
La Copa Davis debe ser el trofeo anual más famoso y prestigioso del deporte. Parte de esa fama y de ese prestigio se corporiza en lo difícil que le resulta a los mismos jugadores explicar qué es aquello que los somete a una presión que, a veces, parece ser más difícil de asimilar que en Wimbledon, Roland Garros, el Masters o cualquier otro de esos torneos en los que están en juego, simultáneamente, fama y millones de dólares.
Esa paradoja inexplicable tiene algo en común con lo que a muchos tenistas les sucede con los juegos olímpicos:
¿Dinero en juego? A lo sumo algo simbólico.
¿Puntos para el ranking? Esporádicamente los hubo; por lo general, ni siquiera.
¿Redito de imagen para los sponsors? Casi nada; no son pocos los casos en los que el jugador ni siquiera pudo usar modelos que lo identifiquen con la marca que los auspicia.
Debe haber varias explicaciones posibles para entender por qué mega campeones del circuito o han esquivado la Davis (las ausencias de Jimmy Connors, por ejemplo, fueron parte de la polémica con el omnipresente John McEnroe) o no lograron el los juegos el standard de rendimiento en otros grandes torneos (Novak Djokovic suma 24 títulos de Grand Slam y solo una medalla de bronce olímpica). Personalmente elijo dos. Una, esa presión entre fascinante e intangible que es jugar, básicamente, por el deporte de su país. Otra, que se distingue sobre todo en la Davis, encarar el desafío de hacer un aporte individual a una competencia por equipos.

Como sea, la competencia creada hace más de un siglo por el abogado norteamericano Dwight Davis atraviesa tiempos complejos y, lo peor, hay sospechas de que el conflicto recién comienza y promete escalar.
A propósito de los orígenes, una curiosidad. En muchos países y durante mucho tiempo se quiso hacer creer en una historia casi infantil según la cual, en ocasión de un match entre amigos norteamericanos y británicos, un joven Dwight robó una ponchera a una tía y la convirtió en el premio en disputa. Lejos de toda imprevisión y picardía, el trofeo no es ni una ponchera, ni una ensaladera, sino una preciosa obra de platería encargada por el mismísimo Davis a la empresa encargada de tallar la vajilla de la Casa Blanca. De enternecedor, ni una coma.
Finalizada la fase de grupos por el título y la fase pre clasificatoria de las categorías inmediatamente inferiores, el torneo se encuentra con la encrucijada de que, mientras se sigue compitiendo, nadie tiene la menor idea de cuál será el formato a partir del año próximo. Por lo pronto, la idea es la de esperar a que en los próximos días, en México, se designe a las nuevas autoridades de la Federación Internacional de Tenis. Luego, se verá qué hacer con el desastre que dejó la herencia de la inesperada, prematura e impropia decisión de la empresa Kosmos, representada por el futbolista español retirado Gerard Pique, que pasó de prometer una inversión de 3000 millones de dólares durante 30 años a no soportar más de tres ediciones bajo su organización.
Lo que parecía ser la solución financiera para una competencia cuyo éxito comercial se veía amenazado por la ausencia de ciertas figuras en las distintas etapas del torneo se volvió una pesadilla cuyo conflicto legal está lejos de resolverse.
Si bien es lógico enrostrarle a Kosmos la responsabilidad principal del desastre, la ITF tampoco puso límite a un sistema de competencias original que derivó en despropósitos tales como que, en la edición original de 2019 la fase decisiva involucró a 18 equipos y la competencia se redujo a una semana de partidos, varios de los cuales terminaron bien entrada la madrugada. Fue fascinante ver una legión de estrellas encabezadas por Rafael Nadal y el propio Djokovic en una Caja Mágica madrileña repleta de público. Tanto como fue agotador para todos tanta actividad toda junta en el mismo lugar.
Al año siguiente, la pandemia de COVID-19 obligó a suspender toda actividad justamente después de las series de clasificación, por cuanto los ganadores de esos encuentros debieron esperar unos 18 meses para competir en las finales que se hicieron en tres sedes distintas en España, Austria e Italia. Finalmente, en 2022, último año a cargo de Kosmos, la fase de grupos de la competencia por el título se realizó en cuatro sedes distintas mientras que, de cuartos de final a final, se usó un quinto lugar en una fecha distinta.
Es cierto que le cuesta mucho a la ITF lograr un resultado lógico en su batalla de calendarios con la ATP. A propósito, no siempre parecen ser debidamente consultados los tenistas respecto de sus intenciones de disputar la Davis y, de tal modo, no alentar la superpoblación de torneos que, a su vez y con toda lógica, pretenden contar en sus main draws a las principales figuras.
Como sea, así como muchos fanáticos idealizamos el encanto de la copa, desde ciertos escritorios, algunos burócratas del deporte la demonizan hasta el nivel de pretender poco menos que su desaparición.
Al día de hoy no se ve una solución sencilla. Por lo pronto, modificar radicalmente el esquema actual se complica ya a partir del hecho de que, en las preliminares que deberían disputarse en febrero próximo, están estipuladas 14 series cuyos ganadores se sumarian a los finalistas de este año y a dos invitados especiales. Más que eso, el mismísimo calendario 2024 de la ATP contempla esa fecha y otras dos para el desarrollo del año copero. Idéntico esquema al actual. Difícil de sostener económicamente más allá de que la ITF logre un resarcimiento importante en los tribunales a partir de la defección de Kosmos.
Finalmente, hay una tendencia recurrente en hacer hincapié en la ausencia de figuras en las series de la Davis.

Para empezar, en los matches que acaban de terminar, jugaron la mitad de los 20 del mundo. Incluidos Djokovic, Rune, Tsitsipas y Sinner.
Para terminar, está claro que no da lo mismo pagar un ticket o sentarse delante de la tele si juega el número uno o si lo hace el número cincuenta. Pero cuando se trata de competencias de semejante magnitud importa mucho más lo que pueda dar los presentes que lo que ya no darán los ausentes.
Pasa en Wimbledon. Pasa en Roland Garros. Pasa en la Copa Davis.
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