
Colombia sufrió un duro golpe en la Billie Jean King Cup 2026, cuyo Grupo I de las Américas se disputó en Ibagué, donde el equipo nacional no solo perdió la opción de ascenso, sino que descendió al Grupo II tras perder con Chile el 11 de abril, por marcador de 2-0.
La tenista María Fernanda Herazo lanzó duras críticas al conjunto nacional por su fracaso, asegurando que la caída en esta edición del certamen es una muestra de la poca evolución en la rama femenina, pese a tener figuras como Camila Osorio y Emiliana Arango.
En declaraciones entregadas a Infobae Colombia, la deportista entregó un análisis de lo ocurrido en Ibagué, cuestionó a la Federación Colombiana de Tenis no solo por la preparación del equipo, sino por todo el proceso que ya venía fracasando en otros torneos y se arriesga a resultados peores en el ciclo olímpico a Los Ángeles 2028.

Usted como la colombiana más veces ganadora en el World Tennis Tour de la Federación Internacional de Tenis y quien jugó en la Billie Jean King Cup logrando el ascenso de local en Cúcuta, ¿cómo analiza lo ocurrido en la Billie Jean King Cup en Ibagué?
Lo que pasó en Ibagué no es una sorpresa. Es la confirmación de algo que vengo diciendo hace tiempo: el tenis femenino colombiano está en cuidados intensivos. No hay estructura, no hay recambio generacional y seguimos dependiendo de una o dos jugadoras para sostener todo un proceso.
Perder el ascenso en casa, con un grupo accesible, no es un accidente. Es una consecuencia del proceso deportivo que vive el tenis femenino del país.
¿A qué se refiere exactamente con que el tenis femenino colombiano está en cuidados intensivos?
A que no hay muchas tenistas en el fondo, no hay base sólida y no hay relevo. No se ve una generación joven empujando con fuerza, compitiendo de verdad, preparada para asumir responsabilidades cuando faltan las principales jugadoras.
Mientras otros países vienen trabajando con juveniles que ya compiten con personalidad y con roce internacional, en Colombia seguimos dependiendo de los mismos nombres de siempre. Y cuando una pieza falta, todo se desmorona.
Eso no es casualidad. Eso es falta de planificación.
¿Cree que lo de Ibagué fue solo un mal resultado o una señal de algo más profundo?
Es una señal clarísima de algo mucho más profundo. Esto no empezó en Ibagué, ni termina en Ibagué.
No se logró ganar el J300 de Barranquilla en 2026. No se logró ganar el WTA de Bogotá en 2026. Y ahora no se logra ascender en la Billie Jean King Cup. Cuando uno junta todos esos hechos, queda claro que no estamos hablando de casualidad, sino de una tendencia preocupante.
El problema no es perder un torneo. El problema es que se acumulan las señales y nadie quiere ver el diagnóstico real.

¿Influyó la localía en esa derrota?
Yo creo que sí, pero no como ventaja, sino como una falsa sensación de tranquilidad. Se pensó que jugar en casa, sobre arcilla y con el respaldo del público, hacía que todo estuviera bajo control. Y no fue así.
En estas competencias no gana el que tenga el mejor escenario. Gana el que tenga más carácter, más convicción y más preparación para soportar la presión y enfrentar los partidos. Y Colombia no mostró eso en el momento más importante, por lo que demuestran los resultados.
¿Qué deja esto de cara a los próximos eventos del ciclo olímpico?
Deja una alerta muy seria. Este año vienen los Juegos Centroamericanos, donde Colombia defiende tres medallas de oro, y los Juegos Suramericanos, donde se defienden dos medallas de oro.
Con lo que se vio en la Billie Jean King Cup, es evidente que esas medallas hoy no están garantizadas para nada. Al contrario, están en riesgo.
Y si además miramos los últimos Juegos Bolivarianos, el panorama es todavía más preocupante. En femenino, se pasó de ganar oro en sencillos y oro en dobles a no ganar ningún oro. Es decir, se dejaron de ganar todas las medallas de oro femeninas que antes se tenían. Esa caída es demasiado fuerte como para seguir maquillándola. Y el nivel no es que sea imposible; creería que incluso es inferior a lo que ha sido históricamente.
¿Entonces, esto no es solo un problema del equipo de Billie Jean King Cup?
No, para nada. Sería muy cómodo reducir todo a una sola semana o a una sola competencia.
Lo que pasó en Billie Jean King Cup es apenas una expresión visible de una crisis más amplia del tenis femenino colombiano. Lo preocupante es que no hay un recambio generacional serio, no hay profundidad y no hay señales de que se esté construyendo algo sólido hacia adelante.
Por eso hablo de cuidados intensivos. Porque si revisa la estructura completa, se da cuenta de que el problema no es solo deportivo, sino también de dirección.
¿Qué tanta responsabilidad tienen la Federación y los que toman las decisiones?
Tienen muchísima responsabilidad. Esto no se explica solo por el nivel de una u otra jugadora. Aquí hay decisiones, procesos, prioridades y omisiones que terminan teniendo consecuencias.
Cuando un país no logra renovar, no logra sostener resultados y empieza a depender emocional y competitivamente de unas figuras, eso habla de una falla estructural. Y las fallas estructurales no nacen solas.
Acá pasa algo. Y lo que pasa a muchos no les conviene que se sepa.

¿Qué quiere decir con esa frase?
Basta con mirar los resultados, ver la ausencia de relevo, revisar cómo se manejan los procesos y entender que llevamos varios golpes consecutivos.
Cuando uno pone todo eso sobre la mesa, la conclusión es evidente: hay un problema de fondo. Y muchas veces pareciera que incomoda más que se diga públicamente a que realmente se corrija.
¿Siente que se ha intentado vender una imagen mejor de la que realmente existe?
Sí, muchas veces sí. Se ha querido sostener un discurso de tranquilidad, de normalidad y hasta de progreso, cuando los hechos no respaldan eso.
Yo creo que al tenis femenino colombiano se le ha hecho daño maquillando la realidad. Porque mientras más se niegue el problema, más se retrasa la solución.
No necesitamos triunfalismo. Necesitamos autocrítica, trabajo serio y decisiones valientes.
Cuando no hay cinco o seis jugadoras jóvenes listas para competir, cada lesión, cada ausencia, cada bajón de nivel de una referente se convierte en una crisis nacional.
Un país que quiere ser competitivo no puede depender eternamente de una sola jugadora o de una sola camada. Tiene que producir relevo, acompañar y dar herramientas reales para crecer.
Hoy Colombia no está mostrando eso en femenino, y ese es uno de los problemas más delicados.

¿Se está pagando hoy la falta de visión de años anteriores?
Totalmente. Estas cosas no aparecen de un día para otro. Lo que estamos viendo hoy es el resultado de años sin construir una base sólida, sin desarrollar una transición real y sin preparar a tiempo a las jugadoras que debían venir detrás.
En el alto rendimiento, lo que no se trabaja con anticipación se termina pagando caro. Y eso es exactamente lo que está pasando.
¿Qué debería pasar ahora?
Lo primero es dejar de negar la realidad. Lo segundo es entender que esto no se arregla con un discurso bonito ni con una convocatoria puntual.
Hay que revisar de verdad qué se está haciendo con el tenis femenino colombiano, cómo se están formando las jugadoras, qué oportunidades reales tienen, qué competencias están jugando, qué acompañamiento reciben y cuál es el plan de recambio.
Porque si no se toman decisiones serias ahora, lo de Ibagué no va a ser una excepción: va a ser apenas un anticipo de lo que viene.
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