
La noche del martes 1 de julio de 2025, el alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán, anunció que los embalses del sistema Chingaza alcanzaron un nivel superior al 80%. Este abastece tanto a la capital como a los municipios de Mosquera, La Calera, Chía, Cajicá, Sopó, Gachancipá, Tocancipá, Soacha, Funza, Madrid y Cota.
Galán, acompañado por el secretario Cesar Restrepo, precisó en rueda de prensa que “el sistema Chingaza llegó a un nivel superior al 80%, tanto Chuza, el embalse de Chuza, como todo el sistema, hemos visto un nivel de afluencias al sistema Chingaza muy importante este año y particularmente este último mes de junio, (...) desde agosto de 2022, hace más de 1.000 días, el sistema no estaba en ese nivel".
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No obstante, la Corporación Autónoma Regional (CAR) actualizó los datos la mañana del 6 de julio de 2025, informando que los embalses de Chuza y San Rafael se situaron en 83,58% y 89,37%, respectivamente, mientras que el sistema Chingaza alcanzó un 84,20% de llenado. Estas cifras reflejaron una recuperación significativa tras un año de escasez, según la CAR.

El racionamiento de agua, que comenzó el 11 de abril de 2024 y concluyó el 12 de abril de 2025, obligó a millones de habitantes a enfrentar restricciones drásticas en el suministro. Durante ese periodo, las autoridades implementaron racionamientos por zonas y horarios, además de sanciones económicas para quienes desperdiciaran el recurso. La situación generó incertidumbre sobre la disponibilidad de agua potable en la capital y en los municipios atendidos por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab).
Con la recuperación de los embalses, los reservorios de Chuza y San Rafael retornaron a sus promedios históricos, lo que representó un alivio para la población. Sin embargo, la administración distrital continuará con acciones de control y monitoreo, especialmente sobre las aguas subterráneas, para fortalecer la resiliencia de la ciudad frente a la crisis climática.
“Cuidar las aguas subterráneas es cuidar un patrimonio vital de la ciudad. Estas reservas invisibles son clave para adaptarnos al cambio climático. Una Bogotá que protege sus acuíferos es una ciudad mejor preparada para afrontar eventos extremos como sequías o lluvias intensas”, afirmó la secretaria de Ambiente de Bogotá, Adriana Soto. En este contexto, la administración distrital ha intensificado la vigilancia y el control sobre los cuerpos de agua que abastecen a la capital, en paralelo a la recuperación de los embalses del sistema Chingaza.

Agua subterránea de Bogotá
La Secretaría Distrital de Ambiente está ejecutando las Brigadas de Niveles, una estrategia de inspección, vigilancia y control que evalúa el estado de las aguas subterráneas en Bogotá. Dicha actividad, realizada dos veces al año, abarca aproximadamente 100 puntos concesionados en la ciudad, distribuidos entre las zonas norte y sur.
Durante las jornadas, se solicita a los usuarios concesionados —empresas, instituciones o predios privados— suspender la operación de sus pozos durante cuatro días consecutivos. En ese lapso, técnicos de la Subdirección de Recurso Hídrico de la secretaría miden diariamente el nivel piezométrico, es decir, la altura que alcanza el agua dentro de un tubo especial conectado al acuífero de cada pozo. Estas mediciones permiten comparar los datos actuales con registros históricos, utilizando sondas especializadas.
“El objetivo es observar cómo se recupera el nivel del agua subterránea cuando no hay extracción y relacionar esta dinámica con el régimen de lluvias. Si el nivel sube durante esos días, nos indica que el acuífero se está recuperando. Si no lo hace o baja su nivel, puede ser señal de cambios o interferencia de otros pozos, concesionados o no”, explicó Fabián Caicedo, subdirector de Recurso Hídrico de la Secretaría Distrital de Ambiente.

La ciudad se divide en dos zonas para facilitar el monitoreo. En la zona sur se incluyen Puente Aranda, Fontibón, Bosa, Tunjuelito y Ciudad Bolívar; en la zona norte, Usaquén y Suba, entre otras. Las brigadas se programan para coincidir con temporadas de alta y baja precipitación, lo que permite obtener una visión más completa de la dinámica de los acuíferos.
Aunque el agua subterránea representa solo una fracción del recurso hídrico consumido en Bogotá, los acuíferos constituyen reservas estratégicas que requieren protección y gestión especial. Esta agua se almacena en formaciones rocosas y puede recargarse de manera natural o artificial. Cada pozo concesionado dispone de un medidor y un régimen de bombeo autorizado. Las brigadas permiten diagnosticar el estado de los acuíferos en relación con la extracción y detectar posibles pozos irregulares o no autorizados en áreas cercanas.-
De acuerdo con la dependencia distrital. ese ejercicio técnico resulta fundamental para asegurar que el uso del agua subterránea en Bogotá sea responsable, equitativo y sostenible. Asimismo, la secretaría inició las primeras fases para la formulación del Plan de Manejo Ambiental de los Acuíferos del Distrito, reafirmando su compromiso con la gestión integral del recurso hídrico y convocando a los usuarios a colaborar activamente con estas jornadas.
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