
El exceso de velocidad y la conducción bajo los efectos del alcohol continúan siendo dos de las conductas más peligrosas en las carreteras costarricenses y las cifras del primer semestre del año vuelven a evidenciar el alto costo humano que generan estas imprudencias.
De acuerdo con los datos de las autoridades de tránsito, 330 personas perdieron la vida en accidentes de carretera durante los primeros seis meses del año, una cifra que mantiene la preocupación por el comportamiento de los conductores y el incumplimiento de las normas de seguridad vial.
Las estadísticas revelan que 115 de esas muertes estuvieron directamente relacionadas con el abuso de velocidad, consolidando esta conducta como la principal causa de fallecimientos en carretera en Costa Rica. En segundo lugar aparece la invasión de carril, responsable de 60 decesos, generalmente asociados a adelantamientos indebidos o maniobras temerarias que terminan en colisiones frontales de alta gravedad.
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Precisamente, los controles realizados por la Policía de Tránsito durante este período reflejan que estas conductas continúan siendo frecuentes. En total, los oficiales confeccionaron 2,254 multas por abuso de velocidad, distribuidas entre las diferentes categorías de exceso contempladas por la legislación nacional.
A ello se suman 1,527 boletas impuestas a conductores que adelantaron en curvas, puentes, intersecciones o invadieron el carril contrario cuando existía una línea de barrera continua, infracciones consideradas de alto riesgo por la posibilidad de provocar accidentes con consecuencias fatales.
Las autoridades recuerdan que tanto el exceso de velocidad como los adelantamientos indebidos reducen el tiempo de reacción del conductor, aumentan la gravedad de los impactos y disminuyen considerablemente las posibilidades de sobrevivir cuando ocurre un accidente.
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Alcohol sigue presente en las tragedias
Otra de las conductas que continúa generando preocupación es conducir después de consumir bebidas alcohólicas.
Durante el primer semestre del año, cuatro personas murieron en accidentes de tránsito relacionados con conductores que manejaban bajo los efectos del licor, una cifra que evidencia que esta práctica sigue teniendo consecuencias fatales pese a las campañas de prevención y los constantes operativos policiales.
Como parte de los controles efectuados en carretera, 897 conductores fueron remitidos al Ministerio Público por presentar niveles de alcohol que constituyen un delito, por lo que ahora enfrentan procesos penales que podrían derivar en sanciones judiciales, suspensión de la licencia e incluso penas mayores dependiendo de cada caso.
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Paralelamente, 149 conductores recibieron sanciones administrativas por conducir bajo los efectos del alcohol sin alcanzar el límite penal establecido por la ley.
Cada uno de ellos fue castigado con una multa de ¢363,000 (USD 805), además de la acumulación de seis puntos en su licencia de conducir, una sanción que puede acercarlos a la suspensión del permiso si reinciden o acumulan nuevas infracciones.
Las autoridades insisten en que ninguna cantidad de alcohol es compatible con una conducción segura, ya que incluso pequeñas dosis afectan la capacidad de reacción, disminuyen la concentración y alteran el juicio del conductor al momento de enfrentar situaciones de riesgo en carretera.
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Llamado a cambiar conductas
Las cifras del primer semestre reflejan que muchas de las muertes registradas pudieron evitarse si los conductores hubieran respetado las normas básicas de tránsito.
Por esa razón, la Policía de Tránsito reiteró el llamado a reducir la velocidad, respetar las señales viales, evitar adelantamientos peligrosos y, sobre todo, abstenerse de conducir después de consumir bebidas alcohólicas.
La institución recordó que detrás de cada accidente fatal hay familias que enfrentan pérdidas irreparables y comunidades afectadas por hechos que, en muchos casos, pudieron prevenirse mediante decisiones responsables al volante.
Además, insistió en que los operativos de control continuarán desarrollándose en todo el país con el objetivo de detectar a conductores que representen un riesgo para los demás usuarios de las vías y reducir la incidencia de accidentes graves.
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Las autoridades recalcaron que cumplir con los límites de velocidad, mantener una conducción prudente y designar a un conductor sobrio cuando se consuman bebidas alcohólicas son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia entre llegar con seguridad al destino o convertirse en parte de las estadísticas.
Bajo ese mensaje, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) mantiene activa su campaña preventiva con un llamado directo a la ciudadanía: “Pórtese bien, es por su bien; nada cuesta”, recordando que la responsabilidad individual sigue siendo la herramienta más efectiva para salvar vidas en las carreteras costarricenses.
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