
Durante una conversación sostenida con el medio digital Pulzo, el expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano compartió detalles poco conocidos sobre su experiencia en la Casa de Nariño, que van más allá de las labores propias del cargo que ocupó entre 1994 y 1998. En un tono distendido, alejado de formalismos políticos, el líder político se refirió a uno de los aspectos que, según sus propias palabras, más le generaban “diversión” durante su paso por la Presidencia de la República: utilizar el helicóptero presidencial.
“Mi gran diversión era salir en el helicóptero”, afirmó el exmandatario en medio de una entrevista que abordó tanto temas personales como anécdotas de su vida en el poder. Esta confesión resulta llamativa, especialmente en el contexto actual del país, donde el uso del helicóptero como medio de transporte oficial ha sido objeto de críticas, particularmente por parte de la vicepresidenta Francia Márquez, que recibió señalamientos por recurrir frecuentemente a este tipo de traslado en sus desplazamientos dentro del territorio nacional.
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Samper explicó que, aunque el helicóptero puede ser considerado un medio prescindible, para él representaba una herramienta práctica y eficiente para cumplir con sus obligaciones y desplazamientos. “Es el medio de transporte más riesgoso y más efectivo que hay”, aseguró. Según relató, una de sus rutas frecuentes era desde la hacienda presidencial de Hato Grande hasta la Casa de Nariño, trayecto que tomaba únicamente 13 minutos en esta aeronave. Esta eficiencia comentó, le permitía aprovechar el tiempo de manera significativa y además le brindaba una perspectiva única del tráfico capitalino.
La anécdota más reveladora fue cuando narró cómo, durante los fines de semana, invitaba a su familia a almorzar en la hacienda y luego los despedía sin preocuparse por el tráfico. “Entonces yo los invitaba a toda la familia, a comer ajiaco el domingo, celebramos y a las 5:00 p. m. les decía: ‘Bueno, pues todo el trancón’. Y yo me divertía muchísimo viendo en el helicóptero todos ahí trancados en la autopista norte. Era un placer negativo”, expresó, haciendo referencia a una filosofía transmitida por su padre, quien solía decir que “la vida no está hecha de placeres positivos, sino negativos”.
El expresidente también destacó la utilidad de otro elemento al que se refirió como indispensable durante su administración: el conmutador de Palacio. “Computador del Palacio, a mi juicio, funciona —de las pocas cosas que funcionan bien en este país—”, indicó. Samper relató que bastaba con pedir que se localizara a una persona para que el equipo de comunicaciones de Palacio lograra establecer el contacto, sin importar la hora ni el lugar.
“Uno le decía: ‘Llame a fulanito tal’. Y me lo pasaban (...) uno decía ‘y usted está como enfermo, ¿tiene gripa?’, ‘no, es que estoy en Madrid’. Eso, ¿cuál hora? Los despertaban o la hora que fuera, lo conseguían donde fuera”, recordó, elogiando la efectividad del servicio.

En la misma conversación, el ex jefe de Estado compartió una anécdota ocurrida en la Hacienda Hato Grande, residencia campestre oficial de los presidentes colombianos. Allí, narró, solía refugiarse en un altillo, ubicado en el mismo sitio donde, según la historia, dormía el general Francisco de Paula Santander. Aunque aclaró que no se considera un seguidor del ideario santanderista, encontró en ese espacio un lugar de observación y tranquilidad, desde ese espacio, fue testigo de un incidente curioso relacionado con la seguridad de la hacienda.
Samper relató que en una ocasión observó cómo un tanque de seguridad, dispuesto en la entrada de la hacienda, comenzaba a acercarse a su ventana mientras movía el cañón en distintas direcciones. “Esto nos van a liquidar”, pensó el expresidente, que decidió activar la alarma de seguridad. La respuesta fue inmediata: los guardias acudieron rápidamente al lugar para contener lo que parecía ser una amenaza inminente; sin embargo, todo se trataba de una broma inocente protagonizada por su hijo, Felipe.
“Era que Felipe había convencido al que operaba el tanque que le dejara echar una manejadita”, concluyó Samper entre risas.

Las declaraciones del exmandatario mostraron una faceta poco conocida de su paso por la Presidencia, en la que predominan las experiencias personales y familiares por encima de las decisiones de Estado. Aunque sus palabras fueron pronunciadas en un tono distendido, no dejan de generar debate público, especialmente por el contraste con la actual percepción ciudadana respecto al uso de bienes y servicios del Estado por parte de los altos funcionarios del Gobierno,
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