
La trayectoria de Alias La Negra, quien fue sicaria de Pablo Escobar en Medellín durante los años más críticos del narcotráfico, revela las redes informales y la infiltración de las bandas en instituciones públicas.
A través de su testimonio, se reconstruye cómo una combinación de precariedad económica y falta de oportunidades derivó en la participación directa en estructuras criminales, donde los uniformes policiales robados y el conocimiento de la vida cotidiana de los agentes jugaron un papel central para ejecutar asesinatos y operaciones encubiertas.
En diálogo con el programa Más Allá del Silencio, La Negra relató que su ingreso al entorno criminal respondió a una cadena de necesidades materiales no resueltas: “En la necesidad también de salir adelante, porque (...) uno nunca estudió. Yo quedé embarazada y yo nunca estudié. Y mi esposo tampoco trabajó por ningún lado y que él quería ser boxeador y yo no sé si eso daba para comer o no”, declaró.
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Esta situación precipitó su acercamiento a Prisco, lugarteniente de Escobar, y marcó el inicio de una colaboración con el Cartel de Medellín.
Durante la conversación, el dato de mayor especificidad apunta a los métodos de infiltración y manipulación institucional. La Negra explicó que su esposo, incitado por Prisco, ingresó a la Policía con fines ilícitos, y que a través de él accedieron a una gran cantidad de uniformes oficiales: “Yo recogí por ahí veinticinco uniformes completos de la policía. Y eso le sirvió mucho a Prisco para entrarse a muchas partes a hacer su vida de bandido”, afirmó la entrevistada al programa.
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Alias La Negra describió el proceso en el cual los uniformes robados permitían a los miembros de la organización simular operativos policiales, ingresar a viviendas y ejecutar asesinatos o asaltos disfrazados de allanamientos. “Todos se volvieron policías y a la hora era entrar allanamientos o a, o a gente o como te digo, a lo que saliera”, detalló sobre la dinámica de acción del grupo.

El testimonio de Alias La Negra da cuenta de la fragmentación entre la vida cotidiana y la estructura criminal, al narrar cómo sus primeras tareas estuvieron directamente vinculadas al asesinato de agentes de la policía. “Mi primer trabajo puede ser como en los tombos. Como en los tombos, cuando los pagaban. Entonces, ay, mi hija, ella me lo trae y pam, pam y cobre. También había otro amigo que había que irle a decir en tal dirección, en tal dirección, ese es el mío. Entonces nos pagaban”, relató sobre la lógica interna de las ejecuciones.
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Según el dato numérico más preciso, la tarifa que recibían por asesinar a un policía oscilaba entre “un millón, como tres millones. Y en ese tiempo era mucha, muy buena plata, porque en el 87, en esos, es que la plata era de las buenas y, y había mucha plata, pero había que trabajar”, afirmó a Más Allá del Silencio.
Alias La Negra, sicaria de Pablo Escobar en la década de los ochenta, detalló que por cada asesinato de policía recibía entre un millón y tres millones de pesos de la época. Los uniformes sustraídos a la fuerza pública les permitían simular allanamientos y facilitar así las operaciones encargadas por la organización de Prisco.
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El conocimiento de las rutinas y relaciones de los agentes hizo posible identificar objetivos y ejecutar ataques con precisión, aprovechando la informalidad de los vínculos personales.
La Negra relató que las trabajadoras de salón solían informar a la organización sobre la localización de funcionarios policiales: “Los policías siempre abusaron mucho las vagavundas para sus sensibilidades, para sus quehaceres, ¿sí? Y las, las, las niñas de salón sabían la ubicación de muchos señores agentes, que ellas pudieron vivir arriba de, de, de mi barrio (...) y usted disimule y aléjese un poquito y déjelo ahí. Y ahí íbamos nosotros y lo asegurábamos”.
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El relato resalta cómo el barrio Aranjuez, en Medellín, fue escenario cotidiano del entrenamiento y la vida armada desde la infancia. Alias La Negra recordó: “Aranjuez siempre fue mina de sicarios, siempre fue criadas, siempre jugaron con la necesidad y la ambición de más de uno también”. La tensión entre pobreza estructural, redes informales y la construcción de la criminalidad organizada queda sintetizada en la voz de quienes la protagonizaron.
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