
La voz de Alejandro Gaviria se alza como advertencia ante el auge del fanatismo político y la profunda división en Colombia, marcando el actual debate democrático con emociones destructivas y dificultad para alcanzar consensos.
Las declaraciones de Gaviria, dadas en una entrevista con Semana, analizan el avance de la polarización, la emergencia de nuevos bloques políticos, la crisis del centro político y la viabilidad de candidaturas como la del exdirector del Dane, Juan Daniel Oviedo.
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Consultado por Juan Daniel Oviedo, Gaviria manifestó: “Yo sí creo que Juan Daniel Oviedo representa una parte de ese centro político. A veces me parece que es como si él estuviera insinuando que quiere representar, volviendo al plebiscito del año 2016, el sí y el no. Como ‘Yo quiero unir esas fuerzas’. Y yo quiero hacer algo, que también está en este libro, que es seguir buscando acuerdos parciales, no definitivos, entre diferentes”.
Al preguntársele si contempla adherirse a la candidatura de Oviedo, precisó: “Eso significa la posibilidad de que estamos conversando. Yo no he tomado ninguna decisión todavía, pero con él tengo mucha coincidencia. Incluso, el equipo que está con él trabajó conmigo también en la campaña anterior”.
Sobre el contenido de sus diálogos, relató: “Hablamos lo que estamos hablando usted y yo. Hablamos también de temas personales, de cómo se sentía él, de lo que va a hacer. Yo le pregunté qué viene en la campaña. Hablamos de todo, del país; le regalé una copia de este libro. Ahí la tiene”.

Además, el exministro expone críticas directas al discurso del presidente Gustavo Petro y expresa preocupación por la demagogia y la ética en la política nacional. “El fanatismo, de alguna manera, es la propensión que podemos tener todos de tratar de imponer nuestras ideas, de cerrarnos a otros puntos de vista, de no respetar éticamente a los que piensan distinto”, explicó Gaviria al medio mencionado, al ser consultado sobre la pertinencia de este tema en la coyuntura actual.
Agregó que, aunque ha acompañado la historia de la humanidad, hoy está especialmente acentuado. Al recordar su discurso ‘El humanismo en tiempos de locura’, relató: “Hablé de un humanista, Erasmo de Rotterdam, que vivió en un momento de fanatismo. Él trató de tender puentes y de predicar la razón, en un debate lleno de emociones destructivas. Fracasó, pero sus ideas permanecen. Esa idea de locura yo la sigo viendo relevante”.
Profundizando en el contexto colombiano, Gaviria afirmó: “La locura la veo en esto que estamos hablando, en la forma como interactuamos, en la tecnología, en el odio que se está instalando en la política”. Y resumió: “Si lo quisiera resumir en una frase, la locura está en nuestra mente”.
Respecto a las diferencias actuales frente al pasado, Gaviria reconoció: “Quizás ahora es más difícil llegar a acuerdos. El país está más dividido políticamente”.

Señaló que el fanatismo es una consecuencia del cambio político de fondo en Colombia. Al describir la nueva división política, precisó: “Hay un nuevo bipartidismo, si lo pudiéramos llamar de alguna manera. Hay dos fuerzas identitarias, las dos con un discurso nacionalista… Una, con una geografía muy clara, el Pacto Histórico, el petrismo, en el suroccidente colombiano, en ciertas ciudades grandes, en los estratos socioeconómicos bajos. La otra apela a los valores tradicionales, a la Colombia de Antioquia, al Eje Cafetero y parte de Santander. Bogotá como campo de batalla, y eso se está consolidando”.
Añadió que los partidos tradicionales, aunque todavía conservan bastiones, especialmente en la costa Caribe, están perdiendo espacio, y advirtió: “En esa nueva división de la política, va a ser más difícil la búsqueda de acuerdos. Esa división nos va a acompañar, no por cuatro años, sino por más de una década”.
Sobre el papel del centro político y los consensos, Gaviria observó: “Lo que se puede perder es la capacidad de lo que me gusta llamar el reformismo democrático, el que cree en la superposición de reformas, no en la destrucción de todo y tampoco en la añoranza de un pasado”.
Advirtió que la sociedad corre el riesgo de perder la capacidad de encontrar soluciones colectivas, lo que podría derivar en una competencia entre visiones ideológicas irreconciliables.

El riesgo de polarización y el papel del lenguaje político aumentan el temor por el futuro de Colombia. Ante la pregunta sobre la actitud del presidente, Gaviria declaró a al medio mencionado: “El discurso presidencial hoy en Colombia es inaceptable de muchas maneras. El próximo Gobierno creo que tiene que comprometerse con esto: cuidar el lenguaje, cuidar las palabras. No puede mentir de manera sistemática, como lo ha hecho el presidente Petro. Ni puede insultar a los ciudadanos que lo increpan, como también lo ha hecho con un lenguaje inaceptable el presidente Petro”.
Consultado sobre si el desencanto con el gobierno actual se extendería a una eventual administración de Iván Cepeda, Gaviria fue claro: “El gobierno de Gustavo Petro es una promesa que resultó falsa. Es la promesa del pluralismo, la promesa de tener voces diferentes. En lo que le he oído a Iván Cepeda, hay una mención de un acuerdo nacional, pero veo la gente que lo rodea y no veo ahí una promesa de pluralismo todavía”.
Sobre la propuesta de acuerdo nacional, comentó: “La promesa del acuerdo nacional me parece todavía muy vaga, me parece casi como un eslogan. Le falta contenido, le falta profundidad. El tiempo dirá”. Respecto al temor ante la idea de una constituyente, concluyó: “Claro que me da temor. Me da tanto temor que es suficiente para no considerar en este momento la situación política”.
Al referirse a otras opciones políticas, Gaviria analizó la trayectoria de Abelardo de la Espriella: “Me parece que está cambiando. El discurso más reciente es un discurso que también está teniendo tonos radicales antiestablecimiento. Está buscando ese nicho. Es un discurso que parece irse profundizando en la idea de que generar indignación es la única idea de habitar el mundo político. No lo veo buscando consensos e inclusión y voces distintas”.

Sobre los peligros de los extremos, enfatizó: “Cualquier cosa que pase, el próximo Gobierno... tiene que buscar consensos. Y tiene que dejar de lado, tal vez, la cosa que más me preocupa de estas últimas semanas o meses... la agresividad”.
Por último, abordó su ética pública: “Le he tenido pereza y miedo a la demagogia. No me gusta disculpar ilusiones. No me gusta aferrarme a deseos vanos”. En su intercambio final con Semana, Alejandro Gaviria defendió la necesidad de mantener el realismo y el compromiso social, al margen de las promesas imposibles y la manipulación de esperanzas, subrayando que la política requiere responsabilidad y mesura frente a la sociedad.
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