
Cuatro de las cinco provincias del este de Cuba quedaron este jueves sin electricidad después de una falla en el sistema de transmisión que provocó la desconexión de amplias zonas del territorio, informó la estatal Unión Eléctrica de Cuba.
Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo quedaron fuera de la red eléctrica nacional tras registrarse una “oscilación en las líneas de transmisión”, según el reporte oficial.
El incidente provocó además la salida abrupta de servicio de las tres centrales termoeléctricas que abastecen al oriente de la isla.
Entre las instalaciones afectadas se encuentran la Unidad 1 de la central termoeléctrica Lidio Ramón Pérez “Felton”, la Unidad 6 de la Diez de Octubre, la Unidad 2 de la Ernesto Guevara de la Serna y la Unidad 6 de la Antonio Maceo.
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El corte alcanzó una región donde viven aproximadamente 3,4 millones de personas. Se trata del segundo apagón parcial registrado en agosto, después de que el pasado 1 de agosto alrededor de 4,5 millones de cubanos en siete provincias quedaran sin suministro.

El apagón se produjo el mismo día en que la UNE había anticipado una nueva jornada de fuertes restricciones en todo el país. Para el momento de mayor consumo, durante la tarde y la noche, la empresa calculó que tendría disponibles apenas 1.170 megavatios (MW) frente a una demanda estimada de 3.200 MW.
La diferencia, de 2.060 MW, representa la cantidad de suministro que el sistema debía interrumpir para evitar una caída descontrolada de la red. En el escenario previsto por la compañía estatal, hasta 64% del país podía quedar afectado simultáneamente durante el pico de consumo.
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Las termoeléctricas aportan aproximadamente 40% de la matriz energética cubana y dependen en buena medida del crudo producido localmente. Otro 40% corresponde a plantas que utilizan diésel y fueloil importados, cuya operación se ha visto golpeada por las dificultades para conseguir combustible y por la falta de divisas.
La interrupción se produce en medio de la grave crisis energética que atraviesa Cuba, marcada por frecuentes apagones, dificultades para garantizar el suministro de combustible y una infraestructura eléctrica deteriorada.
La interrupción ocurre además en un escenario de presión económica y política sobre el régimen cubano por parte de Washington. La crisis energética se ha convertido en uno de los principales problemas para la población, con jornadas de cortes que afectan los hogares, el transporte, las comunicaciones y la actividad comercial.
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En La Habana, algunos residentes han comenzado a pasar las noches en azoteas, portales, parques y otros espacios abiertos para aprovechar el aire disponible durante las horas más calurosas.
Alexis Miján, un residente de 59 años de Centro Habana, comenzó a dormir en la azotea de su edificio junto con su hijo ciego después de que los apagones se agravaran. Con el tiempo, otros vecinos adoptaron la misma alternativa y el techo terminó convertido en un espacio común para pasar la noche.
“Casi todo el edificio vino para acá” a dormir, relató Miján. Las familias se distribuyen los espacios disponibles entre depósitos de agua, tuberías y otras estructuras del edificio.
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La rutina se repite cuando cae la noche: los vecinos suben con sábanas, almohadas y colchones improvisados y permanecen allí hasta el amanecer. La escasa iluminación de la ciudad durante los cortes deja amplias zonas sumidas en la oscuridad, mientras algunos generadores privados funcionan de manera intermitente.
“No le veo fin a esto”, lamentó Miján, quien trabaja actualmente como almacenero después de haber ejercido como profesor de Sociología.

Una crisis que golpea los servicios básicos
Las azoteas no son el único refugio. En distintos puntos de La Habana, residentes buscan espacios abiertos para soportar las noches sofocantes. El Malecón, uno de los lugares más emblemáticos de la capital cubana, también se ha convertido durante algunas noches en un sitio donde personas intentan descansar aprovechando la brisa marina.
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La escena refleja hasta qué punto los cortes de energía han alterado la vida diaria de los cubanos. La población debe adaptar sus horarios y rutinas a la disponibilidad de electricidad, mientras los problemas de generación repercuten también sobre otros servicios esenciales.
La crisis energética se desarrolla además en un contexto de fuertes restricciones económicas y escasez de combustible. El régimen cubano ha atribuido parte de las dificultades a las sanciones estadounidenses.

Con una población de unos 9,4 millones de habitantes, Cuba enfrenta así una de sus situaciones energéticas más graves de las últimas décadas. El apagón registrado este jueves en el oriente del país vuelve a evidenciar las dificultades para mantener estable una red eléctrica sometida a una creciente presión.
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