Un nuevo estudio no encuentra pruebas de que tener sexo con robots es saludable

El especialista en robótica Sergi Santos junto a su mujer Maritza Kissamitaki y varios robots creados en su taller (Reuters/Lin Taylor)
El especialista en robótica Sergi Santos junto a su mujer Maritza Kissamitaki y varios robots creados en su taller (Reuters/Lin Taylor)

El sexo vende y los robots no son una excepción. Uno de los robots de consumo más caros en desarrollo -una máquina llamada Harmony- es una unión de curvas de silicona valoradas y chips de silicio, con un costo de USD 15.000. Parte de una industria valorada en USD 30.000 millones, y Harmony tiene un software capaz de recordar los cumpleaños y citar a Shakespeare, según The Guardian. Harmony también está equipado para tener relaciones íntimas entre humanos y robots. El fabricante de muñecas sexuales Realbotix considera a Harmony como "el compañero perfecto".

Pero el compañerismo saludable es una afirmación demasiado atrevida sobre los robots sexuales, según advierten un par de médicos en un informe publicado recientemente en BMJ Sexual & Reproductive Health.

Chantal Cox-George, doctora de los Hospitales Universitarios de St. George en Gran Bretaña, y Susan Bewley, obstetra del King's College de Londres, buscaron en la literatura médica informes sobre los aspectos de salud de los robots sexuales. Terminaron su búsqueda como comenzaron: con las manos vacías.

Las médicos concluyeron que no hay datos de investigación primaria sobre los robots sexuales. "Aconsejamos que los sexbots no se utilicen en la práctica médica", declaró Cox-George, "al menos que formen parte de una investigación sólida y ética".

Noel Sharkey, profesor emérito de inteligencia artificial y robótica en la Universidad de Sheffield en Inglaterra, aplaudió el artículo de BMJ. En mayo de 2017, Sharkey, como cofundador de una organización llamada Fundación para la Robótica Responsable, produjo un informe que describe el futuro sexual de humanos y robots.

Sharkey apuntó que esta entidad habló de "muchísimas personas", pero ninguna pudo proporcionar evidencia para usos clínicos. El informe de BMJ va " mucho más allá de lo que hicimos y, de hecho, profundizó en cientos y cientos de revistas", pero llegó a la misma conclusión.

La falta de datos empíricos no sorprende a Julie Carpenter, investigadora del grupo de Ética y Ciencias Emergentes de la Universidad Estatal Politécnica de California. Los investigadores de robótica no han dejado de pensar en estas cuestiones, pero solo en los últimos meses los robots sexuales han estado ampliamente disponibles para su compra.

Samantha, el robot sexual creado por Synthea
Samantha, el robot sexual creado por Synthea

Un vacío de datos no ha impedido la propagación de reclamos beneficiosos. "Nos dimos cuenta de que a los médicos se les pedía su opinión profesional sobre muñecas sexuales y robots", dijo Cox-George. Los sexbots se han sugerido como una forma de promover el sexo seguro o como terapias para personas con problemas de compañía.

En una entrevista publicada el año pasado, Douglas Hines, director ejecutivo del fabricante interactivo de muñecas sexuales TrueCompanion, dijo a la Fundación para la Robótica Reponsable: "Roxxxy, nuestro robot sexual, proporciona lo que todo adulto necesita: amor incondicional y apoyo. La capacidad de sentir el amor y el abrazo de un amante es un derecho que todo adulto debería tener. Brindamos una solución para ayudar a los adultos a satisfacer sus necesidades tanto sociales como sexuales" (TrueCompanion y Realbotix no respondieron a las solicitudes de comentarios).

Que un robot sexual pueda aliviar el aislamiento social es un tema común. Una reciente columna del New York Times compartió los robots con trabajadoras sexuales humanas y sugirió que los incels (palabra procedente de "celibato involuntario") intentarán encontrar satisfacción al tener relaciones sexuales con máquinas.

Los fabricantes de robots sexuales también se han involucrado en un "marketing masivo" que cita los beneficios para aquellos que luchan por establecer conexiones humanas, según dijo Sharkey, aunque esas afirmaciones están en un terreno un tanto inestable.

"Muchos expertos dicen que no ayudaría con el aislamiento social", "e incluso podría hacerlos más aislados socialmente". Sharkey dijo que conocía al menos un caso en el que un hombre dejó a su esposa e hijos por una muñeca de silicona.

Los robots sexuales también se han sugerido como acompañantes para personas mayores o personas con discapacidades. Eso sorprendió a Cox-George y Bewley y señalaron eso como "una experiencia sexual 'menor' cuando la mayoría de las personas con discapacidades pueden formar relaciones mutuamente satisfactorias".

Kathleen Richardson, profesora de ética en De Montfort University en Gran Bretaña, creció tan preocupada por la intrusión de las máquinas en las relaciones humanas, un área "tradicionalmente fuera del alcance del mercado", que lanzó la Campaña contra los Robots Sexuales en 2015.

"Me ofende que piensen que una mujer humana es como una máquina", dijo. La gran mayoría de los muñecos sexuales tienen forma de mujer. La capacidad de los robots sexuales para satisfacer a los insatisfechos también puede ser exagerada, según contó Richardson. Ella ha oído hablar de hombres que han ido a "burdeles de muñecas" y no han podido excitarse. "No sería muy ventajoso para los seres humanos estar excitados por objetos, ¿verdad?".

Aunque los científicos dicen con frecuencia que se necesita más investigación, la experimentación clínica con sexbots, en opinión de Richardson, corre el riesgo de llevar fondos de investigación a entornos donde las personas tienen relaciones sexuales con máquinas.

Carpenter no está de acuerdo. "No soy partidario de lanzar una muñeca al público en general" y afirmar que es algo terapéutico. Pero recomienda que se mantenga abierta la puerta para explorar los robots sexuales "como una herramienta crítica" utilizada con la guía de un terapeuta humano. El actual arquetipo de los robots sexuales, que en su mayoría atiende a clientes masculinos y heterosexuales, podría oscurecer lo que viene después. En lugar de asumir que los robots se convertirán en reemplazos, Carpenter apuntó que las personas podrían sentirse atraídas por los robots sexuales gracias a las mismas características, como la programación sin prejuicios, que las hacen diferentes de nosotros.

Por el momento, y dada la falta de datos, Cox-George y Bewley concluyen que los profesionales médicos deberían aplicar lo que se conoce como el principio de precaución: "Existe una responsabilidad social para proteger al público de daños, a menos que surjan hallazgos que indiquen que no hay daños", comentó Cox-George. En ausencia de evidencia, en otras palabras, los médicos deben alejar a los pacientes de esos aparatos.