Migrantes esperan en fila afuera de la oficina para refugiados en Tapachula, México. (Foto: Washington Post, Mary Beth Sheridan)
Migrantes esperan en fila afuera de la oficina para refugiados en Tapachula, México. (Foto: Washington Post, Mary Beth Sheridan)

La idea era alcanzar los Estados Unidos, Pero cuando la joven madre hondureña llegó a México este verano, con solo un puñado de pesos y un pequeño de cuatro años, se dio cuenta de los difícil que se había vuelto llegar a su destino.

Y entonces se le ocurrió un nuevo plan.

"El sueño americano es costoso, muy costoso", lamentó Iris, de 32 años, sentada en una acera fuera de las oficinas del refugio mexicano al sur de la ciudad. Ella habla con la condición de que solo sea usado su primer nombre, por miedo de el daño que puedan hacerle miembros de pandillas en Honduras.

"Ese sigue siendo el sueño, pero si ellos me dan los papeles mexicanos, me quedaré aquí".

Iris es una en el altísimo número de migrantes que buscar refugio en todo el continente americano. Y mientras Estados Unidos sigue siendo el principal receptor de solicitudes de asilo, países como México, con un sistema mucho más pequeño de asilo, ha mostrado un aumento mucho mayor.

El presidente Donald Trump se queja por el fuerte aumento de solicitudes de asilo en los Estados Unidos, un número que se triplicó en siete años a 254,000 en 2018, de acuerdo con las estadísticas globales recopiladas por la agencia de refugiados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Pero las peticiones de asilo en México se han disparado más del 3,400% durante el mismo periodo. Podría triplicarse solo este año, a unos 80,000.

La oleada de personas buscando asilo en el hemisferio norte viene de una cascada de crisis: la implosión de Venezuela, la ofensiva en contra de los disidentes por parte de las autoridades de Nicaragua, los desastres agrícolas y la violencia de las pandillas en El Salvador, Guatemala y Honduras.

En Tapachula se encuentran hasta dos mil migrantes de diversos países africanos para obtener una visa por razones humanitarias (Foto: Cuartoscuro)
En Tapachula se encuentran hasta dos mil migrantes de diversos países africanos para obtener una visa por razones humanitarias (Foto: Cuartoscuro)

En América Latina "nunca habíamos visto un éxodo a gran escala de personas huyendo de países en profundas crisis políticas", dijo Andrew Selee, titular del Instituto de Políticas de Migración con sede en Washington.

Ahora, México esta lidiando con otras causas: los pasos de Trump para reforzar la frontera, lo que está impulsando a las personas a buscar alternativas a Estados Unidos – y causa un cuello de botella en el sur del país.

El cambio esta redefiniendo la forma en la que México se ve a sí mismo. Por décadas, los mexicanos eran quienes migraban, normalmente a los Estados Unidos. Este año México podría convertirse en uno de los primeros 10 receptores de solicitudes de asilo en el mundo.

"Se ha convertido más y más en un destino para los centroamericanos", dijo William Spindler, el vocero de Latinoamérica para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados.

La administración de Trump está esperando enviar aún más migrantes a países latinoamericanos a través de acuerdos que los obligarían a acoger a los solicitantes de asilo que cruzan el territorio esperando alcanzar la frontera con Estados Unidos. Pero tanto México como Panamá se han negado a firmar los acuerdos "tercera ciudad segura".

En Panamá, como en México, las solicitudes de asilo han aumentado, alcanzando 10,778 el último año – un crecimiento nueve veces mayo en cinco años, de acuerdo con UNHCR. Además, la ciudad de cuatro millones es ahora el hogar de más de 60,000 venezolanos. Miles de migrantes y buscadores de asilo han viajado a través de Panamá este año esperando alcanzar los Estados Unidos.

