La cultura ciudadana en el transporte público en Colombia refleja la diversidad social y cultural del país; sin embargo, también deja en evidencia algunos de los desafíos que enfrentan las grandes urbes, como la falta de solidaridad, el irrespeto por las normas de convivencia y el descuido en la atención a quienes realmente lo necesitan.
Bogotá y Medellín, las dos ciudades más grandes de Colombia, ofrecen escenarios contrastantes en su sistema de transporte masivo: TransMilenio en la capital y el Metro en la Ciudad de la eterna primavera, por lo que para ilustrar estas diferencias, la usuaria de TikTok, Zamarath Peña, compartió un relato sobre cómo vivió en los dos sistemas de transporte el mismo escenario: un desmayo.
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El reto de la cultura ciudadana en el transporte
En las principales ciudades del país, las autoridades han insistido en fomentar una cultura ciudadana en la que los valores como el respeto, la cortesía y la solidaridad se pongan en práctica a diario.

Ceder el asiento a quienes lo necesitan, no arrojar basura en las estaciones o en los vehículos y mantener un trato amable hacia otros pasajeros son conductas mínimas para la convivencia; no obstante, estos principios no siempre se cumplen.
La realidad de Bogotá y Medellín dejó de manifiesto un contraste que ha sido ampliamente discutido en redes sociales, pues mientras Medellín ganó reconocimiento a nivel nacional e internacional por su compromiso con la cultura Metro, Bogotá enfrenta críticas diarias por el caos en TransMilenio, la inseguridad y la falta de cortesía que muchos usuarios denuncian.
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Un desmayo en TransMilenio
La primera historia de desmayo que relató Zamarath Peña se registró en TransMilenio en Bogotá, mientras se dirigía a la universidad para una clase de siete, cuando empezó a sentir un mareo progresivo.

De pronto, el mundo a su alrededor se volvió borroso y, en cuestión de segundos, perdió el conocimiento, por lo que, según Peña, tuvo una caída fue brusca al interior del bus.
En su testimonio, señaló que, aunque algunos pasajeros le ofrecieron ayuda básica, darle una silla o sostenerla, pronto la situación terminó con ella fuera del bus y “al cuidado” del personal de la estación, sin un acompañamiento real.
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Peña tenía prisa por no perder la clase de cálculo, dado que ya acumulaba faltas, y la colaboración que recibió fue limitada.
“De un momento a otro caí, entonces al fondo, porque yo tampoco me desconecté del todo, escuché: ‘¿Qué pasó?, denle una silla a la niña’, y no podía dejar que me pasaran, es que yo tenía clase de cálculo y yo ya tenía varias faltas, más de las que podía tener, yo dije: ‘Yo me bajo acá, yo me bajo acá‘, entonces me cogieron de las manos y de los piececitos y me dejaron ahí en la estación“.
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Ella misma describió la sensación de que su problema de salud pasó prácticamente inadvertido para la mayoría de las personas, dejando en evidencia la actitud un tanto fría que a veces se percibe en TransMilenio.
Un desmayo en el Metro de Medellín
Tiempo después, Zamarath Peña experimentó un segundo desmayo en el Metro de Medellín y la diferencia en el trato que recibió no pasó desapercibida.
En esta ocasión, viajaba desde la estación Poblado hasta Floresta cuando empezó a sentir los mismos síntomas que reconoció en el episodio anterior: la vista nublándose, la sensación de debilidad y un calor repentino, por lo que alcanzó a sostenerse parcialmente, pero de nuevo perdió el conocimiento.
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Según su relato, tras perder el conocimiento, un señor que se dio cuenta de la situación se acercó a auxiliarla, mostrándose preocupado y brindándole una atención casi personalizada.

Le preguntó si estaba embarazada, si había comido ese día o si necesitaba otro tipo de ayuda médica; además, una pasajera se ofreció a acompañarla hasta su estación, asegurándose de que tomara agua y llegara a salvo a su destino.
Peña describió cómo esa muestra de solidaridad genuina hizo que su percepción sobre el desmayo fuera menos traumática; aunque, bromeó, tuvo que aclarar en varias ocasiones que no estaba embarazada, sino simplemente mareada por no haber ingerido alimentos.
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Por último, en un tono de risa, Peña aseguró que: “Desmayarse no es una cosa de uno morirse muy grave, espero yo, quién sabe cuántas neuronas se me habrán tostado a mí en esas dos ocasiones”.
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