
Para muchas compañías europeas que nacieron antes de la Segunda Guerra Mundial, la vida cambió completamente después de 1945. Algunas tuvieron éxito tal como estaban, pero muchas debieron adaptarse para sobrevivir, y entre ellas, hubo quienes lo lograron y quienes no.
El caso de la austríaca KTM fue el típico de una empresa que vivió la segunda situación. La Kraftfahrzeug Trunkenpolz Mattighofen, que representa su nombre, sobrevivió a esos años de graves problemas económicos gracias a la reparación de motores diésel, pero una vez que todo terminó, el trabajo bajó su intensidad. Así, su creador, Hans Trunkenpolz, decidió comenzar a fabricar motos de su propia marca, impulsados por motores Rotax, también de origen austríaco.
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El crecimiento fue una constante, con aportes de nuevos accionistas incluido, hasta que a finales de los años ‘80, ya en poder del hijo de su fundador, el imperio empezó a tambalear. La expansión a EE.UU. había sido exitosa al comienzo, pero diez años después ya no era lo mismo. Las ventas cayeron y se declaró en quiebra en 1991. Para liquidarla, los apoderados la dividieron en cuatro empresas distintas, y fue la KTM Sportmotorcycle GmbH la que se hizo cargo de continuar el legado de las motocicletas.
La serie de calle y las de carrera enduro fueron su gran respaldo. Las victorias en carreras como el Raid Dakar le dieron un prestigio que comenzó a llamar la atención. En 2007, el holding indio Bajaj adquirió parte del paquete accionario, y un par de años después lo ampliaron al 47%.
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Un año después, KTM se lanzó a fabricar su primer automóvil. Se llamó X-Bow y era un pequeño “juguete rabioso” de dos plazas y sin techo, pensado para divertirse en una pista, con mucha potencia en un vehículo muy liviano y ágil, con formas distintas a lo conocido. Tuvo éxito y los animó a ir por más, y entonces se propusieron hacer un auto similar, pero que se encuadrara en las reglamentaciones de alguna categoría en la que pudieran competir.
Así nació el X-Bow GTX con la intención de hacerlo correr en los campeonatos de GT en la categoría GT2, la segunda en performance, en la que compiten prototipos y ya no solo autos de Gran Turismo como las GT3 y GT4.
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Volvieron a ser exitosos, y aún lo siguen siendo. Entonces surgió la inquietud de hacer un auto para las calles, al que llamarán X-Bow GT-XR, y cuyas primeras imágenes se han conocido recientemente. La línea sigue siendo la misma del auto que corre en GT2, aunque con algunas diferencias necesarias para poder homologarse como auto de uso civil.
Se lo ha dotado de suspensiones con mayor recorrido que le dan un despeje mayor del piso. También el rodado es distinto, con neumáticos de alta velocidad, pero no de competición. Y un pequeño detalle que no pudieron evitar es que le tuvieron que colocar contención para las matrículas delantera y trasera también.
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El monocasco sigue siendo de fibra de carbono como en el GTX, y el motor será provisto también por Audi. Será el de 5 cilindros turbo que también equipa al RS3 de la marca alemana, aunque no se han dado precisiones de algún desarrollo particular para KTM.
Pero todo eso, además del precio, y de la fecha de producción se conocerá durante el mes de septiembre, cuando se presente oficialmente el X-Bow GT-XR, primer KTM para las calles.
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