Paul Auster: "¿No es extraño que en mi país no exista un museo de la esclavitud?"

Paul Auster, durante la presentación en Madrid de su última novela “4321”. Foto: EFE/J.P.Gandul
Paul Auster, durante la presentación en Madrid de su última novela “4321”. Foto: EFE/J.P.Gandul

Madrid. Especial. Tras siete años de concienzuda escritura, Paul Auster, regresa al panorama literario con 4321 (Seix Barral) una extensa novela (casi 1.000 páginas) que amplía su universo conocido. El escritor estadounidense llega a Madrid algo cansado pero dispuesto a contestar a todo, tras una larga gira por Europa. Cuenta -como si fuera un niño-, que de donde ha venido más impresionado es de Finlandia, por el valor que le dan a la cultura. Auster tiene una mirada profunda y una media sonrisa muy pícara y aunque ha cumplido los setenta, conserva la pasión y la curiosidad de un joven. Se siente a gusto en España. Puede que eso esté relacionado con el momento en que recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006 y que después de eso, pasara una temporada aquí.

Auster es un hombre que se impone al principio y acaba conquistándola a una a los pocos minutos. Hay quien dice que como autor es más querido y valorado en Europa que en su país pero allá donde vaya, su legión de lectores es inmensa. Empezó a escribir poemas a los nueve años pero ya indicaba algo importante: "La poesía ha sido siempre una presencia fundamental mi vida", dice. "Mis primeros cuentos los escribí cuando tenía 10 años. A los 12 le di uno muy largo al maestro y me pidió que lo leyera en voz alta delante de toda la clase".

Los periodistas le esperamos como si fuera una estrella de rock, de pie, agolpados y buscando el mejor sitio para tomarle fotos. En la Fundación Telefónica, en pleno corazón de la madrileña Gran Vía, Auster da una rueda de prensa en la que su esperada y original novela es el eje central de la charla junto al tema de la inmigración y, naturalmente, Donald Trump.
Al sentarse junto a su editora en España, Elena Ramírez, Auster quiso dedicar sus primeras palabras para recordar a su amigo el poeta estadounidense John Ashbery, que acaba de fallecer. "Es un día muy triste. Ha muerto un gran poeta. Era además mi amigo. Releeré el trabajo de John."

4321 son cuatro novelas en una. Para muchos, es su novela más intrigante y conmovedora. Las cuatro visiones de esta historia son protagonizadas por versiones distintas de un personaje llamado Archie Ferguson, un reflejo algo deformado del mismo Auster, que nace como él en 1947 en Nueva Jersey. El tiempo de la novela se desarrolla entre los años 50 hasta principios de los 70, con temas como los derechos civiles y el racismo como trasfondo. Un asunto que ha vuelto a saltar a la actualidad con los sucesos racistas de Charlottesville y que Auster considera "muy preocupante".

Auster dice que empezó a escribir la novela a los 66 años, la edad en la que murió su padre. (Foto: Carolina Isasi Vicondoa)
Auster dice que empezó a escribir la novela a los 66 años, la edad en la que murió su padre. (Foto: Carolina Isasi Vicondoa)

-Esta novela habla sobre muchas cosas pero vayamos una por una… ¿Quería hablar del racismo?

-Si, entre otras muchas cosas pero este es un tema que me preocupa mucho. Históricamente, Estados Unidos no ha llegado a afrontar jamás la cuestión de la esclavitud. Nunca hemos hablado abiertamente sobre ello. Tenemos que educar mejor a los niños en la cuestión de la raza. ¿No es extraño que en mi país no exista un museo sobre la esclavitud? Estados Unidos ha cerrado muchas veces la puerta a la gente de fuera pero es posible que, desde la Guerra de Secesión, mi país no haya estado tan dividido como lo está ahora.

-¿Hay mucho de Archie en usted?

-Archie no soy yo; por supuesto que tiene cosas mías pero no soy yo. Comparto alguna de sus vivencias y de la gente que conoce… Ferguson 1 tiene 36 cochecitos de juguete ¡y yo también los tuve de niño! (ríe con una mezcla de felicidad y de nostalgia)

-Nueva York vuelve a ser un personaje en esta novela.

-Nueva York es mi ciudad. Es un homenaje a ella. La adoro.

-La novela está repleta de connotaciones simbólicas y la figura del padre es esencial.

-Así es. Quería que se publicara cuando yo cumpliera 70 años. La empecé a los 66, la edad que tenía mi padre cuando murió. Vivir más que él me hizo sentir que traspasaba un límite.

Auster, durante la presentación de su novela en Madrid
Auster, durante la presentación de su novela en Madrid

-Las fechas son de gran importancia en esta novela. Además habla de fechas muy exactas con día, mes y año. ¿Era importante para usted?

-Son importantes porque hace poco en Estados Unidos hemos celebrado el 50° aniversario de la marcha de Selma por los derechos civiles pero lo que nadie recuerda es que al día siguiente, Estados Unidos envió a sus marines a Vietnam por primera vez.

-¿Fue llamado a filas de joven?

-Cada hombre joven de mi edad podía ser requerido para el servicio militar. Había muchos chicos que querían luchar y muchos también que estaban en contra de la guerra. La encontraban inmoral y yo era de esos. Así que durante mis años de estudiante sabía que iba a tener que enfrentarme a ir a la cárcel porque me iba a negar a hacer el servicio o tendría que huir a otro país como Canadá, Francia, Suiza, Suecia… como hacían muchos chicos. Pero yo no quería huir. Así que me preparé para ir a la cárcel pero al final no me llamaron. Cambiaron el sistema, que se convirtió en una especie de lotería. Según tu fecha de cumpleaños, te daban un número. Se sabía que si el número era bajo, no tocaba y a mí me tocó el 297, así que me salvé. Y sentí un alivio inmenso ¡Era libre! ¡No tendría que ir a prisión!

