
Un hombre de 62 años en Matanzas, Cuba, que ya sufrió dos infartos, asegura que aceptaría “una intervención, lo que quiera que venga” con tal de que termine la crisis que lo obliga a elegir entre comprar sus pastillas o alimentarse.
Su testimonio, difundido por Árbol Invertido, retrata el drama cotidiano de miles de pacientes crónicos en la isla.
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El hombre vive en la calle Pilar, en el reparto Collazo de Matanzas. En el video que circula en Árbol Invertido aparece con un blíster en la mano y relata que acaba de pagar 500 pesos- unos 20.82 USD- por diez tabletas de clopidogrel, el medicamento antiplaquetario que debe tomar de por vida tras su segundo infarto, ocurrido hace cinco meses.
Diez tabletas de clopidogrel cuestan la mitad de un salario mínimo
El hombre no trabaja de forma estable porque su condición cardíaca se lo impide. Según contó a Árbol Invertido, sale a vender “cualquier bobería” en la calle para reunir el dinero de su tratamiento.
“Yo mismo, que no estoy trabajando, que tengo que salir para la calle a vender cualquier bobería, cualquier cosa para poder comprarme mis pastillas”, dijo el hombre a Árbol Invertido.
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El precio que pagó equivale a cerca del 16% del salario mínimo mensual en Cuba, fijado en 3,210 pesos (133.69 USD) desde julio, de acuerdo con datos recogidos por CiberCuba sobre el mismo caso. La pensión mínima de jubilación, de 3,056 pesos (127.28 USD), resulta todavía más insuficiente frente a ese gasto.
Los medicamentos escasean en Cuba porque las farmacias estatales no logran cubrir ni un tercio del cuadro básico de fármacos, lo que empuja a los pacientes hacia el mercado informal y hacia las nuevas farmacias privadas, donde los precios se fijan libremente.
Para un jubilado o un enfermo sin ingresos fijos, sostener un tratamiento continuo se vuelve, en la práctica, inalcanzable.
Un hombre habla directamente a la cámara grabado en formato vertical y muestra un blíster de medicamentos. Durante la grabación, expresa su descontento por la falta de medicinas y alimentos.
En el video, el hombre niega que el encarecimiento responda al alza del dólar, como le explicaron en el punto de venta, y acusa directamente a quienes revenden los fármacos de aprovecharse de la necesidad ajena.
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“Esto es una necesidad para el pueblo. Para un enfermo, coño, entre la vida y la muerte. Porque si no la tomas, te mueres. Y el Gobierno no la tiene”, afirmó ante la cámara de Árbol Invertido.
El cuadro básico de medicamentos cubano cubre apenas un tercio de la demanda
El reclamo del matancero no es un hecho aislado. El Ministerio de Salud Pública de Cuba mantiene un listado de 603 medicamentos esenciales, de los cuales apenas poco más de un tercio está disponible en la red estatal, según informó la agencia Associated Press.
Unos 400 de esos productos dependen de laboratorios cubanos que a su vez necesitan materia prima importada. BioCubaFarma, la principal empresa del sector, reconoció en junio que no logró fabricar 300 de los 395 medicamentos que tenía comprometidos por falta de insumos del exterior, según la misma agencia.
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La situación se agrava en algunas provincias. En Ciego de Ávila, las autoridades admitieron que las farmacias estatales contaban apenas con el 10% del cuadro básico, un déficit que atribuyeron a problemas logísticos y a la falta de combustible para la distribución.
Frente a ese panorama, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente el desabastecimiento y la existencia de un mercado ilegal donde se revenden productos importados a precios excesivos, aunque atribuyó la crisis al embargo estadounidense, según reportó CiberCuba.
Farmacias privadas habilitadas desde agosto, con precios libres
Como parte de un paquete de 176 medidas económicas aprobadas en junio por el Parlamento, el Gobierno autorizó desde agosto la apertura de farmacias privadas gestionadas por micro, pequeñas y medianas empresas y cooperativas, bajo supervisión del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). A comienzos de septiembre se evaluaban 36 proyectos y 14 ya contaban con autorización, de acuerdo con CiberCuba.
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Esas farmacias operan con precios libres y, según el mismo portal, ya ofrecen productos a valores difíciles de pagar para la mayoría: la cefalexina pediátrica llega a costar 2,000 pesos y algunas vitaminas superan los 3,000 pesos.
El vacío que dejan las farmacias estatales también alimenta las redes de venta informal por WhatsApp y Telegram, además de iniciativas comunitarias gratuitas que reparten medicamentos donados desde el exterior, documentadas por Associated Press en reportajes recientes sobre la crisis sanitaria cubana.
El hombre de Matanzas no confía en que esas alternativas resuelvan su problema. En el video asegura que ya agotó su paciencia frente al desabastecimiento y al costo de sobrevivir con una enfermedad crónica.
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“Ya está bueno de abuso, señores. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando esto?”, preguntó ante la cámara de Árbol Invertido, antes de insistir en que seguirá comprando sus pastillas “busque, robe, lo que sea” para evitar un tercer infarto.
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