
Durante la edición 2026 del Carnaval de Barranquilla, la atención se centró en el valor artístico de los trajes lucidos por las reinas del evento, luego de que Vogue Latinoamérica y México publicara una selección editorial de los vestidos más destacados de las últimas décadas.
La revista analizó cómo estas piezas se convirtieron en referentes de identidad, tradición y vanguardia en el Caribe colombiano.
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El artículo, difundido durante las celebraciones que se extienden del 14 al 17 de febrero, situó el arte de los trajes en el centro del debate sobre la moda y el patrimonio cultural en la región.
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Según Vogue Latinoamérica y México, el Carnaval de Barranquilla es mucho más que un evento festivo. La publicación subrayó que se trata de un sistema cultural “profundamente estructurado”, donde la memoria colectiva y la creatividad se expresan en cada aspecto, desde la música y la danza hasta el vestuario. El carnaval, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, representa la convergencia de herencias africanas, indígenas y europeas, y moviliza a miles de artistas, diseñadores, artesanos y gestores culturales. El impacto económico y social de la fiesta se refleja en sectores como el turismo, el comercio y la hotelería, que experimentan una fuerte activación durante estas fechas.
La publicación de Vogue Latinoamérica y México puso énfasis en la evolución del vestuario de las reinas del carnaval, piezas que considera “arte y archivos textiles que condensan identidad, territorio y memoria”.
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Los vestidos de coronación son el resultado de la colaboración de diseñadores, bordadoras y costureros, que dedican semanas, e incluso meses, a combinar técnicas tradicionales y procesos contemporáneos. La revista explicó que estos trajes no solo cumplen una función ceremonial, sino que también funcionan como manifiesto cultural y reflejo de la diversidad barranquillera. “Cada vestido es el resultado de un proceso colectivo”, afirmó la publicación.
Entre los vestidos seleccionados por Vogue Latinoamérica y México se encuentran piezas emblemáticas como Río Magdalena, de Olga Lucía Rodríguez (2004), diseñado por Amalín de Hazbun; Girasol, de Silvia Tcherassi (1986), también diseñado por Hazbun e inspirado en la leyenda de El Dorado; y Macondo, de Marcela García Caballero (2016), una creación de Alfredo Barraza inspirada en las mariposas amarillas del universo literario de Gabriel García Márquez.
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Cada uno de estos vestidos fue presentado con fotografía editorial y análisis de su simbolismo y proceso de confección.
La crónica de la revista también abordó el papel de la figura de la reina del carnaval como embajadora cultural y símbolo de poder femenino. El artículo recordó que la tradición de las reinas se instauró en 1918 y que en 2026 se celebra la soberana número 90. La publicación subrayó que las reinas no solo presiden los actos oficiales, sino que interpretan el carnaval a través de la moda, convirtiendo sus trajes en expresiones de liderazgo y representación patrimonial.
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En el reportaje se destacaron otras creaciones relevantes, como Barranquilla Esplendorosa, de Katia Nule (1995), que exaltó la Puerta de Oro de Colombia con pedrería, plumas y tonos dorados; Malkia Tambo, de Andrea Jaramillo Char (2012), que integró plumas de pavo real y referencias a la herencia africana; y Las Mariposas, de Marcela García Caballero (2016), alusiva a la transformación y la memoria cultural. La selección incluyó también el vestido Fuerza del Torito, usado este año por Michelle Char Fernández y diseñado por Jean Robechi, así como piezas de otras décadas que reflejan la evolución de la moda carnavalera y la capacidad de la fiesta para dialogar con lenguajes visuales contemporáneos.
El análisis de Vogue Latinoamérica y México puntualizó que los vestidos de las reinas han traspasado el ámbito local, influyendo en la moda editorial y de alta costura. La revista sostuvo que, a través de estas creaciones, la identidad barranquillera se proyecta internacionalmente y se preservan saberes artesanales transmitidos de generación en generación. “La moda también puede ser una herramienta de preservación cultural”, afirmó el reportaje.
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La revista también destaca el vestido Marsolaire como una de las piezas clave en la transformación estética del Carnaval de Barranquilla. Lucido por Maribel Fernández de Castro en 1987 y diseñado por Alfredo Barraza, “Marsolaire” se caracteriza por su apuesta escénica y su sofisticación visual, abriendo una nueva etapa en la historia de los trajes de coronación.
La selección editorial de Vogue Latinoamérica y México amplió el archivo visual y simbólico del carnaval, al documentar y analizar los vestidos más representativos según el año de su creación. El reportaje incluyó el trabajo de figuras como Silvia Tcherassi, Alfredo Barraza, Amalín de Hazbun y Jean Robechi, entre otros, que han definido el imaginario visual de la celebración.
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