
El estado de las finanzas públicas en Colombia volvió a encender alertas. Un nuevo análisis del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana advirtió que, aunque el Gobierno proyecta una mejora en 2026, el punto de partida es más frágil de lo que sugieren las cifras oficiales. El informe, que revisó la actualización del Plan Financiero, concluyó que el país sigue enfrentando un problema estructural, los ingresos no alcanzan para cubrir el nivel de gasto público, una brecha que se ha mantenido incluso después de la pandemia.
El diagnóstico parte del cierre fiscal de 2025, que dejó señales mixtas. Por un lado, el déficit total se redujo levemente frente a 2024. Sin embargo, esta mejora no obedeció a un ajuste de fondo, sino a factores temporales. “La mejora estuvo asociada principalmente a una caída en el pago de intereses durante el año”, señaló el informe.
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En contraste, el balance primario —que refleja la verdadera salud de las finanzas públicas al excluir intereses— se deterioró hasta -3,5% del PIB, uno de los niveles más altos en décadas si se dejan por fuera los años de pandemia.
Para los analistas, este dato es clave porque evidencia que el desbalance fiscal sigue intacto. En palabras del observatorio, “este resultado evidencia un desbalance persistente entre los ingresos del Estado y el gasto necesario para financiar su operación”.
Ingresos débiles y gasto elevado
El problema no es nuevo, pero sí persistente. Según el informe, los ingresos del Gobierno han mostrado una dinámica limitada y se mantienen cerca de su promedio histórico, sin una tendencia clara de crecimiento sostenido. De hecho, en 2025 los ingresos totales se ubicaron en 16,3% del PIB, incluso por debajo de lo proyectado inicialmente. Esta brecha obligó a recortar el Presupuesto General de la Nación en $16,2 billones durante el año.
Al mismo tiempo, el gasto público continúa en niveles elevados. Aunque hubo una leve reducción frente a 2024, esta se explicó principalmente por menores pagos de intereses y no por un ajuste estructural del gasto. En contraste, el gasto primario —que incluye funcionamiento e inversión— siguió aumentando y alcanzó 19,9% del PIB en 2025, uno de los niveles más altos de la serie histórica. Este desbalance es el que mantiene el déficit en terreno alto y limita la capacidad de ajuste.

Un 2026 más optimista… pero exigente
Con este punto de partida, el Gobierno plantea una mejora para 2026. El Plan Financiero proyecta que el déficit fiscal bajará a -5,1% del PIB y que el balance primario también mostrará una corrección.
Sin embargo, el Observatorio Fiscal advirtió que este escenario depende de un ajuste significativo en el gasto público, cuya viabilidad no está del todo clara. “El ajuste proyectado descansa principalmente en una reducción significativa del gasto, cuya implementación plantea desafíos en un entorno de crecimiento moderado”, advirtió el informe.
En particular, la reducción del gasto primario sería una de las más altas en años recientes, lo que genera dudas sobre cómo se ejecutará en la práctica, especialmente sin un detalle claro de las medidas.
Crecimiento moderado y más riesgos
El contexto económico tampoco juega completamente a favor. Para 2026, se proyecta un crecimiento cercano al 2,6%, un ritmo moderado que podría limitar el recaudo tributario. Además, el informe advirtió que un menor crecimiento tiene un doble efecto negativo, reduce los ingresos del Estado y empeora indicadores como el déficit y la deuda en relación con el tamaño de la economía.
A esto se suma un escenario de inflación relativamente alta (5,8%), que podría elevar el costo del servicio de la deuda, especialmente en instrumentos atados a la UVR.
Deuda estable, pero alta
En cuanto al endeudamiento, el país ha logrado estabilizar su nivel de deuda, pero en un punto elevado. Para 2025 se ubicó en 58,5% del PIB y se proyecta prácticamente igual en 2026. Este nivel está por encima del ancla de la regla fiscal (55%), lo que indica que la reducción del endeudamiento será más lenta de lo previsto.

Un reto estructural sin resolver
En conjunto, el informe es claro: el país no ha logrado corregir el problema de fondo en sus finanzas públicas. “Los ingresos del Estado resultan insuficientes para financiar el nivel de gasto que se ha consolidado después de la pandemia”, concluyó el Observatorio Fiscal.
Esto implica que el reto no es solo cumplir metas en el corto plazo, sino lograr una corrección estructural que permita reducir el déficit y estabilizar la deuda de forma sostenible.
Por ahora, el panorama para 2026 luce más optimista en el papel, pero con riesgos importantes en su ejecución. Y ahí, advirtieron los expertos, estará la verdadera prueba para la política fiscal del país.
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