
Tristano siempre se deleita contando la historia de cómo conoció a su esposa, Alessandra. Es una historia de amor que abarca continentes, y que para él también está entrelazada con otra historia que atesora: la de una amistad que le permitió llegar al amor de su vida.
Cada vez que Tristano relata su historia de amor, empieza varios años antes de cruzarse por primera vez con Alessandra, en 2012, para ser precisos. Ese fue el año en que Tristano, nacido en Italia, estudió en el extranjero en Sídney, Australia, y pasó unos días de vacaciones en Fiyi. Tristano quedó fascinado por la nación insular del Pacífico: sus espectaculares playas, aguas azules y palmeras. Además, conoció a Gustavo, de Brasil, quien también se hospedaba en el mismo hostal y enseguida se hicieron amigos.
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“Nos llevamos muy bien,” cuenta Tristano. Gustavo había “estado literalmente en todas partes” y su sed de aventura era contagiosa. Se sentaron durante horas en el bar del hostal, hablando de sus respectivos viajes. Tristano sintió que había encontrado un espíritu afín. “Era una persona que realmente me motivó a viajar cada vez más,” dice.
Después de Fiyi, los amigos mantuvieron el contacto a través de las redes sociales y WhatsApp. Gustavo le daba consejos a Tristano sobre los lugares que visitaba, recomendándole qué hacer, qué evitar, dónde alojarse. En 2016, Tristano tenía tres semanas de vacaciones y mencionó a Gustavo su idea de ir a América del Sur. Gustavo, que estaba en Brasil, le sugirió que lo visitara en San Pablo. “Pensé, ‘voy a ir a Brasil. Es una decisión obvia, tengo a alguien conocido allí’,” recuerda Tristano en una nota de CNN Travel.
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Una pregunta en la parada del colectivo
Tristano comenzó su aventura en Brasil en Río de Janeiro. En su segundo día allí, decidió caminar desde su hostal en la Playa de Ipanema hasta el barrio de Copacabana. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la caminata era más larga de lo esperado. Revisó Google Maps y se dio cuenta de que un autobús le llevaría la mitad del tiempo.
Siguiendo las indicaciones de su teléfono, se dirigió a la parada de autobús. Una vez allí, echó un vistazo a las personas que esperaban. Entre los turistas, había una joven vestida con lo que parecía “ropa de trabajo informal”. Al cruzar miradas, ella sonrió. Parecía amigable y confiada.
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Tristano, con su portugués torpe, se acercó y le preguntó si estaba en la parada correcta para ir a Copacabana. La joven respondió en inglés:
—Sí, estás en el lugar correcto —dijo sonriendo de nuevo. Cuando sonreía, toda su cara se iluminaba y Tristano no pudo evitar sonreír también.
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Ella se presentó como Alessandra, y efectivamente iba camino al trabajo. En realidad, nunca solía tomar ese autobús, pero ese día había hecho una parada diferente para recoger algo. Tristano le explicó que estaba de vacaciones por tres semanas. Alessandra, intrigada, le preguntó cómo estaba encontrando Río hasta el momento. La conversación fluyó con facilidad, tanto que decidieron sentarse juntos en el autobús.
—Nos sentamos juntos probablemente durante 15 o 20 minutos en el viaje en autobús, simplemente charlando casualmente —recuerda Tristano.
Antes de llegar a su parada, Tristano le pidió su número a Alessandra, sugiriendo que sería agradable conocer a un local que pudiera darle buenos consejos. Aunque Alessandra dudaba en darle su número a un desconocido, decidió que Tristano parecía sincero y amable.
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—No esperaba nada, especialmente porque él estaba viajando por Brasil —dice Alessandra.
<b>Primera cita en Río</b>
Una vez que Tristano regresó a Río, contactó a Alessandra para invitarla a cenar. Ella aceptó, pero en el último minuto canceló, explicando que tenía un fuerte dolor de cabeza. Tristano se preguntó si eso era una excusa, si Alessandra no estaba realmente interesada. Aun así, sugirió que reprogramaran para la noche siguiente.
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—Realmente salimos a cenar —dice Tristano—. Y entonces, el resto es historia.
Alessandra realmente tenía dolor de cabeza la noche anterior, pero estaba feliz de haber reprogramado la cita. Entró en la velada sin expectativas, pero al ver los ojos verdes de Tristano brillando, sintió algo especial. Tristano era un oyente comprensivo y alentador. Pasaron sin problemas de conversaciones divertidas a discusiones más profundas.
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—La conversación fue muy interesante —recuerda Alessandra—. Él estaba muy interesado en mi vida en Río, y en lo difícil que había sido mi vida en comparación con la suya.
Al día siguiente, se encontraron de nuevo. Pasaron el día caminando alrededor de la laguna en Río. Tomaron helado, charlaron y rieron. Por la noche, salieron a tomar algo y luego fueron a un club juntos.
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—Fue entonces cuando nos besamos por primera vez —recuerda Tristano.
El último día de Tristano en Río, pasaron todo el día juntos. La despedida en la estación de metro fue emotiva. Alessandra lloró, y Tristano, al consolarla, sintió una tristeza profunda. Una sensación incomprensible y rara para él. Se preguntó ‘¿Cómo puedo sentir esto después de conocer a alguien durante literalmente 48 horas?’ Ambos se despidieron pensando que no volverían a verse. Cuando él le agradeció a ella el tiempo compartido, ella lo interpretó como un fin. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Cuando Tristano regresó al Reino Unido, donde vivía en esos tiempos, comenzaron a escribirse a diario. A los tres meses, viajaron juntos a Colombia.
El gran paso
Después de un año de encontrarse en destinos alrededor del mundo, Alessandra fue a Italia por primera vez y conoció a la familia de Tristano. Unos meses después, Tristano conoció a los seres queridos de Alessandra en Brasil. Las cosas entre ellos parecían haberse movido naturalmente hacia algo más serio y concreto.

