“Milei está cada vez más aislado. Y, claro, ellas aprovechan: las tres damas de hierro se mueven rápido para defender su propio juego. Al final la metáfora no estaba tan errada. Pobre jamoncito, ¿no?”.
Una de las personas que mejor conoce al Presidente, pero que por respeto institucional sigue llamándolo por su apellido, analiza una de las aristas más comentadas en la intimidad de los pasillos de la Casa Rosada: es que, según su mirada, el escándalo que envuelve a Manuel Adorni dejó al descubierto que el funcionamiento político libertario es bastante menos vertical que el que intenta proyectar ese mismo ecosistema. Y eso, insiste, puede verse con claridad en los movimientos de tres mujeres audaces que juegan fuerte.
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Ahí está Karina Milei, concentrada en ordenar el tembladeral con su presencia todopoderosa; Patricia Bullrich, que se convirtió en la voz de los que quieren marcar distancia antes de quedar atrapados en el barro; y, finalmente, una Victoria Villarruel que encontró, otra vez, una oportunidad para subrayar desde la banquina institucional cada nuevo tropiezo de un oficialismo al que ya no pertenece. Un trío de líderes decisivas y picantes con tres estrategias distintas ante un primer mandatario que tuvo que salir a gritar “el presidente soy yo” como si necesitara recordarlo y subrayarlo.
Cuando termina de referirse a la secretaria general, a la senadora nacional y a la vicepresidenta de Argentina, el funcionario que narra algunas de las complejidades actuales en el corazón del poder mira al costado como si alguien pudiera estar escuchándolo. La escena resume mejor que cualquier encuesta el estado de los nervios dentro del Gobierno. Un hombre de peso que acepta hablar, pero no en su despacho. Que busca una oficina alternativa que en ocasiones usa como búnker, que pide dejar teléfonos y aparatos electrónicos en un locker bajo la atenta custodia de personal de la Policía Federal y que entonces, recién entonces, suelta lo que no puede admitir cuando declara ante los medios de comunicación: “Adorni es un collar de melones para nosotros y nos está arruinando todo. Tiene que explicar o se tiene que ir. Corta la bocha”. El hermetismo de la charla no es anecdótico: en La Libertad Avanza se vive con miedo permanente a la filtración. Y ese temor “casi stalinista”, define y se ríe de la ocurrencia, marida con una sensación muy extendida en despachos oficiales: lo que más inquieta puertas adentro no es sólo el volumen del problema patrimonial del ministro coordinador sino también la velocidad con que todo lo que pasa por Comodoro Py aparece en los portales y las redes sociales antes de que la Quinta de Olivos pueda procesar la información.
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Con todo, la preocupación ya no pasa únicamente por la causa judicial que investiga presunto enriquecimiento ilícito, por las propiedades, las refacciones con su pileta climatizada y su cascada, los viajes, los gastos en efectivo o la declaración jurada que nunca termina de aparecer. Lo que más inquieta es que hace exactamente 60 días que el caso se devora todo, incluso novedades que LLA pondera positivas como la baja del riesgo país, el alza en las cotizaciones bursátiles, la llegada del Súper RIGI y hasta los fallos que ratificaron la vigencia de la reforma laboral y de la Ley de Glaciares.
Mientras Javier Milei se codeaba con la élite financiera global en el Instituto Milken de Estados Unidos, pero en paralelo se daba el gusto de fotografiarse con el músico Lionel Richie, “El Jefe” tomó un avión en otra dirección. Destino: San Juan. Motivo formal: la Expo Minera más importante del país. Motivo político real: demostrar que hay vida más allá de Adorni. La delegación que armó para el viaje tenía altas dosis de karinismo y una ausencia llamativa: se llevó a Diego Santilli, a Martín “Lule” Menem y a Juan Bautista Mahiques y dejó a su amigo “Manu” en Buenos Aires. Un puñado de gobernadores de distintas extracciones los esperaban: el anfitrión Marcelo Orrego, Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Sáenz (Salta), Carlos Sadir (Jujuy) y Raúl Jalil (Catamarca), decisivos para la agenda legislativa que el espacio libertario necesita destrabar en las próximas semanas y que incluye tópicos sensibles como la por ahora quimera de la eliminación de las primarias.