-Una vez más el factor suerte.

-¡Exactamente! Eso fue un golpe de suerte.

-¿Tal vez comparten con Archie más vivencias de las que cree?

-(Piensa y sonríe) Puede ser… Archie y yo lloramos leyendo la Odisea, y compartimos el amor por el cine y la música. A todos los Archie les gusta Dickens y eso también comparten conmigo. Archie y yo vivimos los dos el hecho crucial que cambió mi vida: la muerte por un rayo, a los catorce años, de un compañero de campamento. En ese momento me di cuenta de que a cualquiera le puede pasar cualquier cosa en cualquier momento y, desde entonces, sé que el suelo en el que ando, no es sólido. Ese momento ha influido en toda mi vida y en toda mi literatura.

-Alguna vez ha contado también que otro momento decisivo en su vida fue conocer a su esposa, Siri Hustvedt.

-Si, ese fue otro hecho fundamental en mi vida. Si no la hubiera conocido, no hubiera tenido la vida que he vivido hasta ahora. La conocí hace 36 años. Ella había llegado a Nueva York para estudiar en Columbia. Tenía ocho años menos que yo. Había una lectura de poesía en Nueva York. Eran los poemas de una mujer con la que tuve un romance. Estuve dudando si ir, pero me pareció mal no acudir cuando me había invitado. Era en la calle 92, un auditorio inmenso. Estaba muy cansado, acababa de llegar de viaje. Siri fue al mismo lugar con un acompañante, otro alumno de Columbia que casualmente conocía. Me acerqué a saludarlos aunque deduje que su acompañante sería una aventura pero empezamos a hablar y al terminar la lectura, salimos juntos. Pasamos esa noche juntos… Si ella no hubiera ido y si ella no hubiera estado con ese hombre, no hubiéramos hablado y no hubiera sido la vida que he vivido hasta ahora.

Auster y su mujer, Siri Husvedt, tiempo atrás. Están juntos hace 36 años.
Auster y su mujer, Siri Husvedt, tiempo atrás. Están juntos hace 36 años.

-Últimamente hasta se lo conoce casi más como el marido de Siri Hustvedt…

-(Se ríe, sabe tomárselo con humor) ¡Me gusta! Siri es una mujer muy inteligente y me parece muy bien que algunos quieran llamarme así. Siri escribe muy bien y tiene un pensamiento muy inteligente.

-¿Es a ella a la primera a quien le da a leer sus textos?

-No sólo es la primera en leerme sino que muchas noches, casi todas, en la cama le voy leyendo en voz alta lo que he escrito ese día y para mí, su opinión es muy importante. Con esta última estuvo tres días seguidos leyéndola en la cama y dándome sus opiniones. Sus consejos, para mí, son muy importantes.

-Este libro es como una catedral. ¿Ha quedado satisfecho con el resultado final?

-¡Gracias! Nunca quedo satisfecho con el resultado final. ¿Cómo se puede quedar uno satisfecho? Solo sé que leo y releo cada página, corrijo y corrijo, quito párrafos, páginas enteras, reescribo y cuando siento que ya no se me ocurre qué más quitar ni qué más añadir, es cuando pienso que el libro está terminado. Luego intentas recuperarte de ese libro y mejorar para el siguiente.

-Usted contó que a los 13 años leyó todo Camus y gran parte de la obra de Gide, además de a los grandes novelistas rusos. Cándido, de Voltaire, y de manera particular Crimen y castigo, de Dostoievski lo marcaron para siempre.

-Ese libro me trastornó. Jamás había leído nada así; cuando lo terminé decidí que si alguien había sido capaz de crear algo así, yo también quería intentarlo.

-No le gustan las etiquetas, no le gusta que lo consideren el escritor del azar pero, ¿cómo podríamos definir esta novela?

-Creo que nunca he leído un libro con una estructura como esta. Da la sensación de ser una gran novela realista pero no lo es porque a diferencia de las novelas realistas, no hay muchas escenas. Es importante que las primeras palabras del libro sean: "Según la leyenda familiar". Es una narrativa que va rodando, y estamos en otro mundo, en una manera de contar historias a la antigua, una manera de contar historias que precede a la novela. Por su tamaño, se podría comparar con alguna novela de Tolstoi o Dickens, a quienes admiro mucho, pero en el contenido no se parecen. Esta novela es la historia de un hombre en cuatro versiones paralelas. Se me ocurrió un día mientras desayunaba y tomaba un té. Ya había empezado la novela y de repente se me ocurrió esta estructura y elegí cuatro. Es el cuadrado perfecto: cuatro estaciones, cuatro puntos cardinales, cuatro vientos… No tenía un plan maestro. Solo sabía que los cuatro Archie tendrían destinos diferentes. Fui improvisando, lo escribí casi a ciegas, con una sensación de danza, de estar bailando con frases que me empujaban a las siguientes. Cuando escribí la última línea, estaba exhausto.

Hacía 7 años que Auster no publicaba un libro. “4321” tiene casi mil páginas.
Hacía 7 años que Auster no publicaba un libro. “4321” tiene casi mil páginas.

-Imposible no preguntarle por Donald Trump y su gobierno.

– ¿Qué puedo decir? No culpo a Trump de ser el psicópata que es. El gobierno norteamericano alienta la división racial. Lo que entiendo menos es la gente que lo vota. ¡Eso no lo puedo comprender! ¡Es un misógino!

-¿Qué va a escribir ahora?

-Estoy con un ensayo sobre el escritor y periodista norteamericano Stephen Crane (N. de la R.: el autor de La roja insignia del coraje). No puedo contar mucho más… Luego llegará otra novela. Seguro.

 

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