En Colombia, el ingenio de los delincuentes para obtener información bancaria y llevar a cabo robos en línea crece cada día, impulsado por la necesidad que sienten algunos usuarios de acceder a supuestas promociones o servicios especiales.
Una modalidad de estafa reciente está despertando alertas en redes sociales: se trata de la entrega de una “nueva tarjeta” supuestamente enviada por el banco, acompañada de procedimientos que parecen auténticos, incluso con papelería creíble y entregas a domicilio, pero cuyo fin último es robar los datos de la tarjeta de crédito real de la víctima.
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Esta fue la experiencia que vivió María Mosquera, una usuaria de TikTok que estuvo a punto de caer en manos de delincuentes que planeaban comprar en línea a su nombre.
El ofrecimiento sospechoso de la supuesta usuaria de Bancolombia
La historia comenzó un día antes de que María Mosquera recibiera la misteriosa tarjeta en su casa, pues con una llamada telefónica en la mañana, una supuesta funcionaria de Bancolombia le ofreció una tarjeta MasterCard Black LifeMiles.

Según el relato de la víctima, la persona en la llamada parecía conocer toda su información: su nombre, el tiempo que llevaba con la tarjeta y parte de sus datos de contacto.
Con un discurso convincente y profesional, no solicitó de forma directa ningún dato sensible como el número de la tarjeta o el código de seguridad, lo que hizo que María Mosquera confiara en la veracidad del ofrecimiento.
El argumento principal era la exoneración de la cuota de manejo y la posibilidad de gozar de múltiples beneficios por su “excelente historial crediticio”.
Ante este escenario, Mosquera, aunque intrigada, aceptó el trámite, por lo que la supuesta agente le afirmó que en “1 a 3 días hábiles” le llegaría su nueva tarjeta y que su saldo sería transferido sin costo alguno.
La entrega a domicilio y los primeros indicios de fraude
De acuerdo con el relato de Mosquea, para su sorpresa, la tarjeta llegó al día siguiente, pero un factor que alimentó la duda fue la rapidez del envío: en su experiencia, los bancos generalmente tardan algo más en tramitar un plástico nuevo.
La persona que llevó la supuesta tarjeta, una mujer vestida con un uniforme de una empresa de mensajería, mostraba señales de nerviosismo o, al menos, un comportamiento que a María Mosquera no le pareció natural; además, la “tarjeta” venía en un sobre muy realista, con el nombre, número de contacto y dirección correctos.

El paquete incluía papelería que reproducía logos y diseños de Bancolombia, cartas con instrucciones similares a las que habitualmente llegan con una tarjeta oficial, incluso, le explicaron que la activación de la tarjeta sería en 48 horas, tiempo que los delincuentes utilizarían para realizar las compras en línea con los datos verdaderos de María Mosquera.
No obstante, el aspecto del plástico, suavemente borroso en ciertos números y con el relieve sospechoso, despertó inquietud en Mosquera.
El “procedimiento” de destrucción de la tarjeta vieja
Con la tarjeta en mano, la supuesta mensajera explicó que para finalizar el proceso era necesario destruir el anterior plástico de la usuaria.
María Mosquera relató que ella permitió que la mujer recortara su tarjeta anterior delante de sus ojos; según la estafadora, había que desactivar el chip para que no generara cargos posteriores.
Lo curioso es que, aunque María Mosquera notó la acción, no se sintió completamente segura, pues la escena era bastante convincente, pero su intuición le indicaba que algo estaba fuera de lugar.
Después de que la supuesta funcionaria se retirara, Mosquera revisó detalladamente el nuevo plástico, observó el empaque, el relieve y los números, confirmando que el aspecto no era el que habitual de una tarjeta oficial.
Motivada por la duda, llamó a la línea de atención de Bancolombia para cerciorarse de que efectivamente estuviera recibiendo un plástico auténtico.
Bloqueo inmediato y confirmación del engaño
La llamada al banco fue decisiva: el área de seguridad le indicó que no existía ninguna solicitud de cambio de tarjeta en su expediente.
Tampoco tenían registrada esa supuesta MasterCard Black LifeMiles ni, mucho menos, una entrega programada para su dirección.
Ante la inminencia del fraude, la entidad bancaria procedió a bloquear todos los productos asociados a su tarjeta, evitando así la posibilidad de que los delincuentes, con el número de la nueva o el viejo plástico, pudieran realizar compras en línea.
La estafa, según le explicaron, radicaba en que los ladrones ya poseían parte de la información de María Mosquera como nombres, número de contacto y posiblemente el número de la tarjeta; sin embargo, necesitaban obtener el código de seguridad y la confirmación del chip original para consumar el fraude.
Con la entrega forzada del nuevo plástico, que no estaba en la base de datos del banco, los timadores se aseguraban tiempo suficiente, 48 horas de supuesta activación, para proceder a realizar cargos fraudulentos.
Lecciones y prevención ante este tipo de engaños
- Verificar directamente con el banco: cuando se reciba una llamada ofreciendo una nueva tarjeta o beneficios, es crucial contactar a la entidad financiera a través de canales oficiales.
- No destruir la tarjeta antigua sin corroboraciones: las entidades sí exigen la destrucción del plástico en algunos casos, pero esto generalmente se hace en una sucursal o después de un proceso verificado.
- No compartir el código de seguridad: si alguien pide ver la parte trasera de la tarjeta o tocarla de forma innecesaria, es un signo de alerta.
- Desconfiar de las entregas rápidas e imprevistas: la mayoría de los bancos realizan procesos más lentos y avisan con correos formales o llamadas confirmadas.
- Estar alerta ante uniformes o papelería falsos: la sofisticación de las copias cada vez es mayor, por lo que debe revisar detalles como la tipografía, la gramática y los datos bancarios puede revelar incongruencias.
Según María Mosquera, el golpe se vio frustrado precisamente porque llamó de inmediato al banco y no dudó en exponer sus sospechas y la rápida acción de la entidad evitó que los delincuentes tuvieran tiempo de usar los datos obtenidos.
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