
Colombia atraviesa un momento delicado en su histórica lucha contra el narcotráfico, con implicaciones que van más allá del ámbito nacional. La continuidad de la cooperación bilateral con Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad y asistencia técnica, está bajo observación debido al incremento de cultivos de coca y al incumplimiento de objetivos clave en su erradicación. El país se encuentra en una posición vulnerable frente al proceso de certificación que evalúa anualmente su compromiso y resultados en el combate contra las drogas ilegales.
Esta certificación, fundamental para mantener la colaboración entre ambos gobiernos, es liderada por el Departamento de Estado estadounidense, con el respaldo de su Sección de Asuntos Narcóticos y otras agencias federales. A través del informe anual Estrategia Internacional de Control de Narcóticos, se analiza el desempeño de los países implicados en el tráfico y producción de sustancias ilícitas. Su último informe pone de manifiesto los múltiples desafíos que Colombia aún debe superar, lo que podría debilitar su posición ante Washington.
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En medio de este contexto, Michael Kozak, alto funcionario estadounidense, sostuvo una reunión con el embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña. Durante el encuentro, ambas partes abordaron aspectos esenciales de la cooperación bilateral en materia de seguridad, lucha antidrogas y estabilidad regional. La Embajada de Estados Unidos confirmó el diálogo, reflejando el interés por mantener un canal diplomático activo y estratégico.
La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental expresó a través de una publicación en X: “Estados Unidos y Colombia podemos crear un futuro más brillante para nuestros ciudadanos enfocándonos en la lucha conjunta contra los violentos carteles de drogas, en crear oportunidades económicas, en poner fin a la inmigración ilegal y en cooperar para la seguridad hemisférica”. Este mensaje sintetizó las prioridades compartidas por ambos países, pero también dejó claro que el compromiso debe ser recíproco y medible.
El incremento de los cultivos ilícitos y la ineficiencia en los programas de reducción generaron preocupación en Estados Unidos, pues podrían justificar una decisión desfavorable dentro del proceso de certificación. En caso de que Colombia no reciba la aprobación, las consecuencias serían graves, desde la reducción del apoyo técnico y económico hasta un debilitamiento en las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países.

Por ello, la actual administración colombiana se encuentra bajo presión para demostrar avances reales y sostenibles. No se trata solo de cumplir con metas internacionales, sino de responder ante una problemática que afecta directamente a comunidades enteras, debilita las instituciones y favorece la expansión de grupos armados ilegales.
En definitiva, el reto no es solo mantener una certificación, sino garantizar que la estrategia nacional antidrogas esté alineada con las exigencias globales y, sobre todo, con las necesidades de la sociedad colombiana. La diplomacia, aunque activa, no podrá suplir indefinidamente los resultados tangibles que Estados Unidos espera de un socio considerado clave en la región.
¿EE. UU. puede desertificar a Colombia?
La relación entre Colombia y Estados Unidos atraviesa un momento delicado debido al aumento de los cultivos ilícitos y la falta de avances en la lucha antidrogas. La senadora Paloma Valencia, del partido Centro Democrático, expresó su preocupación tras reunirse con el embajador estadounidense John McNamara. Según señaló, aunque no se tomó una decisión formal, existe un riesgo real de que Colombia sea descertificada por incumplimiento en sus compromisos antidrogas.

Valencia advirtió que la política exterior del Gobierno de Gustavo Petro podría estar debilitando la histórica alianza con Estados Unidos. En la reunión se discutió el alarmante crecimiento de la producción de coca, que alcanzó cifras históricas: 2.600 toneladas métricas de cocaína, frente a las 500 producidas en la época de Pablo Escobar. A pesar de las incautaciones, el porcentaje actual es el más bajo en 14 años.
La senadora también señaló que la falta de una estrategia eficaz fortaleció a los grupos ilegales. Además, alertó sobre posibles consecuencias geopolíticas, como un acercamiento de Colombia a potencias como China o Rusia si se rompe la cooperación con EE. UU. El Gobierno colombiano enfrenta así una presión creciente para mostrar resultados reales en su lucha contra el narcotráfico.
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