La ciudad mexicana de Tapachula, a 10 millas de la frontera de Guatemala aproximadamente, ha vislumbrado un cambio drástico del flujo de migrantes. A las 7 de la mañana en punto, un decenas de centroamericanos, haitianos y africanos occidentales se alinearon afuera de un edificio pequeño y sin marcas. Era la oficina de comisión mexicana de refugiados, conocida por sus siglas en español, COMAR. Alrededor de dos tercios de las solicitudes de asilo del país se procesan aquí.

Mientras los migrantes se quitaban el sueño de los ojos, las mujeres paseaban dando baleadas, tortillas rellenas de frijoles muy populares en Honduras.

Edwin Eduardo Rivera, de 32 años, un bartender y empleado de una tienda de ropa en Honduras, estuvo entre quienes buscaron una nueva vida en México.

Edwin Edgardo Rivera, 32, espera junto a su compañera Mabel Portillo, 35, afuera de la oficina de refugiados. (Foto: Washington Post, Mary Beth Sheridan)
Edwin Edgardo Rivera, 32, espera junto a su compañera Mabel Portillo, 35, afuera de la oficina de refugiados. (Foto: Washington Post, Mary Beth Sheridan)

Dijo que el huyó de Honduras después de recibir amenazas de muerte de una furiosa pandilla por negarse a ayudar a cobrar pagos de extorsión.

Él inicialmente pensó en alcanzar los Estados Unidos. "Pero es muy difícil", dijo.

Esto es en parte porque México, presionado por Estados Unidos, está deteniendo y deportando muchos más migrantes indocumentados.
"Vi a todos los militares y policías adiciones", dijo. Entonces cambió de plan.

"Por supuesto, si puedo ir al norte, lo haré", confiesa con risa.

El aumento de las solicitudes de asilo casi ha aplastado a la pequeña comisión mexicana de refugiados con escasez de efectivo. Este 2019 el presupuesto fue recortado 20%, a 1.2 millones de pesos, bajo un amplio programa de austeridad introducido por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) esta haciendo lo mejor, dijo Andrés Ramírez, titular de la comisión- pero "siempre estamos al límite, casi colapsando".

Con solo 48 funcionarios autorizados para firmar las aceptaciones de asilo a nivel nacional, la comisión ha logrado procesar solo 5,700 de las casi 30,000 solicitudes del año pasado.

UNHCR ha intensificado su apoyo, prestando a más de 100 contratistas a la COMAR, recientemente el gobierno de México acordó proporcionar más personal.

Pero se espera que el número de solicitudes continúe escalando mientras el gobierno de los Estados Unidos toma medidas para disuadir a los que buscan asilo de llegar al país. Bajo el programa conocido como "Permanecer en México", el Departamento de Seguridad Nacional ha regresado a decenas de solicitantes de asilo a ciudades fronterizas mexicanas llenas de violencia donde tienen que esperar audiencias programadas para semanas o meses después.

En Chiapas se han registrado conatos de enfrentamientos con las autoridades. (EFE)
En Chiapas se han registrado conatos de enfrentamientos con las autoridades. (EFE)

Otra medida es el acuerdo tercera ciudad segura recientemente firmado con Guatemala. Si se implementa, podrían forzar a irse a miles de solicitantes de asilo que cruzaron el país para llegar ahí.

Selee predijo que esas políticas tendrían un largo alcance.

"Cuantos más centroamericanos no puedan llegar a los Estados Unidos, más vamos a ver aumentar los números en otras naciones incluidas, Costa Rica y Panamá", dijo.

La administración de Trump dijo que muchas de las solicitudes de asilo son falsas, presentadas por personas pobres que buscan trabajo e inventan historia de persecución para aumentar sus posibilidades de ser aceptados. Funcionarios dicen que aquellos solicitantes de asilo legítimos deben buscar refugio en el primer país en el que estén a salvo- no viajar miles de millas más lejos a los Estados Unidos.

"El programa de asilo es una estafa", dio Trump en abril.

En México, algunos solicitantes están claramente huyendo de trabajos mal remunerados o terribles condiciones agrícola- no de la represión. Pero muchos de los reclamos se consideran legítimos.