A principios de 2018, el trabajo de Tristano lo llevó del Reino Unido a Múnich, Alemania. Mientras se preparaba para mudarse, Tristano le preguntó a Alessandra si le gustaría mudarse a Alemania con él. Alessandra pasó una semana emocional debatiendo su respuesta. Sentía que su vida se estaba poniendo patas arriba y oscilaba entre la certeza sobre su amor por Tristano, al miedo a lo desconocido y la tristeza ante la idea de dejar Brasil.
—Era un movimiento tan grande, que implicaba dejar a mi familia, mis amigos, el trabajo, los días soleados y la playa —dice—. Quería ir, pero no quería renunciar a mi vida en Brasil y a mi familia.
Finalmente, decidió dar el salto, animada por su madre, quien confiaba en Tristano.
—Mira, no tengo nada que perder, es mejor probar y si no funciona entonces no puedo arrepentirme de algo que no hice. Y mi mamá me apoyó.
Así, en 2018, Alessandra y Tristano se mudaron juntos a Múnich. La brasileña pronto encontró trabajo en una agencia multicultural y logró acostumbrarse a los días fríos.
Propuesta de matrimonio
Ese mismo año, Tristano le propuso matrimonio a Alessandra. Le preparó una cena especial en su apartamento en Múnich y presentó cada plato bajo una cúpula metálica, como en los restaurantes elegantes. Cuando llegó al último plato, Alessandra encontró una sorpresa: un anillo.
—Realmente me sorprendió —dice Alessandra—. Y luego me pidió que me casara con él en portugués, lo que hizo que fuera realmente especial para mí.

Tristano y Alessandra disfrutaron de una pequeña ceremonia de boda en Alemania. Luego empezaron a construir una vida juntos, estableciéndose en nuevos trabajos y mirando hacia el futuro. En 2023, dieron la bienvenida a su hijo, Gabriele, a quien están criando para que hable cuatro idiomas: italiano, portugués, alemán e inglés.
La serie de eventos que cambió sus vidas
Durante el transcurso de la relación con Alessandra, Tristanto había mantenido al tanto de todo a su amigo Gustavo. Unos días después de conocerla se encontró con él en San Pablo. Gustavo, el aventurero brasileño que había inspirado a Tristano a explorar el mundo, era ahora el confidente perfecto para compartir su nuevo romance. En un pequeño café, entre risas y anécdotas de viajes, Tristano no pudo contener su entusiasmo.

— Compartimos historias, y le conté sobre ella, sobre lo interesante que era y cómo me sentía al estar con ella —recuerda Tristano.
Durante los siguientes años, Gustavo fue el primero en conocer los avances en la relación entre Tristano y Alessandra. Sin embargo, en el verano de 2019, Tristano se dio cuenta de que no había sabido nada de Gustavo en un tiempo. Al buscarlo en Facebook, descubrió una noticia devastadora: su amigo había fallecido nadando durante una excursión en Hawái.
— No pensé mucho en ello al principio — dice Tristano—, pero luego fui a su página de Facebook y me enteré de que se había ahogado durante una excursión de natación en Hawái.
La noticia lo golpeó como un rayo. Su amigo, el que lo había motivado a seguir viajando, estaba muerto. Tristano se sentó frente a su laptop, leyendo las palabras una y otra vez. Con una sensación de hundimiento, se dio cuenta de que nunca volvería a ver a su amigo, que Alessandra y Gustavo nunca se conocerían.
—Siempre imaginé que si íbamos a tener una boda, con una gran recepción, Gustavo sería la persona principal a quien agradecería por conocer a Alessandra, porque fue gracias a él que terminé yendo a Brasil —dice Tristano—. Obviamente, eso no podría suceder.
Tristano estaba desconsolado. En medio de su dolor, buscó los detalles de la madre de Gustavo en Facebook. Le envió una solicitud de amistad y un mensaje, expresando sus condolencias y su gratitud por haber conocido a su hijo. Quería asegurarse de que ella supiera cuánto había significado Gustavo para él. El italiano continúa en contacto con la madre de Gustavo. Todavía atribuye a su amigo haberle cambiado la vida. Él ve la historia de su vida definida por dos encuentros fortuitos de viaje: primero con Gustavo y luego con Alessandra. Las dos historias, para Tristano, ilustran el poder de los viajes y las conexiones.
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