mucho tesón, mucha dedicación, mucho sacrificio", resume sobre el final de su currículum, pero también suerte: esos hilos que se mueven solos en el remolino impredecible del viento. Entonces agradece y nombra, entre otras personas, a Enrique Diemecke, actual director artístico del Colón. "En un momento iba a ser él el director de esta Aída, pero con mucha generosidad y charla de por medio, sabiendo lo importante que era para mí, me la ofreció", asegura.

Diez años atrás, 2008, el Colón cumplió 100 años. En ese entonces Carlos Vieu dirigía la orquesta, pero como la sala estaba cerrada porque el teatro permanecía en refacciones, no se pudo hacer. "Yo que pensé que se me había escapado de las manos en ese 2008 y que nunca más iba a venir, en el siguiente aniversario importante del teatro aquí estoy, al frente de la producción, así que es también como una ayuda divina que se me cumpliera ese sueño", dice.

Hacia una ópera popular

Muchos aseguran que la ópera es la resurrección de la tragedia griega clásica, aunque mejorada y adaptada. Dafne de Jacopo Peri —escrita en 1597— es la que se ha identificada como la primera, y sí: surgió en un círculo elitista de literatos florentinos; sin embargo, tras su expansión, se abrieron teatros que popularizaron el género. Por ejemplo, el San Cassiano en Venecia, inaugurado en 1637 —aunque demolido en 1812— por el compositor Benedetto Ferrari, que lo pensó para todo público y económicamente accesible.

“Aída” en el Teatro Colón, puesta del año 1996
“Aída” en el Teatro Colón, puesta del año 1996

"La ópera siempre tuvo una raigambre muy popular —asegura Vieu porque, al ser música con letra, la gente se identifica con algún personaje. Quizás hay géneros como la música de cámara o la música muy contemporánea que puede ser para la gente más especializada y no tiene una salida masiva. Pero la ventaja que tiene la literatura musical que nosotros encaramos es que no pasa de moda. No es como un tema que se pone de moda un verano, explota, está en todas las radios, todos los medios, las propagandas lo usan como tema de fondo, pero a los dos meses de su desaparición ya nadie se acuerda. Esta música a lo mejor está compuesta hace 100, 200, 300 años y se mantiene viva, lo cual habla de una calidad, de una perdurabilidad sin tiempo".

Y continúa: "Cuando vos promocionás algo o hacés una buena oferta, el teatro está siempre lleno. Cuando sacás esta cosas a la calle, se llena de gente. Sobre todo después de lo que sucedió con los tres tenores, hace 25 años (Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo), que salieron a cantar a estadios o en un mundial de fútbol, la ópera se hizo de nuevo lo que era antiguamente: un género muy popular. Pero por supuesto hay costos que son privativos porque es un género caro, hay mucho gasto, de traslado, construcción de escenografía, etcétera, etcétera. Pero sin dudas es el género de la música clásica más popular de todos. Aída para la ópera es el top hit del género. Es como 'Zamba de mi esperanza' para el folklore o el 'ji, ji, ji' de Los Redondos o 'Help' o 'Let it be' de Los Beatles o 'Rapsodia bohemia' de Queen. La prueba es que están las siete funciones al mango".

Roberto Oswald, en el año 2000 (Foto: Arnaldo Colombaroli)
Roberto Oswald, en el año 2000 (Foto: Arnaldo Colombaroli)

En la misma línea, Alcaraz sostiene que "la ópera nació como una expresión artística popular en el siglo XVIII. Muchos teatros europeos no tenían plateas y el público entraba de pie para ver el espectáculo. Pero además la ópera nació para contar una historia, en el siglo XVIII, cuando no había tele, no había cine, no había luz. En un escenario con velas, un grupo de personas actuaban, cantaban y contaban una historia. Generalmente son historias de amor atravesadas por muchas otras cuestiones, con una música magnífica, con vestuario, escenario, escenografía, voces. Esa maravillosa herramienta sigue existiendo aún hoy en teatros como éste".

Lápiz sabe bien que los tiempos que corren no piden permiso para la pausa, la arrebatan con su fugacidad. ¿Dónde ubicar géneros como la ópera que requieren tiempo, atención, reflexión y entrega por parte del espectador? Por eso, asegura que "tenemos que tener prendida la antorcha. Los que amamos esto tenemos que seguir adelante. Yo creo que no va a morir nunca, porque la música de las óperas están escritas por grandes músicos, sobre todo dentro de la mediocridad que hay a veces en la música popular, porque antes la música popular era otra cosa, ¿o no?", dice ,"y eso hace que la gente sea más simple, porque escucha cosas más simples".

“Aída” en el Teatro Colón, año 1996
“Aída” en el Teatro Colón, año 1996

"La ópera tiene un público cautivo", dice Lápiz, y lo explica así: "Entradas para Aída casi no hay más. Son siete funciones. Cuando hicimos Turandot en el Luna Park fueron ocho funciones de ocho mil personas cada una y se llenó siempre. De alguna manera eso es cultura popular. ¿Por qué darle porquerías? Yo creo que la vara tiene que ir siempre para arriba. Porque sino nos achatamos".

"Dentro de la música clásica —concluye ahora Vieu— hay gente pro ópera y anti ópera. Es un género que lo odiás o lo lo amás. Y si entrás no tiene vuelta porque es como una droga de las poderosas, porque además tiene esto de la voz humana, que es el instrumento más perfecto. Pero no como el cantante de rock que tiene un micrófono adelante. Acá el chabón o la chabona que canta se pela durante años estudiando para que su voz sin micrófono llene un teatro y suena arriba de una orquesta de cien tipos sin amplificación. Hay una cosa como atlética".

 

* "Aída" (1871) con música de Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Ghislanzoni
Funciones: domingo 27 de mayo a las 17 horas; martes 29, miércoles 30 y jueves 31 de mayo a las 20; sábado 2 y martes 5 de junio a las 20; el domingo 3 de junio a las 17.
Localidades desde $150 en la boletería del Teatro Colón (Tucumán 1171), por vía telefónica (5254-9100) o por Internet en teatrocolon.org.ar

El espectáculo será proyectado en vivo en una pantalla gigante en la Plaza Vaticano (Cerrito y Viamonte) en directo con entrada libre y gratuita. La trasmisión también podrá apreciarse en distintos puntos de nuestro país
como Mendoza, Jujuy, Corrientes, Mar del Plata, Posadas, Bragado, Esquel y Tucumán.

El sábado 26 de mayo se hará una función especial  con la presencia de más de 100 invitados de todo el país, ganadores del concurso "Buenos Aires invita al Colón", provenientes de 22 provincias argentinas.

Director Musical Invitado: Carlos Vieu
Concepción Escénica y Diseño de Escenografía: Roberto Oswald
Director Repositor: Aníbal Lápiz
Repositor de Escenografía: Christian Prego
Diseño de Vestuario: Aníbal Lápiz
Diseño de Iluminación: Rubén Conde
Coreografía: Alejandro Cervera
Orquesta Estable del Teatro Colón
Coro Estable del Teatro Colón
Director del Coro Estable: Miguel Martínez
Ballet Estable del Teatro Colón
Directora: Paloma Herrera

 

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