México aceptó más de la mitad de las solicitudes el año pasado. El país facilitó recientemente que dos de los grupos más grandes de solicitantes- hondureños y salvadoreños- obtuvieran el estatus de refugiados.

Bajo la tradicional ley de asilo, ellos tendrían que demostrar que enfrentaron persecuciones por cosas como su raza, religión o creencias políticas. Ahora, dijo Ramírez, ellos solo necesitan demostrar que están escapando de países con violencia generalizada o con violaciones masivas a los derechos humanos.

Es una definición más amplia de quien es un refugiado, extraído del acuerdo regional conocido como la Declaración de Cartagena. Esta medida refleja la lucha de los países para manejar crisis no tradicionales, como la presión fulminante de los grupos de crimen organizado en América Central.

"En muchos de los conflictos alrededor del mundo, donde la gente huye de la violencia, no es por persecución del estado, sino porque el estado no puede proteger a la gente", dijo Selee.

En el Triángulo del Norte de América Central, la violencia está tan extendida- y el dominio de pandillas tan generalizado – que muchas personas no se dan cuenta de que podrían calificar como refugiados, dijo Kristin Riis Halvors, representante de la UNHCR en Tapachula.

En primeras entrevistas, dijo, frecuentemente los solicitantes dicen que están dejando el país por un mejor trabajo. Pero en otras preguntas, hablan de amenazas y peligros.

Ellos sufren "un agudo nivel de estrés", dijo. Y entonces: "Hay una cosa que finalmente hace que se vayan".

 

Para Iris, una madre soltera, una de las cosas fue que las pandillas le pedían 200 al mes. Ella ya había tenido que cambiar de vecindario una vez para escapar de las amenazas de otra pandilla, dijo. Y estaba preocupada por los despidos de su trabajo en una empresa exportadora de camarones al sur de Honduras.

"No tenía suficiente" para darles a los extorsionadores, dijo "Ellos decían que pagaría con mi vida, y la vida de mis hijos".

Ella dejo a cuatro hijos mayores con su madre en otra parte del país y huyó al norte con uno de ellos.

Buscar asilo en México no ha sido fácil. Dos meses en proceso e Iris aun no tiene un permiso de trabajo. Ella y su hijo duermen en un sobrepoblado refugio de migrantes en Tapachula o en un parque.

"He sufrido mucho, especialmente estando con mi hijo", dijo.

Su hijo, en shorts y tenis del Capitán América, subió a su regazo y sonrió. El niño movió su brazo hacia adelante, cubierto de pequeños bultos, para enseñarlo a su madre.

"Es el calor", dijo su madre.

Los solicitantes de asilo en México tienen que permanecer en la región donde hicieron su solicitud hasta que reciban una decisión. La mayoría están concentrados en Chiapas, uno de los estados más pobres del país, que está al cruzar la frontera con Guatemala.

"Todos los días llegan muchas familias", dijo Salva Lacruz, coordinadoras de la organización de derechos humanos de Fray Matías de Córdoba. "Hoy, los salvadoreños y hondureños están listos para tratar de recostruir sus vidas en México".

Pero la situación es peor en ciudades como Cuba, Haití, el sur de Asia y Africa, dijo. Muchos llegan al sur de México planeando obtener los documentos que dan a los migrantes indocumentados 20 días para dejar el país- suficiente tiempo para alcanzar la frontera con Estados Unidos. En un cambio abrupto, en julio las autoridades mexicanas comenzaron a permitir que este tipo de migrantes partan solo a través de la frontera con Guatemala.

Un creciente número de extranjeros efectivamente están atrapados en Tapachula, con poco dinero y sin deseos de permanecer en México.

"En el caso de Honduras y El Salvador, la situación tiene connotaciones dramáticas. Pero con esas personas, hay connotaciones de tragedia y una crisis humanitaria brutal", dijo Lacruz. "Ellos no tiene opción".