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El movimiento de Karina tiene dos lecturas. Hacia afuera muestra gestión: agenda productiva, divisas, federalismo, Congreso; en definitiva, el intento de sacar a la gestión del monotema. Hacia adentro, en cambio, el renovado perfil de la hermana del Presidente ratifica algo que el caso Adorni, que no es un funcionario cualquiera en el firmamento violeta, empezó a poner en cuestión: que el poder real no se mudó y que el mando sigue pasando por ella. Por eso, cuando Patricia Bullrich golpea (“quizás no tiene el cuero tan duro”) o apura al vocero (“tiene que hacer un esfuerzo por que esto se termine lo antes posible”), la secretaria general lo lee como un golpe al control que ejerce sobre la botonera entera.

No es la primera vez, y probablemente no sea la última, que la relación entre Karina y Bullrich sufre movimientos telúricos. Hubo recelos por el alto perfil y agenda propia que siempre mostró la ex ministra, tensiones subterráneas durante la campaña legislativa de 2025 y rispideces solapadas cuando la “Hermanísima” le habría vetado recorridas nacionales para promocionar la reforma laboral. Es cierto: también hubo encuentros cordiales en los que ambas acordaron que si alguna vez algo estallaba lo iban a hablar de frente. Pero esa promesa no siempre se cumple a rajatabla.
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El ejemplo más reciente de la tirantez mutua se dio esta misma semana e hizo arder Troya. Si bien la jefa del bloque oficialista en la Cámara alta no pidió la renuncia de Adorni, hizo algo más peligroso para la lógica del primer piso de Balcarce 50: exigió papeles con detalles, en público y sin avisar. La secuencia de sus movimientos es un manual de autonomía política: el lunes llamó a Milei por teléfono para anticiparle su posición sobre el jefe de Gabinete y el miércoles explicitó sus pensamientos en un estudio de televisión. Todo sin advertencia previa ni a Karina ni a la Secretaría de Comunicación.
Los integrantes de su riñón político que estaban cerca de “El Jefe” cuentan que en esos minutos su rostro se desfiguró y que la bronca era palpable. “La verdad, estaba re caliente. Y no es para menos. Hasta acá se necesitaron y eso las hizo convivir, pero este affaire terminó de dinamitar ese equilibrio”, conceden. Y completan su lectura con una sospecha en torno a la imagen de la experimentada dirigente saludando con una sonrisa a Mauricio Macri en la cena de la Fundación Libertad: “¿Coquetea con sus ex socios justo en este momento?”.
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“Hay que destacar que, lejos de incendiar todo, Milei intentó desactivar los misiles cruzados desde Los Ángeles”, confía una fuente libertaria que lo acompañó a su periplo número 17 a la nación que comanda Donald Trump. “El asunto es que una persona que ya ni siquiera es ministra obligó al Presidente a responder y a seguir la agenda que propuso ella. Es raro”, matiza otro de los viajeros.
En los despachos del palacio gubernamental la reacción fue instantánea y no hubo nadie que no se sorprendiera con la jugada. Sin embargo, un nutrido grupo de funcionarios de primera línea reconocía en privado en esas horas frenéticas que Bullrich se animó a esbozar lo que muchos de ellos piensan y no se atreven a decir en voz alta. Hay razones concretas para esa valentía: sus largos años en política, sus votos propios, su buena imagen en los sondeos entre el público liberal. “Hicimos lo que había que hacer. A este punto, a Adorni sólo lo defienden Tronco y Lilia”, ironizan en ese sector, en alusión a Sergio Figliuolo y Lemoine.
