Arley Méndez, el pesista que fumó cannabis buscando dar positivo para liberarse de la presión de los Juegos

El levantador de pesas chileno-cubano Arley Méndez fumó marihuana para dar positivo adrede en un control previo a los Juegos. Tras salir último en su categoría, estalló y confesó que sufre depresión.

El cubano nacionalizado chileno Arley Méndez, en uno de sus intentos fallidos / REUTERS/Edgard Garrido
El cubano nacionalizado chileno Arley Méndez, en uno de sus intentos fallidos / REUTERS/Edgard Garrido

En unos Juegos Olímpicos donde la salud mental ha sido tema central a raíz de los problemas que atraviesa la gimnasta estadounidense Simone Biles, y que también afectaron a la tenista japonesa Naomi Osaka, otro deportista reconoció que no la está pasando bien, aunque su historia supera lo imaginable.

Fumó marihuana a las puertas de un control de doping en Cali, en un torneo clasificatorio para la cita olímpica tokiota. Un mes después, en junio, se le notificó de su positivo y sólo una apelación exitosa le permitió competir en Tokio, ya que su castigo culminó tres días antes del día de su prueba.

“Mano, una sola palabra: una mierda. Mi actuación fue una mierda”. Con su marcado acento cubano, el levantador de pesas chileno Arley Méndez, de 27 años, evidenció su frustración, tras una pésima actuación marcada por las lesiones en la categoría de -81 kilos de la halterofilia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en la que finalizó último.

Frustración, pero muy lejos de ser una sorpresa.

Entre lágrimas, uno de los 22 atletas nacidos en Cuba que en estos Juegos compite por otro país, agregó que quiere dejar las competencias tras acarrear una serie de problemas físicos y mentales: “Me retiro, ya no quiero levantar más pesas. El deporte me está haciendo daño, estoy sufriendo mucho con dolor, depresiones... no aguanto más. Espero que me entiendan. Yo me iba a retirar hace tiempo, pero sabes lo que pasa: tengo familia y tengo que alimentar a mi familia”.

Vulnerable, el chileno dijo que consumió cannabis a propósito, evidenciando sus problemas de salud mental. “En Cali estaba decepcionado, y cogí la marihuana”.

“¿Qué atleta hace eso 48 horas antes de que le toque medirse?”, se pregunta Méndez retóricamente. Y él mismo se responde: “Yo lo hice adrede para irme al carajo. Pero es algo me duele: esto es mi vida”.

El cubano nacionalizado chileno Arley Méndez, tras uno de sus intentos fallidos / REUTERS/Edgard Garrido
El cubano nacionalizado chileno Arley Méndez, tras uno de sus intentos fallidos / REUTERS/Edgard Garrido

A los 19 años, Méndez llegó a Chile a competir con la delegación cubana en el Panamericano Juvenil de la especialidad. Su plan era escaparse del régimen cubano para ganar más dinero y ayudar a su familia.

Tras ganar la competencia, con la ayuda de un amigo pesista local, decidió apartarse de su equipo y desertar. Quedó como ilegal en Chile, ya que su pasaporte se lo llevaría su entrenador de entonces. Así, sin papeles, debió arreglárselas como pudo para subsistir, trabajando en gimnasios de Santiago de Chile con un sueldo de 300 dólares al mes.

El Estado chileno lo nacionalizó, fue tricampeón mundial en Turkmenistán el 2017 y se convirtió en una de las cartas chilenas para conquistar una medalla en Tokio 2020. Hoy vive su duelo, tras unos Juegos Olímpicos que han servido a más de un atleta para reconocer públicamente que sus demonios los consumen.


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