Giancarlo Rincón, el publicista que trabajó para el Ejército y un año después se convirtió en víctima de los ‘falsos positivos’

En 2006, el joven publicista fue el encargado de la instalación y señaletica de unos reductores de velocidad para el Batallón Magdalena

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Imagen de referencia. La JEP
Imagen de referencia. La JEP encontró que en el Huila se habría perpetrado más de 200 ejecuciones extrajudiciales entre 2002 y 2008 - crédito REUTERS/Luisa González

En la historia reciente de Colombia, más exactamente entre 2002- 2008, principalmente, jóvenes humildes, de pueblos, y barrios de estratos bajos, desaparecían sin dejar rastro.

En algunos casos, sus familiares se enteraban de que estos jóvenes iban tras el sueño de encontrar su primer trabajo, o aquello, que de manera honrada, les permitiera generar un ingreso adicional.

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Pero el caso de Giancarlo Rincón fue particular. Él, por el contrario, era un reconocido publicista de Pitalito, Huila. Tal vez su único pecado fue vivir en un municipio pequeño, donde las probabilidades de ser reclutado por el Ejército, para luego aparecer como guerrillero muerto en combate, aumentaban.

Su camino de publicista inició luego de sufrir un accidente en el que, por poco, pierde una de sus piernas, pues le pasó una volqueta con cerca de 10 toneladas de peso; aun así, su pierna se salvó y tuvo que dedicarse a dicha profesión, en la que no requiriera un máximo de esfuerzo físico.

El 6 de enero de 2007 marcó un antes y un después en la familia Rincón Cabrera, pues fue la noche en que Giancarlo Rincón salió a jugar billar, luego de tener una discusión con su esposa. Según los testimonios que conoció Vorágine, el medio que realizó la investigación del caso, Rincón se fue después al parque de su barrio a comerse un pastel. Dice su padre, que en esa noche no se supo nada más de él.

Como un hecho premonitorio o quizá paranormal, su mamá Matilde Cabrera —que murió en 2022 esperando justicia—, tuvo una pesadilla en la que veía mucha sangre, un cementerio y un chal completamente ensangrentado. Su esposo relata que esa noche Matilde apenas pudo dormir.

Al día siguiente, el 7 de enero de 2007, Matilde madrugó con su esposo a buscar a su hijo en una moto con la cual Giancarlo tuvo en los 90 el trágico accidente en la que casi le amputan la pierna.

Buscaron en las casas de amigos de Giancarlo, en estaciones de policía y hospitales del municipio. Sin querer buscar a su hijo en una morgue.

Tras agotar las posibilidades, no hubo de otra que acercarse a dicho lugar, sin embargo, fue el señor Isidro el que decidió ir a averiguar para descartar la posibilidad de que Giancarlo estuviera en una morgue. Su esposa esperó afuera.

Al ingresar al recinto, según el relato del señor Isidro, entregado a Vorágine, lo recibió un hombre con una bata blanca, junto con otra persona a cargo de la morgue.

Luego de contar que su hijo se encontraba desaparecido y describir las prendas que usaba y cómo era, lo dejaron pasar al salón donde reposaban dos cadáveres que habían sido dejados hace al menos una hora por militares del Ejército. “Sí, es el hijo mío”, exclamó el padre que hoy tiene 78 años.

Tratando de contener la tristeza, rabia e incertidumbre, el señor Isidro salió del lugar pensando si contarle o no a su preocupada esposa, que, desde lejos, ya vislumbraba en el rostro del señor Isidro que las noticias no eran buenas.

Isidro recordó que luego de confirmar que en la morgue yacía su hijo de apenas 32 años, Matilde soltó un grito ensordecedor que anunciaba la tragedia. Su hijo dejaba a cuatro hijos, dos de los cuales se quedó con la pareja de abuelos.

Huila fue uno de los departamentos que sufrió la crueldad de las ejecuciones extrajudiciales. No fueron unos cuantos, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) reveló que fueron cerca de 200 las víctimas, a las que sacrificaron por unos cuantos ascensos, incentivos, vacaciones y bonificaciones, que, según las investigaciones, les daban a los militares por sus resultados de supuestas ‘bajas en combate’, que presentaban ante medios de comunicación.

Iván Velásquez Gómez (c), ministro
Iván Velásquez Gómez (c), ministro de Defensa de Colombia, participó en un acto de excusas públicas ante madres de víctimas de falsos positivos, en la Plaza de Bolívar en Bogotá (Colombia) - crédito EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

La familia Rincón Cabrera ha vivido una verdadera odisea en el camino de encontrar verdad y reparación por el joven, que hacía un año fue el encargado de la instalación y señalización de advertencia de unos reductores de velocidad en el Batallón Magdalena, en Huila.

Su papá carga una carpeta con todas las evidencias de los trabajos que realizó como publicista, desvirtuando la tesis de que Giancarlo era un asaltante: “Lo que más duele son los señalamientos que hicieron sobre mi hermano”, expresó Óscar Rincón, hermano de la víctima.

En el proceso de desacreditar información errónea del coronel Édgar Alberto Rodríguez Sánchez, que indicaba que Giancarlo fue una “baja en combate” tras un supuesto enfrentamiento armado ocurrido hacia las 2:30 de la madrugada de ese 7 de enero de 2007, Isidro decidió ir más allá, y se dirigió donde uno de los huéspedes del hotel, que residía en la vereda Bajo Encanto.

Le preguntó si durante la noche del 6 de enero o en las primeras horas del 7 de enero había escuchado disparos. El huésped respondió negativamente, afirmando que la zona era generalmente tranquila.

Otra de las evidencias que desmentía dicha afirmación, fue el examen realizado por forenses que indicaba que la hora de la muerte de Giancarlo había sido a las 11:30 de la noche; sin dejar a un lado que su cadáver habría presentado señales de tortura y, el pasamontañas que presuntamente le habrían puesto, no tenía el orificio de una de las balas que le quitó la vida.

La JEP abrió una ventana de oportunidad en la búsqueda de justicia para este caso, y han citado a declaración a los exmilitares Marcos Evangelista Pinto y a Rodríguez Sánchez debido a sus presuntas implicaciones en los ‘falsos positivos’ en Huila.

Siete exmilitares responderán por 130
Siete exmilitares responderán por 130 hechos ocurridos entre 2002 y 2003. El general (r) Montoya pidió anular el caso - crédito imagen de referencia Colprensa

Se espera que antes de que concluya 2023, la justicia transicional emita un pronunciamiento determinando los hechos y presentando cargos contra varios exmilitares con relación a los casos de ‘falsos positivos’ en dicho departamento. Sin embargo, esto no le genera mucha esperanza de verdad y reparación al señor Isidro: “¿Qué sacan con que una persona, un asesino de esos, arregle escuelas, pavimente calles, arregle carreteras en los campos? Trabajos para los asesinos, yo no estoy de acuerdo en eso”, expresó a Vorágine.

Y mucho menos está en sus planes tomar venganza del atroz crimen de su hijo: “Si yo me voy a vengar, todavía tengo fuerza y salud, pero yo sé que si cometo eso, para mí si hay ley, se llegan a dar cuenta quién ordenó o quién hizo personalmente y para mí si hay ley. Voy a la cárcel”, aseveró al medio citado.