Las intensas lluvias que han azotado al departamento de Córdoba en las últimas semanas provocaron que el embalse de la Central Hidroeléctrica Urrá I alcanzara su máxima capacidad. Ante esta situación, la empresa se vio obligada a abrir las compuertas para liberar el exceso de agua, lo que incrementó de manera notable las descargas sobre el cauce del río Sinú.
La decisión de aumentar el vertimiento generó graves consecuencias en las zonas bajas, donde las inundaciones se agravaron. La situación llevó al presidente Gustavo Petro a pronunciarse en su cuenta de X, calificando lo sucedido como “la continuación de un crimen ambiental” y exigiendo: “El gerente debe renunciar de inmediato y asumir sus responsabilidades penales”.
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El 4 de febrero, como respuesta a la emergencia y a la presión pública, la hidroeléctrica decidió suspender la operación de las turbinas, deteniendo temporalmente la generación de energía para intentar reducir el impacto de las inundaciones.
A pesar de estas medidas, el daño en la región ha continuado. Según el gobernador de Córdoba, Erasmo Zuleta, las inundaciones han dejado hasta el momento 5 personas fallecidas y 13 barrios inundados, lo que ha intensificado los cuestionamientos sobre la responsabilidad que le corresponde a la hidroeléctrica en esta emergencia.
Ante esto, el meteorólogo y periodista ambiental Max Henríquez explicó a Infobae Colombia acerca de estos cuestionamientos: “Un embalse no se llena con tres días de lluvia. Un embalse se llena con una temporada lluviosa”.

Según Henríquez, la presencia del fenómeno de La Niña debió haber llevado a mantener el embalse a niveles bajos: “Solamente con un puro sentido común y lógica, entiendo que uno debe recibir un fenómeno de La Niña con un embalse a medio llenar”.
El experto enfatizó que las lluvias de enero ya habían sido superiores a lo habitual en varias regiones del noroccidente del país. “Las lluvias en enero fueron todas superiores a lo normal. Enero y febrero son los últimos meses del fenómeno de La Niña que se está terminando. Entonces, no es por el frente frío que se desbordó el embalse de Urrá”, afirmó.
Henríquez atribuyó parte del problema a la falta de previsión de la generadora: “Para mí, tiene un porcentaje de culpa, porque seguramente no planificaron que iba a llover más de lo normal y el embalse lo tenían ya medio lleno”.
Además, Henríquez criticó la “irresponsable” autorización y construcción de barrios en zonas inundables: “Hay que tener en cuenta que irresponsablemente han dejado construir barrios en las zonas inundables. Es que toda esa zona de ahí son ciénagas son áreas que le pertenecen al río”.
Para el experto, el sentido común indica que se debe enfrentar el aumento de precipitaciones característico de La Niña con el embalse a medio llenar. “No puede uno tener el embalse casi a tope para que las lluvias que puedan caer desborden los niveles y toque desembalsar, porque los desembalses producen la mayoría de las veces inundaciones en las zonas bajas”, afirmó.

Henríquez consideró en diálogo con este medio que la ausencia de previsión llevó a que, ante lluvias adicionales, fuese necesario liberar agua, lo que derivó en el desbordamiento del río Sinú.
En Montería, las lluvias no alcanzaron niveles tan excepcionales como para, por sí solas, causar la emergencia: “No era para inundarse. El frente frío llegó y produjo unas lluvias que tampoco fueron graves, pero el embalse, al desembalsar, ahí sí el río se desborda e inunda todas las zonas esas de los barrios periféricos que están en las ciénagas allá, cerca de Montería”.
Al analizar antecedentes, Henríquez mencionó la crisis de 1991-1992 durante el fenómeno de El Niño, cuando el mal manejo de los embalses desembocó en meses de racionamiento energético: “Cuando hay fenómeno de El Niño, no llueve. Cuando hay fenómeno de La Niña, llueve más de lo normal”. Recordó que, entonces, los embalses terminaron casi secos, exacerbando los problemas energéticos.
El especialista remarcó que la región de nudo de Paramillo presenta una pluviosidad significativa por su ubicación estratégica y los aportes de agua desde el Chocó. “Ahí se debía haber hecho un embalse. Ni siquiera uno, dos. Los ambientalistas se opusieron porque el impacto ambiental que causa la construcción de un embalse de estos es importante, pero uno tiene que privilegiar otras cosas, sacrificando un poco la naturaleza, porque los seres humanos estamos aquí para modificar la naturaleza a nuestro favor”, señaló.
Henríquez explicó que, aunque la construcción de Urrá ayudó parcialmente a regular los desbordamientos del Sinú, el episodio actual es un caso extremo resultado de una “falla garrafal” en la gestión hidráulica. “Si eso se confirma, yo pienso que no hay que tener tres dedos de frente para deducir lo que yo estoy comentando allí”, concluyó.
La Hidroeléctrica negó responsabilidad en la emergencia, a pesar de las evidencias
Desde la hidroeléctrica, su gerente encargado Juan Acevedo ha negado de forma tajante las acusaciones de operar fuera de los límites legales y de contribuir a la emergencia.
El directivo aseguró que los señalamientos parten de “información falsa proveniente de redes sociales y grupos ambientalistas”. En diálogo con Blu Radio, Acevedo reiteró: “Jamás violamos los niveles máximos permitidos que están regidos por algo que se llama curva guía máxima de operación”.
Y agregó: “Además. hay que decir que no hay declarada ninguna Niña para el mes de febrero, el cual siempre es un mes seco”.
Sobre la magnitud de las lluvias, Acevedo recalcó: “El promedio esperado para el mes de febrero es de 121 m³ por segundo y hoy tenemos promedio de 1.547 m³ por segundo. Ha llovido tanto que si nosotros guardáramos esa agua tendríamos que tener el embalse vacío. Ha llovido el equivalente a casi toda el agua embalsada en Urrá”.

Acevedo insistió en el carácter natural de la tragedia: “No se puede perder de vista que esto es un evento natural, no es un evento responsabilidad de Urrá. A nosotros nos pueden indagar todo el daño, pero este es un evento natural y no se le puede achacar a Urrá lo que está sucediendo de manera total”.
Según el presidente encargado, la central ha logrado “amortiguar el 97% de las crecientes que hemos tenido llegando al embalse desde que estamos en operación”. Para la empresa, la estructura de la central sigue sin riesgos y mantiene su solidez ante las adversidades climáticas.
Además, Acevedo, resaltó la magnitud del fenómeno: “Esto es un hecho imprevisible. Ni el Ideam puede decirnos que va a llegar tal cantidad de agua. Jamás lo va a hacer”, expresó en entrevista.
Acevedo defendió la necesidad de liberar agua para garantizar la seguridad de la infraestructura y cumplir con la regulación ambiental: “Si no liberamos el agua, se ponen en riesgo las estructuras de la central y podríamos violar la cota máxima permitida por licencia ambiental”.
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