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En ese contexto, en la arena digital oficialista no tardaron en encontrar fantasmas al notar que, algunas jornadas antes, el diputado Damián Arabia había publicado en X una foto junto a Bullrich y la también legisladora Sabrina Ajmechet con la leyenda “se vienen cositas”. La respuesta interna no se demoró: la cuenta @mediceneljefe, con precisión quirúrgica para reflejar la narrativa karinista, posteó una foto de Milei con el arquero Roberto Abbondanzieri y el epígrafe: “Qué guerrero el pato”. ¿Mensajes para entendidos?
Aunque el estrés está lejos de disiparse, el equipo entero La Libertad Avanza trató de cerrar otros cinco días hábiles turbulentos con gestos forzados de paz. Uno se dio durante la reunión de gabinete de este viernes, que se prolongó dos horas y media: sin foto de familia pero con la presencia de los Milei y todos los ministros, Adorni y Bullrich interactuaron sin estridencias mientras repasaban la agenda del futuro cercano. La otra señal de concordia se produjo un rato antes de ese encuentro, cuando la senadora caminó el barrio porteño de Villa Lugano con Pilar Ramírez, la mano derecha de Karina en ese territorio que en X quiso dejar en claro que había hecho lo propio el día anterior con Federico Sturzenegger.
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Al revés de lo que le sucede a la ex candidata a presidenta por el PRO, Victoria Villarruel no necesita declarar la guerra: le alcanza, aceptan cerca suyo, con aparecer en el momento justo. Por eso, en el más reciente pico del escándalo, cuando apareció el contratista de la casa del country Indio Cuá dando detalles de las obras que había hecho, la vice eligió publicar una chicana que conectaba directo con el asunto. “Una cascada de éxitos”, le escribió a un usuario en la ex Twitter. Más allá del chascarrillo, su postura sobre la actualidad es clara: ”Karina va a terminar destrozando todo”, le escucharon decir algunos dirigentes que la frecuentan y que le consultaron su opinión sobre la persistencia del jefe de gabinete en su rol.
La vicepresidenta lleva meses en modo recorrida: desde su oficina del Senado, a donde va todos los días, promete completar en breve su visita a las 24 provincias de Argentina; le faltan Chaco, La Pampa y San Juan. La relación entre Milei y Villarruel, se sabe públicamente, se deterioró desde los primeros meses de gestión. Desde entonces construyó una agenda paralela y dejó en claro que no piensa disolverse en el relato libertario. No decide los destinos del país con su ex compañero de aventuras, pero tampoco se fue. Y subraya, ante quien quiera escucharla, que la dirigencia debería entender de una vez por todas que en 2023 la población votó una “fórmula mixta”: “un anarcocapitalista liberal y una nacionalista productivista”. “Javier se la pasa en Estados Unidos y Victoria duerme abrazada a una bandera de Argentina”, comparan a su lado.
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En el Círculo Rojo la observan con atención: ven a una rara avis que mira el desgaste del oficialismo con distancia prudencial. Cada aparición suya funciona como una astilla silenciosa en el relato, pero aún así evita exponerse demasiado. ¿Por qué? ”Si ella habla, se pudre todo. Es consciente de lo lábil que es la lógica del Gobierno y prefiere ser respetuosa y cuidadosa por más que cada tanto se le escape algún dardito”, dice alguien que la frecuenta seguido y que la ve como una “persona sencilla”, “cero casta”, que “labura todo el día en silencio” y que “a la noche saca a pasear a sus perros como cualquier persona normal”. Evidentes tiros por elevación villarruelistas.
Así las cosas, las “damas de hierro” le muestran verdades incómodas a Milei en varios flancos: sectores que quieren ordenar pero no logran controlar, sectores independentistas que marcan diferencias sin romper y sectores que se imaginan futuros complicados en los que el violeta ya no es el color predominante. Y, en el medio, un jefe de Gabinete presionado por la realidad que el mandamás libertario no piensa “ejecutar” pero que se transformó en una bomba que nadie termina de desactivar.
Demasiado para resolver antes del 2027 electoral.
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