Creador de contenido llanero explicó cómo nombrar a los niños según el almanaque Bristol: “De aquí salió el nombre de muchos”

A pesar de la tecnología, este almanaque suele acompañar las decisiones de siembra, cosecha y otros que haceres del campo colombiano

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El almanaque Bristol se suele encontrar en cualquier finca del llano colombiano - crédito @soyllanero.co / Instagram

El Almanaque Bristol sigue vigente como una referencia fundamental en el campo colombiano, donde miles de agricultores y familias consultan sus páginas para tomar decisiones sobre la siembra, los cortes de cabello y hasta para escoger el nombre de sus hijos.

Más allá de ser un mero calendario, este manual, con casi dos siglos de historia, entrelaza tradiciones rurales con información astronómica y costumbres heredadas por generaciones.

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Su impacto ha modelado aspectos de la identidad regional, como relatan creadores de contenidos y habitantes del llano, para quienes la luna y los nombres inspirados en el santoral del Bristol son parte esencial de su día a día.

Alexis Puerta, conocido en Instagram como @soyllanero.co, explicó a su audiencia cómo en el llano el Almanaque Bristol ha sido indispensable desde hace décadas, mientras mostró el libro y faenas típicas del llano.

Aportó datos clave sobre la publicación: “Lleva 194 años imprimiéndose”, lo que la convierte en una de las guías más longevas del entorno campesino colombiano.

Antes los nombres se ponían
Antes los nombres se ponían según el santoral que tría el almanaque - crédito composición fotográfica

Muchos llaneros, aseguró, recibieron su nombre consultando esta obra, pues la costumbre dicta acudir al almanaque el día del nacimiento de un niño o niña y adoptar el nombre del santo o papa asignado en la fecha.

El propio creador de contenido ejemplificó: “Si yo nací un 20 de junio revisaban en el Bristol y como ese día nació el papa Silverio, mi nombre sería Silverio Alexis Puerta”.

El texto aparecido en la publicación exhibió otra de las características más consultadas del almanaque: el calendario lunar detallado, que indica no solo las fases, sino también las horas exactas en que sale y se oculta la luna.

Según el testimonio de Alexis Puerta, este conocimiento resulta crucial para las faenas rurales: “En la luna menguante se corta madera, se montan los potrones y se siembran los cultivos, con la luna llena se sale a amarrar marranos o ganado mañoso, en la creciente se corta el pelo para que crezca...”.

Para los habitantes del llano, estas prácticas tienen sustento en la observación acumulada y el consenso cultural, lo que afianza la centralidad del almanaque en sus vidas cotidianas.

El almanaque combina fases de
El almanaque combina fases de la luna con los nombres de los santorales - crédito composición fotográfica

Además de sus guías para las tareas del agro y los nombres, el Almanaque Bristol contiene elementos que han acompañado a generaciones: frases, una historieta que se desarrolla página a página, y pautas comerciales históricas.

Puerta rememoró que desde su infancia ha reconocido la misma publicidad repetida cada año: “En la primera página sale el agua Florida y en la mitad el jabón Reuter”.

La persistencia de estos anunciantes responde a la razón de ser original de la publicación: “Se lo inventó un señor en Estados Unidos para informar a la gente, pero de paso venderles unos productos de su farmacia”.

Así, el almanaque no solo cumple funciones prácticas, sino que también refleja una simbiosis entre cultura popular y estrategias comerciales que permanecen hasta hoy.

En los comentarios del video una usuaria señaló: “Mi abuelita siempre tenía ese librito y yo leía las minis historietas”, mientras otra persona puntualizó: “Lo he comprado solo por las mini historias y las frases”.

El almanaque es recordado por
El almanaque es recordado por promocionar los mismos productos desde su creación - crédito composición fotográfica

Las modalidades de uso del almanaque también variaron por región y circunstancia. Un comentarista especificó: “En Venezuela era el almanaque rojas hermanos más nunca lo volví a ver”, lo que exhibió la fragmentación del producto en distintos mercados y su coexistencia con otras publicaciones similares.

El factor sentimental atravesó varios testimonios, como se evidenció en el relato: “Mi abuelitooo lo comprabaaa”, y en la evocación de la periodicidad de adquisición:“Añiiisimos que no veía uno, waos”.

Sobre los hábitos de consumo y la visibilidad contemporánea del producto, surgieron dudas y expectativas. Una consulta frecuente se plasmó en: “Todavía se vende??? Nunca lo he visto”, mientras que la búsqueda de información se tradujo en peticiones como: “Buenas tardes familia y ese librito donde se puede conseguir pijotero”.

La relevancia comercial del almanaque Bristol se ha localizado principalmente en Colombia, Ecuador, Aruba, República Dominicana, Curazao y Puerto Rico.

La producción y distribución de la publicación hace parte de la estrategia general de Lanman & Kemp-Barclay & Co., empresa que desde 1850 impulsó la edición en español y expandió sus operaciones a lo largo de Latinoamérica.

Además del almanaque, el conglomerado sostuvo su catálogo con productos como el agua de florida de Murray y Lanman, Tricoferro de Barry, el jabón de Reuter y el jabón de agua de florida.