A la propia fuerza del producto que se obtenga y de los testeos positivos que la lleven a buen puerto, se suma el necesario compromiso comunitario para que la población asuma la responsabilidad de aplicársela (AP)
A la propia fuerza del producto que se obtenga y de los testeos positivos que la lleven a buen puerto, se suma el necesario compromiso comunitario para que la población asuma la responsabilidad de aplicársela (AP)

Tal como expresara un reciente informe en torno a la eficacia de una posible vacuna para detener al coronavirus con suficiente fuerza como para derribar paradigmas de distanciamiento social o el uso de barbijos, el resultado efectivo ha de considerarse entre el 70 y el 80%. A la propia fuerza del producto que se obtenga y de los testeos positivos que la lleven a buen puerto, se suma el necesario compromiso comunitario para que la población asuma la responsabilidad de aplicársela.

En una investigación llevada a cabo en conjunto por Reuters e Ipsos se determinó que la mayoría de los estadounidenses se darían la vacuna contra el coronavirus si se consideraran seguros con su aplicación. Tres cuartas partes de los habitantes de Estado Unidos adoptarían una vacuna contra el coronavirus después de recibir ciertas garantías de que es segura, y otro 9% la tomaría tan pronto como estuviera disponible.

El fuerte apoyo se produce simultáneamente cuando emergen los manifestantes contra la vacunación repitiendo un temor reiterado, pero científicamente infundado entre los escépticos de las vacunas de que incluso los tratamientos que se han sometido a pruebas rigurosas aún podrían ser peligrosos. En el proceso de investigar cómo se había enfrentado el mundo a las pandemias en el pasado, los grupos detractores se percataron de cómo fueron combatidas, precisamente con vacunas. Este camino ha determinado que cada vez en más países, como el Reino Unido y Francia, donde ciertos cuestionamientos sobre las vacunas habían emergido con fuerza, se comenzaran a suavizar, según una encuesta realizada para el Vaccine Confidence Project, un grupo de investigación de la London School of Hygiene and Tropical Medicine.

La especialista Heidi Larson, responsable a cargo de dicho proyecto, indicó que “a medida que se registró un aumento en el número de muertes por coronavirus, creó la conciencia pública de su gravedad, la gente estaba más dispuesta a aceptar una vacuna. Creo que definitivamente está provocando que la gente reconsidere muchas cosas”.

La necesidad de adquirir inmunidad comunitaria frente a COVID-19 y la posibilidad de que existan sujetos que rechacen la vacuna, pone en jaque el futuro escenario de regreso a la antigua normalidad (REUTERS)
La necesidad de adquirir inmunidad comunitaria frente a COVID-19 y la posibilidad de que existan sujetos que rechacen la vacuna, pone en jaque el futuro escenario de regreso a la antigua normalidad (REUTERS)

Especialmente durante el año pasado emergió una peligrosa intención de no vacunar a los niños. Sin embargo la gran mayoría, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibe sus dosis adecuadamente. Aún así, los reportes de los diferentes servicios de salud, han empezado a informar de un patrón alarmante que indica una intencionalidad en disminución por parte de los adultos a cargo.

Según datos brindados por el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, apenas 33 de 149 municipios cumplieron su objetivo de vacunación del 95%. Simultáneamente durante 2019 Estados Unidos registró el mayor índice de casos de sarampión desde de las últimas tres décadas, entre personas que no fueron vacunadas. También durante el año pasado el Reino Unido perdió la designación de la OMS respecto de su condición de “libre de sarampión”.

Independientemente de la preocupación habitual por la efectiva vacunación de los niños, un informe de UNICEF advirtió que más de 117 millones de ellos están en riesgo por no recibir las dosis que les corresponden en virtud de la pandemia. “Incluso con todo lo que está sucediendo, las enfermedades usuales aún existen. No han desaparecido”, explica Deepa Sharma, doctora del Centro de Medicina Familiar de West Kendall Baptist Hospital.

Independientemente de la preocupación habitual por la efectiva vacunación de los niños, un informe de UNICEF advirtió que más de 117 millones de ellos están en riesgo por no recibir las dosis que les corresponden en virtud de la pandemia (REUTERS)
Independientemente de la preocupación habitual por la efectiva vacunación de los niños, un informe de UNICEF advirtió que más de 117 millones de ellos están en riesgo por no recibir las dosis que les corresponden en virtud de la pandemia (REUTERS)

En concordancia con el tránsito habitual de las enfermedades que requieren vacunas para mantenerse a raya, la necesidad de adquirir inmunidad comunitaria frente a COVID-19 y la posibilidad de que existan sujetos que rechacen la vacuna, pone en jaque el futuro escenario de regreso a la antigua normalidad. Una encuesta del Ifop para el proyecto Coconel (Coronavirus y Contención, que estudia la epidemia) realizada a finales de marzo de este año muestra que más de una cuarta parte de los franceses interrogados (26%) no querría vacunarse contra el coronavirus si existiera una vacuna. A estos encuestados también se les preguntó si estaban vacunados contra la gripe. Sólo el 29% lo ha había hecho. El porcentaje de rechazo es mayor (39%) entre los jóvenes de 26 a 35 años, un grupo de edad que tal vez -equivocadamente- piensa que no se verá afectado por la COVID-19 en su forma más grave.

Un estudio de 2019 afirma que un tercio de los franceses piensa que las vacunas no son seguras. Con cada vez menos personas vacunadas, el nivel de inmunidad de la población ha disminuido. Algo similar podría enfrentarse si el compromiso internacional frente a la vacunación de COVID-19 no implica al porcentaje necesario de la población que asegure inmunidad.

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