
Santiago Cruz abrió su corazón y se sinceró con Infobae Colombia sobre el trasfondo que hay detrás de su decisión por elevar su voz y dar su testimonio de vida a través del arte.
Un proceso que llevó años de lucha contra su ego, además de sus problemas con el alcohol y la cocaína.
A sus 49 años, el cantante ibaguereño se define como una persona más consciente y deja de lado el qué dirán para sincerarse con su público, su pareja e, incluso, sus dos hijos, Salvador y Violeta, por quienes se esfuerza para que no tengan que vivir los mismos tropiezos que él tuvo en su camino.
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“La cárcel más rígida que existe es la que uno mismo se impone”, asegura el cantante nacido en Ibagué.
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Cruz mencionó que ya no se detiene a pensar en cómo van a percibir sus letras, pues asegura que cada persona la puede interpretar a su manera, lo que en realidad él busca es hacer catarsis de ese pasado que lo marcó, pero ya no hace parte de su nueva vida.
“No busco nada distinto a sacarlo de mi organismo. No está dentro de mi órbita de control, yo quería sacarlo de mi cuerpo. Uno siempre lidia con temas de pertenencia. Entonces, la canción arranca:
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Siempre he sentido que en ningún lugar encajo,
pero a mí ya no me importa,
que se vayan pa’l carajo”
Así inició Santiago Cruz su relató con Infobae Colombia.
El cantante ibaguereño ha regresado a Colombia con una propuesta musical que trasciende el escenario y se adentra en el terreno de la honestidad personal.
Su gira Quince de caminos celebra una trayectoria artística de quince años desde el lanzamiento de Cruce de caminos y expone, sin reservas, el proceso de liberación que le permitió vivir sin máscara ni en búsqueda de la validación del otro.
El décimo álbum del cantautor colombiano, que da nombre a la gira, se presenta como un testimonio abierto de transformación.
En este trabajo, Cruz incluye dos temas inéditos, Un intento permanente y Todos tenemos cicatrices, en los que aborda de manera directa sus experiencias con la drogadicción, el alcoholismo y los hábitos autodestructivos.
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El artista reconoce que mostrar su faceta menos amable forma parte de su identidad y considera necesario sincerarse con su público, compartiendo tanto sus luces como sus sombras.
La elección del título Quince de caminos responde a la intención de rendir homenaje a los quince años transcurridos desde Cruce de caminos, el disco que marcó un punto de inflexión en su carrera.
Cruz explica que, a pesar del tiempo, su visión sobre la música y la composición se ha mantenido firme.
“Sigo defendiendo la idea que yo tengo de lo que es una canción, la idea que yo tengo de lo que es la música”, afirmó, subrayando que, aunque ha incorporado nuevos matices y géneros, el respeto por su oficio y por su audiencia sigue siendo el eje de su trabajo.
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En el corazón de este nuevo álbum se encuentran dos canciones que funcionan como confesiones y reflexiones personales.
Un intento permanente se convierte en una catarsis donde el artista se enfrenta a su propio reflejo, reconociendo sus defectos y la dureza con la que se juzga a sí mismo.
La letra, que arranca con la sensación de no encajar en ningún lugar, desemboca en la construcción de un espacio propio, fruto del trabajo y la autoaceptación.
Esta canción se conecta con Todos tenemos cicatrices, cuyo título resume la premisa de que las heridas forman parte de la experiencia humana y que compartirlas puede ser un acto liberador.
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Cruz identifica el ego como el principal obstáculo en su carrera y en la vida personal. Considera que el ego puede conducir tanto a la arrogancia como a la frustración, y que su mayor reto diario consiste en evitar que este tome el control.
“El mayor obstáculo siempre es el ego, en todos los sentidos”, reflexiona, señalando que el trabajo constante es mantenerlo a raya para no poner en peligro el proceso creativo ni el bienestar personal.
La evolución artística de Cruz se manifiesta en la inclusión de nuevos géneros y estilos en su repertorio. Aunque su catálogo ha estado tradicionalmente vinculado a las relaciones de pareja, el artista considera que tiene la responsabilidad de ofrecer propuestas distintas a su público.
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“La cárcel más rígida que existe es la que uno mismo se impone”, sostiene, y por ello ha buscado romper con las expectativas y sorprender a quienes lo siguen. En Un intento permanente, por ejemplo, se atreve a explorar el rap desde una perspectiva personal y respetuosa, sin pretender incursionar plenamente en el género, pero sí utilizando su estructura para transmitir un mensaje más directo y reflexivo.
La decisión de hablar abiertamente sobre sus problemas personales, incluyendo su pasado con las adicciones, responde a la convicción de que el silencio y el tabú resultan más peligrosos que la verdad. Cruz considera que compartir su historia puede ser útil para quienes atraviesan situaciones similares.
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“El testimonio, cuando el resultado de la trayectoria ha sido positivo, es muy valioso para alguien que de pronto está pasando un mal momento”, sostiene, y añade que su apertura no busca generar lástima, sino ofrecer una referencia de superación.
Santiago Cruz encontró en su esposa María Paz la luz que necesitaba para salir de la oscuridad
En el ámbito familiar, el cantante reconoce la importancia de que sus hijos, Salvador y Violeta, comprendan que su padre es una persona con múltiples facetas, algunas admirables y otras menos agradables. Su objetivo como padre es estar presente y brindarles las herramientas necesarias para que no repitan sus errores, acompañándolos en el proceso de crecimiento y aprendizaje.

Un pilar fundamental en el proceso de autoconocimiento y aceptación de Cruz ha sido María Paz, su pareja y coach en temas de conciencia. El artista destaca que ella ha contribuido de manera decisiva a pulir su perspectiva sobre las relaciones humanas y a potenciar su crecimiento personal.
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María Paz le ha ayudado a comprender que la aceptación no implica resignación, sino la voluntad de transformar los aspectos menos favorables de uno mismo y potenciar los positivos. “Todos tenemos cicatrices es eso, es abrazarnos”, explica Cruz, quien considera que solo a través de la autoaceptación es posible aspirar a relaciones incondicionales con los demás.
El mensaje final que Cruz dirige a quienes aún cargan con heridas emocionales es claro: la clave está en reconocerlas y afrontarlas. Invita a mirar de frente el dolor, a compartirlo con personas de confianza y a buscar su origen, como paso necesario para que esas heridas puedan sanar y convertirse en cicatrices. Solo así, afirma, es posible avanzar hacia una vida más plena y auténtica.
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